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(LA Times) Ha habido un aumento en los casos de coronavirus en las plantas de empacadoras de carne en Estados Unidos, con cientos de infecciones reportadas en la última semana. Eso se suma a las preguntas sobre la fragilidad de la cadena de suministro de alimentos y genera preocupaciones sobre la seguridad de los trabajadores.

Hasta 50 personas en una instalación de carne de res de JBS SA en el condado Weld de Colorado dieron positivo, lo que se suma a más de 160 casos en una planta de Cargill Inc. en Pensilvania, revelaron funcionarios sindicales el viernes. La gobernadora de Dakota del Sur, Kristi Noem, informó el viernes de 190 casos en una instalación porcina de Smithfield Foods Inc., dijo Associated Press. Las plantas de Cargill y Smithfield se están cerrando, mientras que JBS aseguró que continuará operando.

Los trabajadores también comienzan a morir. Funcionarios sindicales informaron el viernes dos decesos más, una en la planta de carne de Greeley, Colorado, y otra en Pensilvania. Ambas instalaciones son propiedad de JBS SA, el principal productor de carne del mundo, la que no confirmó las muertes.

“A medida que nuestras comunidades y país enfrentan colectivamente el desafío del coronavirus, JBS USA ha tenido miembros del equipo afectados por el COVID-19″, reveló la unidad estadounidense del empacador de carne brasileño en un comunicado enviado por correo electrónico. “Estamos ofreciendo apoyo a esos miembros del equipo y sus familias. Por respeto a ellos, no divulgamos más información”.

La compañía WH Group Ltd. adquirió Smithfield, con sede en Virginia, el mayor productor de carne de cerdo del mundo, en 2013 por $6.95 mil millones. Como Smithfield no puede exportar salchichas, jamón y tocino de sus fábricas estadounidenses porque China prohíbe las importaciones de carne procesada, WH Group abrió una fábrica de $116 millones en Zhengzhou que producirá 30.000 toneladas métricas de esas carnes cuando alcance su capacidad total el próximo año.

Si bien no está claro si las muertes y otros casos tienen algo que ver con los lugares de trabajo, las noticias exponen la vulnerabilidad de las cadenas de suministro mundiales que son necesarias para mantener las tiendas de comestibles abastecidas después de que las compras de pánico dejaron los estantes vacíos. El presidente Donald Trump y el vicepresidente Mike Pence abordaron el salto repentino en los casos en las plantas de carne cuando hablaron con los periodistas el viernes.

Pence dijo que hasta 300 personas han sido “impactadas” por el coronavirus en la planta de carne de Colorado. No está claro a qué se refería esa cifra, si se trataba de personas en cuarentena o posibles casos.

Trump también se refirió al brote en las plantas de carne de Colorado el viernes. Ni Pence ni Trump especificaron de qué planta estaban hablando. Greeley está a unos 65 kilómetros al noreste de Denver.

“Estamos viendo este gráfico donde todo se ve hermoso, luego se está cayendo y tienes este incremento. Y pensé: ‘¿Qué le pasó a Denver’”, dijo Trump. “Y tanta gente, tan rápidamente”.

Las plantas en todo Estados Unidos están comenzando a reducir la producción o la inactividad a medida que los casos se extienden desde las principales ciudades a las zonas rurales de América. Los empleados, en algunos casos, organizaron huelgas para protestar por las condiciones de trabajo. En las plantas de carne, las estaciones en las líneas de procesamiento pueden estar muy juntas, creando desafíos para el distanciamiento social. Los trabajadores comparten descansos y vestuarios.

Las muertes anunciadas el viernes elevan el total reportado para los empleados de JBS a tres. El martes, el sindicato de minoristas, mayoristas y grandes almacenes, que representa a miles de trabajadores avícolas, informó que dos de sus miembros que trabajan en una planta de Tyson Foods Inc. en Camilla, Georgia, murieron a causa del virus.

Smithfield anunció que cerrará su planta de Dakota del Sur durante tres días. La compañía suspenderá las operaciones en una gran parte de la planta el sábado y cerrará los domingos y lunes. La instalación cuenta con 3.700 empleados.

Durante la suspensión, “el personal esencial repetirá la rigurosa limpieza profunda y desinfección que se ha llevado a cabo en las instalaciones e instalará barreras físicas adicionales para mejorar aún más el distanciamiento social”, aseguró Smithfield en un comunicado. “A los empleados se les pagará por las horas previamente programadas durante el cierre temporal”.

La planta de Cargill se encuentra en un área donde hay grandes plantas de fabricación y una gran afluencia de gente que viene de la ciudad de Nueva York. Esos fueron algunos de los factores que contribuyeron a una gran cantidad de casos en esa región de Pensilvania, no es un problema exclusivo de Cargill, dijo Wendell Young IV, presidente del Local 1776 de United Food & Commercial Workers. La compañía con sede en Minneapolis declinó hacer comentarios sobre el número de casos en la instalación, que emplea a 900 personas.

“Hemos tomado medidas adicionales para centrarnos en la seguridad”, aseguró Jon Nash, jefe del negocio de Cargill en América del Norte. La compañía está implementando pruebas de temperatura, proporcionando y alentando a los empleados a usar mascarillas faciales, haciendo una limpieza y desinfección mejoradas, entre otras medidas, expuso, al mismo tiempo que cita aumentos salariales temporales, bonificaciones y excención a los copagos para las pruebas COVID-19.

La empresa JBS anunció que 36 empleados en la planta de Greeley tienen el virus, menos de los 50 casos positivos reportados por el sindicato local. JBS también confirmó el “aumento del absentismo” en las instalaciones de producción de carne.

La compañía señaló que estaba trabajando en asociación con el gobierno federal, el gobernador de Colorado Jared Polis y el senador Cory Gardner para asegurar las pruebas de COVID-19 para todos los miembros del equipo en la planta de Greeley, que pretende completar el lunes. JBS también “mejorará aún más los esfuerzos de limpieza profunda anunciados previamente en la instalación”, expuso en un comunicado, mientras agregaba que planeaba continuar las operaciones.

La planta de Greeley tiene más de 3.000 empleados, según el sitio web de JBS.

Mientras tanto, el sindicato local envió una carta a Polis junto a otros funcionarios de la compañía y del condado exigiendo que la planta de Greeley se cierre por al menos una semana para “limpiezas profundas repetidas y extensas”. El sindicato solicitó que a los empleados se les paguen salarios regulares durante el cierre, y que al reabrir los trabajadores reciban $3 adicionales por hora como “pago de riesgo”.

“No se pueden hacer sacrificios como este con la vida de las personas”, manifestó por teléfono Kim Córdova, presidente del Local 7 de United Food & Commercial Workers Union. “La gente puede vivir sin carne de res”.

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