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En marzo, después de que los equipos de construcción volaran con explosivos y arrasaran con excavadoras el remoto terreno desértico del Monumento Nacional Organ Pipe Cactus, una reserva ecológica en la frontera entre Arizona y México, Christina Andrews observó la transformación con incredulidad. Decenas de millas de imponente muro fronterizo ordenado por el Gobierno presidido por Donald Trump se levantaban a través del accidentado paisaje del sur de Arizona, desplazando cactus centenarios y cortando caminos migratorios para jaguares y lobos.

Las tierras ancestrales y lugares sagrados para los nativos americanos locales también se vieron amenazados después de que la Administración se negara a consultar a los grupos tribales, como suele exigir la ley federal. «Sentí como si alguien tomara una daga y me atravesara el corazón», recordó Andrews, presidenta de Hia-Ced O’odham, o Sand People, una comunidad que vive cerca del monumento nacional y que busca el reconocimiento tribal del Gobierno federal.

Pero con la victoria del demócrata Joe Biden sobre Donald Trump, Andrews y los activistas ambientales y conservacionistas esperan que la nueva Administración revierta ciertas políticas, detenga la construcción y vaya tan lejos como para derribar las nuevas secciones del muro fronterizo. «Piense en alguien construyendo un muro en su casa, separando a su familia y cortando los recursos de vida necesarios para la supervivencia: oración, plantas, agua y animales», explicó Andrews, «si hubiera una manera de derribar el muro para liberar esas cosas vitales que amas y necesitas, ¿no querrías que desapareciera?».

La oposición al muro en Arizona, que provocó protestas, bloqueos de carreteras y el uso de gases lacrimógenos por parte de agentes federales contra miembros de la Nación Tohono O’odham el mes pasado, es una lucha emblemática entre todas las libradas en el país para preservar áreas ecológicamente frágiles y evitar proyectos que podrían causar daños ambientales y culturales irreparables, afirman los defensores de la justicia ambiental. En los últimos cuatro años, la Administración Trump aprobó la explotación de petróleo y gas en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico de Alaska; revocó las protecciones para permitir la pesca comercial en un área de conservación marina frente a la costa de Nueva Inglaterra; e impulsó cambios regulatorios federales que han beneficiado a las empresas industriales, incluido un proyecto minero que los ambientalistas temen que pueda poner en peligro el pantano Okefenokee de Georgia, el mayor refugio nacional de vida silvestre en el este de Estados Unidos.

«Hay alrededor de 100 protecciones diferentes que esta Administración ha estado desmantelando», afirmó Nat Mund, director de asuntos federales del Southern Environmental Law Center, una organización sin fines de lucro que demandó a la Administración Trump por cuestiones como el cambio climático y el agua potable. “Durante su vicepresidencia en la era Obama, Biden se basó en una plataforma de fuertes protecciones ambientales, un fuerte compromiso para combatir el cambio climático y una gran labor para mejorar la justicia ambiental», explicó Mund. «Esperamos que elija a personas que promuevan esas causas.

Pero, para ser franco, si su equipo no avanza en esa dirección, también los enfrentaremos en los juzgados», apuntó. Durante la campaña, Biden se comprometió a detener el muro fronterizo, el proyecto insignia de Trump y la piedra angular de una política de inmigración de tolerancia cero para cualquiera que sea sorprendido cruzando la frontera entre Estados Unidos y México de manera ilegal. «No se construirá ni un pie de muro en durante mi mandato», prometió Biden, aunque no se comprometió a derribar partes del muro que la se han levantando desde enero de 2017. El congresista Raúl Grijalva, demócrata de Arizona, crítico del muro fronterizo y cuyo distrito incluye la nación Tohono O’odham, instó a Biden a «escuchar las diversas voces de las zonas fronterizas que han sido ignoradas durante los últimos cuatro años».

Hasta 2020, la pandemia de coronavirus no ha ralentizado el ritmo de la construcción del muro, que está costando a los contribuyentes 15,000 millones de dólares, la mayor parte desviada de fondos militares. Hasta esta semana se han construido alrededor de 400 millas (643 kilómetros) de muro o barreras de reemplazo a lo largo de la frontera sur, según el Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza. Gran parte de la nueva construcción se ha ejecutado para reemplazar cercas antiguas o barreras para vehículos de baja altura, que se alineaban en parte de la frontera en el Monumento Nacional Organ Pipe Cactus hasta que se cambió por muros de bolardos de acero de 30 pies de altura. La agencia comunicó el martes que «continúa con la construcción de un nuevo sistema de muro fronterizo», y que «la mayoría de los contratos han sido adjudicados y la construcción está en marcha» para las más de 700 millas (1,126 kilómetros) que abarca el proyecto.

Pero mientras Trump continúa poniendo en duda los resultados de las elecciones, el destino del muro y sus plazos siguen sin estar claros. Laiken Jordahl, un activista fronterizo del Centro para la Diversidad Biológica sin fines de lucro en Arizona, dijo que aún deben completarse entre 20 y 30 millas del del muro en el estado. Durante el año pasado, ha documentado la devastación mediambiental y la destrucción de cactus saguaro debido a las obras, lo que normalmente sería un delito grave. «A día de hoy, están destruyendo montañas y entornos naturales, pero no están levantando el muro con diligencia», contó Jordahl, «en este punto es una frivolidad, ya que no hay forma de que puedan levantar todos esos tramos de muro antes del 20 de enero [el día de la toma de investidura presidencial], sin embargo, todavía están explotando la naturaleza».

Biden tendrá el poder de detener cualquier construcción pendiente, afirmó Jared Orsi, profesor de historia en la Universidad Estatal de Colorado que se enfoca en la historia ambiental y de las zonas fronterizas. Además, dijo, Biden podría restaurar los procesos legales que la Administración Trump evitó para avanzar en el proyecto del muro fronterizo. El Departamento de Seguridad Nacional eludió docenas de leyes federales, incluida la Ley de Política Ambiental Nacional, la Ley de Preservación Histórica Nacional y la Ley de Protección y Repatriación de Tumbas de Nativos Americanos. «La Administración de Biden puede decir que no solo levantamos un muro.

En su lugar, vamos a estudiar la hidrología de una región, el impacto ambiental, el impacto en las tumbas históricas de nativos americanos antes de comenzar cualquier proyecto», dijo Orsi, «todos esas medidas fueron eludidas por Trump». Finalmente, la Administración Biden podría acordar revisar los lugares ambientalmente sensibles afectados por el muro y potencialmente financiar proyectos de restauración, como en Quitobaquito Springs en el Monumento Nacional Organ Pipe Cactus. El oasis en el desierto, que alberga especies en peligro de extinción como el pez cachorrito de Sonoyta y la tortuga de barro, se considera sagrado para los Tohono O’odham y Hia-Ced O’odham, y el uso de los manantiales se remonta a unos 10,000 años.

Los líderes de Tohono O’odham dijeron que el año pasado se encontraron fragmentos de huesos que parecían humanos cerca de Quitobaquito Springs, lo que para ellos era suficiente motivo para detener el levantamiento del muro. A una coalición de científicos también le preocupa que la construcción del muro y el uso de las aguas subterráneas por parte de los contratistas puedan tener efectos duraderos en el nivel del agua ya agotado. Aún así, dijo Orsi, «Quitobaquito es uno de los muchos lugares del país que se puede salvar si hay voluntad política». Jordahl explicó que se debe evaluar la extensión del daño al medioambiente en la frontera para determinar qué especies resultaron afectradas, cómo se vieron afectados sus hábitats y qué áreas de importancia cultural fueron profanadas. «Estamos hablando de siglos antes de que la naturaleza que fue destruida vuelva a crecer», aseguró. «Es devastador observar que el proyecto favorito de una persona infligirá un daño que llevará más tiempo de reparación que que lo que vivirán nuestros hijos y nietos», señaló.

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