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“Ustedes saben que el Papa es obispo de Roma. Me parece que mis hermanos cardenales han ido a encontrarlo casi al fin del mundo”, dijo Francisco al ser nombrado, hablando de sus orígenes, Argentina.
El sacerdote nació el 17 de diciembre de 1936 en la ciudad de Buenos Aires, hijo de un matrimonio de italianos formado por Mario (contador y empleado ferroviario) y Regina (ama de casa y a cargo de la crianza de cinco niños). Inició su carrera en la Iglesia a los 21 años tras recibirse como técnico químico, pero sus pasiones iban más allá de la ciencia y la religión: era un ferviente lector de Dostoievski, Borges y autores clásicos, y le gustaba el fútbol y el tango.
Fue ordenado sacerdote en 1969 como miembro de la Compañía de Jesús, una orden religiosa fundada hace medio milenio por el soldado que luego fue místico, Ignacio de Loyola, cuyos miembros son llamados “los jesuitas” y considerados por muchos los líderes intelectuales del catolicismo. La organización ha vivido entre la alabanza y la crítica del Vaticano, siempre en la polémica.
Fue reconocido por su trabajo al servicio y la defensa de los pobres, entre otros, por la directora del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, y llegó a ser un punto de referencia por sus fuertes tomas de posición durante la dramática crisis económica que devastó Argentina en 2001.
En los años siguientes, se enfrentaría con el Gobierno de los Kirchner en Argentina por la pobreza, que definió de “inmoral, injusta e ilegítima”. “Los derechos humanos”, dijo, “se violan no solo por el terrorismo, la represión y los asesinatos, sino también por estructuras económicas injustas que originan grandes desigualdades”.
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A pesar de sus declaraciones, mostró contradicciones: se opuso a las leyes de reconocimiento de derechos a la identidad de género y el aborto. “No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios”, dijo Bergoglio poco antes de la sanción de la ley que autorizaba el matrimonio sin importar el género de los contrayentes. Sus posturas no serían tan radicales una vez que llegara a la Santa Sede.
Durante su pontificado, se mostró muy crítico de las medidas de deportación implementadas por el Gobierno de Estados Unidos. En febrero de 2025, advirtió que la expulsión forzada de personas únicamente por su estatus ilegal las priva de su dignidad inherente y envió una carta a la Conferencia Episcopal de Estados Unidos en la que expresaba su preocupación.
“El acto de deportar personas que en muchos casos han dejado su propia tierra por motivos de pobreza extrema, de inseguridad, de explotación, de persecución o por el grave deterioro del medio ambiente, lastima la dignidad de muchos hombres y mujeres, de familias enteras, y los coloca en un estado de especial vulnerabilidad e indefensión”, escribió Francisco.
