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Hola a todos deseo que su amparo y fortaleza siga siendo el Señor y le pido que sea Él quien guíe este mensaje y disponga a muchos corazones para reciban este mensaje y sea de bendición en sus vidas.

Estamos en la Semana Santa y es justo en estos días que recordamos todo lo que Jesús tuvo que pasar para poder salvarnos. Es ahora el momento más indicado para hablar del perdón, pues fue nuestro Mesías quien nos enseñó cómo hacerlo.

A mí se me desgarra el corazón cada vez que leo los pasajes de la biblia en donde se narra todo lo que Jesús pasó desde el momento en que lo arrestaron y hasta que fue crucificado. Esto lo encontramos en Mateo en los capítulos 26 y 27. Al leer estos pasajes de la biblia nos queda muy claro que solo Jesús puede saber lo que significa ser agredido por otros de todas las maneras posibles.

Él supo soportar el oprobio, o la ofensa, no como nosotros que a la primera que nos hacen nos alteramos y queremos responder igual al que nos está agrediendo. O quizás no hacemos nada en ese momento, pero no perdonamos al que nos ofendió y guardamos rencor por mucho tiempo.

Hoy les quiero recordar que el mismo Jesús nos habló sobre el perdonar a nuestros enemigos. Aquí fue aún más allá de sólo perdonarlos, él nos pide que incluso, los amemos. Así lo dice en Mateo 5:44-45 “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que están en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”.

Si Dios que están en los cielos y es superior a nosotros en todo, nos puede perdonar una y otra vez, ¿quiénes somos nosotros para no perdonar a otro ser humano que se encuentra en nuestro mismo nivel?. No somos nadie para juzgar a los demás y menos aún porque nosotros somos igual de imperfectos y también hemos ofendido a otros.  Dios nos ama a todos por igual y no hace acepción de personas. Su amor es derramado a todos por igual.

Después Jesús en el siguiente versículo 46 dice que ningún mérito tiene amar el que nos ama y que ninguna recompensa debe merecer el que trata bien al que es atento con él. Eso lo hace cualquier persona, incluso los que no conocen de Dios.

Si nosotros tratamos bien a una persona porque sabemos que eso nos dará puntos o nos asegurará que esa persona nos dará algo a cambio, pues ahí ya no es practicar el verdadero amor al prójimo, eso ya es manipular. Muchas veces tendremos que ayudar a personas de las que no recibiremos ningún beneficio directo. Lo que siembras al brindar tu apoyo a una persona, será recogido como buena cosecha en otra persona.

El mayor ejemplo de amor verdadero y de perdón lo dio Jesús. Muchas personas me han dicho, pero es que él era el hijo de Dios y nunca yo podré llegarle ni a los tobillos. Jesús en su condición de hombre sentía todo lo que nosotros sentimos y vaya que en el siguiente versículo lo dejó más que claro. Mateo 26:39 “Padre mío, si es posible, pase de mi esta copa: pero no sea como yo quiero, sino como tú”.

Cuando Jesús dijo esto se encontraba orando en Getsemani y fue justo la última oración antes de que llegaran a aprehenderlo. Él sabía todo lo que tenía que pasar para que se cumpliera la Palabra de Dios y el dolor que experimentaría sería algo aterrador incluso para él. Como hijo de Dios sabía que su padre tenía el poder para librarlo de ese final, sin embargo, en la segunda parte  dice que se haga la voluntad de Dios y no la suya.

Este versículo a mí me estremece mucho y me ha ayudado mucho para saber cómo orar, pues sin importar la respuesta de Dios, nosotros debemos siempre hacerle saber que aceptaremos su voluntad porque sabemos que es buena, agradable y perfecta.  Jesús aceptó el no de su Padre y siguió adelante soportando todo tipo de agresiones. Fue vituperado de una manera en la que nadie más lo ha sido y tuvo una muerte muy dolorosa.

Aún después de estar experimentando todo este dolor físico que ni siquiera podemos imaginar, Jesús ya estando en la cruz, expresa su amor y compasión por todos los que lo crucificaron y dice en Lucas 23:34 “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Estas son las palabras que se vienen a mi mente cada vez que alguien me ofende. La verdad nadie nunca me ha hecho nada comparado a lo que Jesús tuvo que pasar y sin haber sido ni siquiera culpable de nada.

Él soportó todo eso sólo por amor, para salvarnos del pecado y para que así se cumpliera la Palabra de Dios. Fue obediente a su padre y logró demostrar que nadie le podía quitar la vida al resucitar al tercer día. Esa es la victoria que nos dio a todos los que creemos en él y que ahora somos libres.

Así que hoy más que nunca recordemos este gran sacrificio que Él hizo por todos nosotros y honremos su nombre. Perdonemos y amemos a los que nos ofenden.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

 

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