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Fabiola Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola que tal más que agradecida de estar aquí una vez más y espero de todo corazón que los ángeles y arcángeles del Señor estén acampando alrededor de todos ustedes. En esta ocasión vamos a estudiar la primera parte del Capítulo 2 del libro de Filipenses, que fue escrito también por el Apóstol Pablo. Esta parte que abordaremos es la que se titula “humillación y exaltación de Cristo”.

En los primeros versículos nos empieza hablando sobre la comunión que debemos mantener con el Espíritu Santo y como el amor de Dios una vez que entra en nuestro corazón, nos va a permitir practicar ese amor puro y genuino. Este amor debe otorgarse de manera unánime a todos, es decir, se debe dar a todos por igual. No ese trata sólo de amar al que nos ama y nos cae bien.

En el versículo 3 nos dice: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo. La contienda es estar disgustado con otra persona, enemistado con el prójimo es estar en constante conflicto y pleito con los demás. Esto sucede muchas veces por querer tener la razón y esto no es correcto. Lo que debemos buscar, ante todo, es solucionar los problemas con amor y no tratando de ser los que ganemos la discusión. Como ya lo hemos dicho anteriormente, muchas veces debemos conceder la razón a los demás porque eso es lo que significa ser conciliadores de paz.

La vanagloria es la expresión de orgullo exagerado que alguien manifiesta respecto así mismo, ya sea de una cualidad, logro o posesión. Es sinónimo de arrogancia que es algo que a nuestro Padre no le agrada y por eso nos recuerda una y otra vez que seamos humildes. En 1 Juan 2:16 dice: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”.

Continuando con el versículo 3 de Filipenses 2, nos continúa diciendo; “…antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. Dios quiere que sus hijos sean personas de corazón humilde y que no seamos soberbios. El Señor nos pide que veamos a los demás como superiores a nosotros sin importar la posición que ocupemos en el organigrama de nuestro trabajo o en cualquier jerarquía que haya en los distintos grupos a los que pertenecemos. Debemos tener un carácter enseñable porque nunca sabemos de quien podemos recibir una gran enseñanza, todos los días podemos aprender algo nuevo de nuestro prójimo.

Después en el versículo 4 continúa diciendo: “No mirando cada uno por lo suyo propio sino cada cual también por lo de otros”. Aquí nos habla de no ser egoístas y estar solo pensando en las cosas que nos conviene o nos agrada hacer. Dedicar todo nuestro tiempo a hacer únicamente cosas que nos van a dar una retribución económica o que nos darán alguna satisfacción personal no tiene nada de loable. Lo que debemos hacer es estar pendientes de las necesidades de los demás y usar también nuestro tiempo para mostrar amor, compasión y misericordia por las personas que nos rodean. Si muchas personas han sido de bendición en nuestra vida, es ahora cuando nosotros también tenemos que ser de bendición para muchos otros.

Quien dio el mejor ejemplo de todo esto fue Jesús, quien dejando su posición de hijo de Dios aceptó su condición humana y mostró la mayor humildad al actuar como siervo de Dios pero también de los hombres. Él sirvió a todo aquel que le necesitó y no despreció a nadie. Es por eso que nuestro Mesías fue exaltado hasta lo sumo y se le dio el nombre que es sobre todo nombre. Todo esto pasó para que toda rodilla se doble y toda lengua confiese que Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre.

El mismo Jesús nos dijo en Lucas 14:11 y en Mateo 23:12 “Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. Esto se cumplió justo con Cristo y se sigue cumpliendo todo los días en la vida de nosotros si en verdad sabemos esperar en Dios. Recordemos que el verdadero galardón lo recibiremos de Nuestro Padre Amado.

Termino hoy con esta cita que está en 1 Juan 2:17 y dice” Y el mundo pasa, y sus deseos pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.  Te pido Señor que seamos de esos que sólo hacen tu voluntad y que recibirán tus promesas.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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