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Fabiola Navarrete/Tu Tiempo Digital

Hola que tal bendecida y sumamente agradecida estoy por estar aquí con ustedes una vez más, listos para recibir alimento para nuestro espíritu. Deseo de todo corazón que su copa siga siendo rebosada por el Señor con todas esas bendiciones que nos manda cada día.

El día de hoy recordaremos las últimas palabras del Rey David y que se encuentran en el libro de 2 de Samuel en el Capítulo 23. Es de suma importancia hablar de esto justo ahora cuando podemos ver que todo a nuestro alrededor quizás no esté de la manera en la que esperamos, ni en nuestra familia y ni en el mundo en general. Todo este panorama que tiende a desalentarnos.

En los momentos en los que el Rey David expresa estas palabras, él se encontraba tranquilo porque como sabemos, su corazón se mantuvo siempre alineado al del Señor. A este hombre no le daba miedo morir, pues sabía que disfrutaría de la presencia de su Padre Celestial. Sin embargo, como todo padre de familia, él reconocía que su familia no estaba en los caminos de Dios y que entre ellos había mucho pecado. De hecho precisamente por todo esto, es hermoso ver cómo el Rey David nunca perdió su Fe ni su confianza en Dios.

En el versículo 3 dice que el Dios de Israel le ha dicho que vendrá un hombre que gobernará entre todos los hombres y que ese hombre gobernará en el temor de Dios. En el versículo 4 dice “Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes. Como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra”.  Palabras hermosas que hacen referencia a Jesús, a nuestro salvador, nuestro mesías y redentor. El hijo de Dios, que en su condición de hombre nos vino a demostrar el más puro y perfecto amor y quien además nos vino a modelar el comportamiento de un verdadero hijo de Dios. Ese hombre que ha sido llamado Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz (Isaías 9:6).

Jesús vino de la descendencia del Rey David y Dios cumplió con su promesa. David jamás desconfió de Dios y de la promesa que le había hecho. Por eso es tan importante que tomemos estas palabras como un gran ejemplo para nuestras vidas. David no dudó ni por un momento que todo esto se haría realidad así fuera cuando él ya no estuviera en este mundo. Lo creyó aun cuando él mismo había fallado. Como todo hombre, cometió muchos errores, sin embargo, una de sus grandes cualidades era saber aceptarlos y llegar a Dios con una actitud de verdadero arrepentimiento. David sí sabía lo que era humillarse ante Dios y también sabía afrontar las consecuencias de sus actos, tal como lo hizo después de haber tomado a Betsabé como mujer y haber perdido a su primer hijo. David sabía corregir de inmediato su vida y no volver a cometer el mismo error. David fue un gran siervo de Dios que disfrutaba mucho de su presencia  y que adoraba al Señor de una manera sorprendente.

Como padre, David dio siempre un buen ejemplo a sus hijos, sin embargo, muchos de ellos tomaron caminos incorrectos y tuvieron que pagar las consecuencias de sus actos. David los perdonó pero también supo ser un padre que disciplina. Uno de sus hijos tomó a la fuerza a su media hermana por mujer  y otro hermano en venganza por este acto, lo mandó a matar. Cosas en verdad trágicas pasaron dentro de esta familia, pero nada de esto logró debilitar la Fe de David.

Es así como en el versículo 5 dice: “No es mi casa para con Dios; sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo”. Aquí él declaró que a pesar de que como estaba toda su parentela en ese momento, el Señor cumpliría su promesa. Esto me recuerda a lo que nos dice 1 Crónicas 16:15 “Él hace memoria de su pacto perpetuamente, y de la palabra que él mandó para mil generaciones”. Esto lo debemos creer con todo nuestro corazón. Dios nos bendecirá no sólo a nosotros, sino que sus bendiciones y promesas alcanzarán hasta mil de nuestras generaciones.

Para lograr esto lo que debemos hacer es seguir buscando su presencia y seguir caminando su caminos y nos los nuestros, pues recordemos que estos caminos son los únicos que  nos garantizarán el mejor de los futuros.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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