Publicidad

Tu Tiempo Digital

Hola que tal espero que se encuentren muy bien y llenos del amor y la gracia de nuestro Padre. En esta ocasión el Señor ha puesto en mi corazón hablar un poco sobre el Salmo 119 y digo sólo un poco, porque este salmo es el más largo de todos.

Vamos a estudiar sobre  lo que nos dice a partir de los versículos 129 al 136. En esta parte se habla sobre la excelencia de la Palabra de Dios. Empieza diciendo que maravillosos son sus testimonios y que deben ser guardados en nuestra alma. Los testimonios son todas esas increíbles historias de hombres y mujeres de Fe, de los profetas y de los mismos discípulos de Dios, así como de Jesús mismo que vino a darnos el mejor de los ejemplos.

Después nos dice que la exposición a las palabras de este libro sagrado alumbra y hace entender a los simples. Ya en el versículo 105 de este mismo salmo nos habían dicho algo sobre esto que dice así: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”. La palabra es la mejor linterna que podemos tener para alumbrar nuestra senda.  Y en cuanto a “los simples” quiere decir que aún a los que no somos unos eruditos en la palabra, nos hará entenderla, pues cada vez que la leemos debemos orar y pedirle al Señor entendimiento y revelación.

Continúa hablando acerca del gran anhelo que tiene el salmista por cumplir sus mandamientos, de cómo se deleita en todo esto. Eso es lo que Dios espera de todos nosotros, que suspiremos por aprender cada vez más de su palabra y que busquemos cumplir sus estatutos.  La obediencia es la mayor prueba de amor que le podemos dar a nuestro Padre Celestial.

Es así como llegamos a los versículos 132 y 133 que dicen textualmente “Mírame, y ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman tu nombre. Ordena mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí”. Que hermoso es poderle decir esto al Señor y saber que lo hará. Nosotros tenemos la certeza de que Él siempre nos va  mantener aparatados del mal y no sólo del mal que los demás nos hagan, sino del mismo daño que nosotros mismos nos provocamos al vivir en pecado.

Recuerden que tenemos un Dios poderoso y ayudador a quien muchas veces desperdiciamos, pues no acudimos a Él cuando estamos agobiados. Seguimos buscando la solución a nuestros problemas en cosas o personas equivocadas. El único que nos conoce perfectamente es Dios. Él conoce nuestro pasado, nuestro presente y Él se encarga de nuestro futuro. Si nuestro futuro está en sus manos, nada podemos temer.

Dios pelea también nuestras batallas y nos da la victoria. En los versículos que siguen dice también “líbrame de la violencia de los hombres”, y es justo esto lo que hace el Señor. Él nos mantiene protegidos y a veces ni siquiera permite que se levante guerra en nuestra contra de nosotros como nos dice en Isaías 54: 15-17 “Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti caerá”. ¡Que poderosas palabras!. Incluso antes de que alguien esté fraguando algo en nuestra contra, será detenido por el Señor.

Regresando al Salmo 119, en el versículo 135 nos dice “Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos”. No hay nada más hermosos que poder voltear al cielo y sentir que el rostro del Señor está resplandeciendo sobre nosotros. Pero así también, debemos buscar que con nuestros actos, le provoquemos a Papá una hermosa sonrisa en su rostro.

Vamos a desear siempre que nuestros ojos irradien luz y no que derramen lágrimas. Esto se logra al deleitarnos en sus mandamientos.

Señor, hoy más que nunca te pedimos que renazca en nosotros ese anhelo por cumplir tus mandamientos, por hacer lo que a ti te agrada y de esta manera poder alabarte y honrarte cada día de nuestras vidas.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

Publicidad

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.