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El ‘impeachment’ contra Trump entró en su tercer día en el Senado, donde el equipo de fiscales demócratas presentó sus argumentos de que el presidente abusó de su poder, uno de los cargos de que lo acusan.

WASHINGTON.— El equipo de fiscales demócratas protagonizó este jueves su segundo día de presentaciones en el juicio político contra el presidente, Donald Trump, en medio de riñas partidistas y lejos de un acuerdo con los republicanos sobre si incluir más testigos y documentos en el proceso.

Apoyándose en lecciones de historia y presentaciones con documentos, videos y diapositivas, el equipo de siete fiscales continuó hilvanando este jueves sus argumentos, centrándose en el primer cargo contra Trump por su presunto abuso de poder, además de detallar el marco constitucional para su posible destitución.

Desde el atril, el legislador demócrata por Nueva York, Jerrold Nadler, ofreció un repaso breve de los únicos otros dos juicios políticos en la historia de Estados Unidos: los de Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1998.

Nadler argumentó que las irregularidades presuntamente cometidas por Trump superan incluso las cometidas por el expresidente republicano, Richard Nixon.

Nixon renunció al cargo en 1974 poco después de que el Comité Judicial de la Cámara de Representantes aprobase tres cargos en su contra -por el escándalo conocido como “Watergate”- para que fuese sometido a un juicio político, o impeachment. Nixon renunció antes del voto definitivo.

“Ningún presidente ha usado su cargo para obligar a otra nación a ayudarle a hacer trampa en nuestras elecciones… la conducta del presidente es equivocada, ilegal, peligrosa”, advirtió Nadler. “Esta conducta no se trata de poner a EE.UU. primero; esta conducta es poner a Donald Trump primero”.

El legislador demócrata, Adam Schiff, líder del equipo de fiscales,  concluyó la jornada de nueve horas tal como la comenzó: con la advertencia de que Trump violó la ley, representa una amenaza para la seguridad nacional y, en su opinión, debe ser destituido. 

Schiff agradeció a los senadores que hayan mostrado «empatía» y una «mentalidad abierta». 

Pero ambos partidos se han atrincherado en sus posiciones y no parecen dar muestras de siquiera intentar un diálogo: los demócratas exigen más testigos y documentos, y los republicanos replican que, si su caso es tan sólido y tienen pruebas contudentes, no hay necesidad de más testigos. 

Sólo que los demócratas consideran que hay suficientes pruebas de que Trump sí abusó del poder y obstruyó las investigaciones del Congreso al negarse a entregar documentos.

Los demócratas rechazan el argumento de que el presidente tiene «privilegio ejecutivo» para resguardar las deliberaciones internas de su gobierno, y aseguran que, en todo caso, hay protocolos para proteger información sensible. 

¿Y este juicio, de qué se trata?

El juicio de ahora se deriva de la acusación de los demócratas de la Cámara de Representantes de que Trump emprendió una campaña para presionar a Ucrania para que investigara a sus rivales políticos a cambio de millones de dólares en ayuda militar, y así facilitar su reelección este año.

En concreto, asegura la oposición, Trump condicionó la entrega de los 400 millones de dólares que el Congreso ya había aprobado para Ucrania al pedirle al presidente de ese país, Volodymyr Zelenskiy, que anunciara una investigación contra el exvicepresidente, Joe Biden, su posible rival en la contienda presidencial este año.

La legisladora demócrata por Texas, Sylvia García, presentó el argumento de que, en realidad, a Trump no le importaba la investigación ni combatir la corrupción en Ucrania, sino que sólo quería sacar provecho político.

Para demostrar ese argumento, los demócratas de la Cámara Baja que actúan como fiscales en el juicio, usaron las palabras de varios personajes clave que testificaron frente a la Cámara Baja pero que fueron bloqueados de testificar en el juicio en el Senado.

Entre ellos, están el embajador a la Unión Europea, Gordon Sondland, quien había avalado en sus testimonios las conversaciones que tuvo a principios de 2019 de que a Trump «no le importaba un c—» la corrupción en Ucrania o que, de hecho, se hiciera la investigación a Biden: solo era necesario anunciarla, para perjudicar al precandidato demócrata. 

De esa manera, la tarea de García y el resto de los fiscales ha sido remachar que Trump abusó de su poder al presionar a Ucrania para “su propio beneficio político” y no, como argumenta la Administración, porque le preocupaba algún indebido de Biden en ese país.

La investigación que perseguía Trump contra Biden “no tenía fundamento” y tampoco había evidencia alguna para realizarla, resumió García.  

En su tercer y último día de argumentos, mañana, viernes, la acusación se concentrará en el segundo cargo, obstrucción al Congreso, para persuadir a la opinión pública de que Trump intentó encubrir su presión a Ucrania al negarse a proporcionar testigos y documentos.

La jornada de hoy se ha caracterizado por aislados momentos de humor en el pleno del Senado -y algunas expresiones de desdén entre los republicanos-, en paralelo a la acritud que ambos partidos mantienen en los corredores del Capitolio. 

¿Habrá testigos?

La ‘pregunta del millón’ sigue siendo, precisamente, si los republicanos -que buscan controlar la narrativa del juicio- permitirán la inclusión de los testigos y documentos que la Casa Blanca se negó a ceder durante la investigación de la Cámara de Representantes el año pasado.

En cada encuentro con la prensa, los demócratas insisten en que sí existen pruebas adicionales que demostrarían la culpabilidad de Trump, e instaron a los republicanos a que las permitan en el juicio.

Los demócratas necesitarían el apoyo de al menos cuatro senadores republicanospara lograr esa meta. Por ahora, no parecen tenerlo.

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