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Fabiola Navarrete/Tu Tiempo Digital

Hola que tal a todos más que agradecida estoy el día de hoy por poder estar aquí una vez más compartiendo un mensaje de nuestro Padre que además de ser de bendición para nuestras vidas, nos reconfortará y nos hará sentir aún más amados por el Señor.

Sabemos que Dios creó los cielos y la tierra en toda su gloria y majestad. Él con el poder de su palabra dijo lo que deseaba crear y fue creado. El Salmo 19 nos recuerda todo esto porque inicia diciendo: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. Cada cosa que nos rodea es un detalle hermoso que nos muestra el amor que Dios nos tiene. Las estrellas, cada amanecer es un lienzo del amor de Dios. El corazón de Dios se puede ver en la creación, tal como lo dice una alabanza muy hermosa que se llama “Yo También”. Si los mares se someten, si las rocas le adoran  y los cielos le alaban cuanto más nosotros debemos hacerlo porque además de ser su creación, somos sus hijos.

En el versículo 2 nos dice “Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría”. Durante el día podemos recibir instrucción a través de la Palabra de Dios y así, alimentarnos espiritualmente. Por la noche recibimos esa sabiduría que el Señor derrama sobre nosotros y que diariamente debemos pedirle. Es esa sabiduría  la que nos permitirá mantenernos en el camino correcto y la que nos apartará de enfrentar consecuencias negativas por nuestros actos.

En el versículo 7 nos dice “Las enseñanzas del Señor son perfectas, reavivan el alma. Los decretos del Señor son confiables; hacen sabio al sencillo”. La Palabra de Dios siempre nos va a reconfortar y muchos de nosotros lo hemos experimentado. Podemos estar abatidos y desesperados, pero después de leer su Palabra nos levantamos de ese estado, nos llenamos de fortaleza, de gozo y de esa paz que sobre pasa todo entendimiento. Así también en este versículo nos dice que la Palabra hace sabio al sencillo. Muchas veces nos da miedo leer la biblia, pues pensamos que su lenguaje es muy rebuscado y que no podremos entender lo que ahí viene escrito. Sin embargo, si le pedimos a Dios que nos de entendimiento y revelación, nos damos cuenta que todo está más claro de lo que imaginábamos y que al ir aprendiendo de ella nos convertimos en personas sabias que sabrán siempre tomar buenas decisiones.

En los siguientes versículos de este Salmo 19, los cuales espero lean ustedes detenidamente, nos dice que los mandamientos de Dios son rectos y alegran el corazón; que el temor de Dios es limpio y permanece para siempre; que los juicios del Señor son verdaderos y justos, además de que son más deseables que el oro afinado y más dulces que la miel.  Sabemos ya que Dios es el único Juez Justo. Cuando nosotros reconocemos y aceptamos esto, vivimos tranquilos y no andamos esperando que el que nos hizo algo no la pague. Al contrario, estamos tranquilos, pues sabemos que, a su debido tiempo, vendrá el juicio de Dios.

Después viene una petición hermosa que hace el Rey David cuando le pide a Dios que lo preserve de las soberbias porque él sabía que cuando uno es soberbio se aparta totalmente de la humildad  y eso es lo que después nos hace enfrentar situaciones desfavorables en nuestra vida. Además le pide también que lo mantenga siendo una persona íntegra, alguien que se comporta igual en lo público y en lo privado.

Terminamos hoy con el versículo 14 que dice: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Señor, roca mía, y redentor mío”.

Cada día debemos hacer esta petición porque es tan fácil que salgan palaras de nuestra boca que no son de bendición y que pueden herir a otras personas. Mantén Señor nuestro corazón limpio para que nuestros labios sólo pronuncien cosas gratas para ti y que no dañen el corazón de nuestro prójimo. Eres tu Padre nuestra roca, nuestro redentor, nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en la tribulación.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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