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Tu Tiempo Digital

Hola a todos, segura y confiada me encuentro hoy porque es Dios quien me tiene protegida entre sus brazos. Es ahí donde todos encontraremos ese lugar seguro.

Con todo mi corazón le pido a Dios que ustedes también encuentren consuelo, paz, amor y protección en esos mismos brazos que están ahí disponibles para todos nosotros. Recordemos que en los brazos de Papá Dios todos cabemos.

Hoy todos seguimos teniendo un enemigo común que se llama Covid 19, Coronavirus y todas sus demás variantes. Las recomendaciones médicas que nos proporcionan las autoridades sanitarias, así como todos los remedios caseros que todos hemos tomado, no serán suficientes para seguirle haciendo frente a este Gigante que se ha levantado contra todos nosotros.

Lo más importante para reforzar nuestro sistema inmunológico es la fortaleza espiritual la cual sólo lograremos a través de la lectura de la Palabra de Dios y llevándola también por obra. También necesitamos mantener una estrecha comunicación con el Señor, lo cual se logra a través de la oración constante. Recordemos que Dios es nuestra fuente de amor, de salud, de poder, de sabiduría, de paz, etc.

Como seres humanos que somos, es normal que cuando nos sentimos mal físicamente inmediatamente nuestras emociones se ven afectadas porque nos preocupamos y nos podemos deprimir. A pesar que hoy el Covid ya no ataca de una manera tan drástica, sigue siendo algo que aunque no nos lleve al hospital, nos cambia el ritmo de vida y nos vemos obligados a hacer una pausa. Así también, el hecho de sentir que podemos contagiar a nuestros seres queridos y amigos es algo que afecta mucho a la persona que ha salido positivo para Covid.

La semana pasada, yo me hice la prueba de Covid 19 y salí positiva. Justo en ese momento pude experimentar en carne propia todo esto que sólo me habían contado. Desde que esta pandemia comenzó he desarrollado mucha empatía por todas las personas que han padecido este virus, así como por todos aquellas que han perdido a un ser querido a causa del Coronavirus.

Sin embargo, el vivirlo en carne propia es muy diferente y doy gracias a Dios por haberme permitido experimentar esto. Sólo tuve fiebre 3 días, dolor de cuerpo, tos, dolor de cabeza y debilidad. Gracias a Dios no tuve problemas para respirar, sólo me agitaba de repente. Es más, hasta el día de hoy sigo con debilidad y dolor de cabeza.

La parte más difícil para mí fue la de tenerme que aislar porque yo vivo con mi hijo de 11 años y mi madre de 75 años y ninguno de los dos estaba capacitado para cuidar de mí así que yo tuve que seguir despertando a hacerme de comer porque aunque no tenía hambre, sabía que debía alimentarme. Las madres nunca dejamos de preocuparnos por nuestros hijos y aún enfermas hacemos hasta el último esfuerzo por seguirlos atendiendo.  A los 5 días de estar lo más aislada que pude, mi hijo se puso a llorar y me pidió que lo abrazara. Me dijo que ya había pasado mi tiempo de poder contagiar a los demás. El día que abracé a mi hijo fue algo tan especial y sentí como si hubieran pasado años sin hacerlo.

Sentirnos enfermos es muy feo y si a esto le agregamos el que durante ese tiempo de contagio no podemos estar con nuestros seres queridos, es más que comprensible que tendamos a deprimirnos. Pero es justo en esos momentos cuando debemos dejar abrazarnos por Nuestro Padre Celestial.

Señor, yo te doy gracias porque durante todo este tiempo yo sentí como tú extendiste tu brazo de poder y me sacaste de ese oscuro hoyo al que yo sentía que me estaba yendo. Tú me dijiste: Vamos Faby, tú puedes, esfuérzate y sé valiente”. 

Aunque el dolor de cabeza no me permitía leer la Biblia, yo la escuchaba y también me la pasaba platicando con Él. Uno de los versículos que más se me vino a la mente fue el de Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.  Justo a partir de este versículo el Capítulo 8 se subtitula “Más que vencedores”.

Con estas palabras nosotros podemos aprovechar cada escenario para poder aprender y sacar lo mejor de cada situación. Dios es experto en revertir cualquier situación. De la escasez, Él crea la abundancia; del dolor, crea el gozo; de la oscuridad, crea la luz.

Y si luego nos vamos al versículos 31 que dice: ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?. Dios nos dio a su propio hijo, así que no hay nada que Él no pueda darnos. Dios nos sacará victoriosos de cualquier situación, por difícil e imposible que esto parezca ante nuestros ojos.

No dudemos ni por un instante, que Él todo lo acomodará a nuestro favor porque Él es quien sabe bien cuál es nuestro Propósito en esta vida y nos ayudará a realizarlo.

Te agradezco Señor por no permitir que yo me soltara de tu mano y por cuidar de mi madre y de mi hijo durante todo este tiempo que estuve enferma. Te pido que sigas abrazando a todos aquellos que aún están enfrentando este virus o cualquier otra enfermedad, o bien, a los que han perdido algún ser querido.

Me despido con este versículo que también me mantuvo firme durante estos momentos difíciles y que está en el mismo capítulo de este libro. Romanos 8:38: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor Nuestro”.

Les amo, les abrazo, y primero Dios los veo muy pronto.

 

 

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