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Fabiola Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola a todos es una verdadera bendición dirigirme a ustedes una vez más a través de este medio sabiendo que este mensaje que Dios ha puesto en mi corazón los alentará a seguir firmes en su Fe. Deseo con todo mi corazón que sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Señor, redentor y roca mía. (Salmos 19:14)

El tema que hoy trataremos es acerca de la voz de Dios. En la biblia se menciona “la voz de Dios” en repetidas ocasiones. Sabemos de muchos personajes bíblicos que lograron cosas increíbles por ser obedientes a la voz de Dios y otros más que no siguieron la voz de Dios y tuvieron que pagar las consecuencias de su desobediencia. A mí me encanta el versículo que se encuentra en Juan 10:27 y dice “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”.

Que importante mensaje nos dejó Jesús aquí. Como ovejas del Señor todos tenemos la gran bendición de escuchar su voz. Esa voz no siempre es  audible, aunque hay personas que logran tal conexión con Dios a través del Espíritu Santo y que sí han podido escucharlo. Es como algo que sale de nuestro propio ser y nuestra mente lo logra escuchar. Yo viví esa maravillosa e inolvidable experiencia y fue el momento en el que logré tomarme más fuerte de Dios.

El Señor nos habla  también a través de su Palabra. Cuantas veces no hemos encontrado ahí la respuesta de tantas cosas que le estábamos pidiendo a Dios. Encontramos la dirección que debemos tomar y si debemos o no hacer tal o cual cosa. También nos manda señales que son fáciles de identificar cuando nuestros sentidos espirituales están bien atentos. Dios usa también los sueños para comunicarse con nosotros y sobre todo, usa a muchas personas como instrumento para decirnos las cosas que Él desea que hagamos.

Para que podamos estar atentos a la voz de nuestro Creador es necesario mantener esa estrecha relación con Él, que se logra con la constante oración. Recuerden que Jesús se apartaba varia veces al día para hablar con su Padre. La Presencia de Dios se siente cuando en verdad nos encontramos solos y apartados del mundo y de toda distracción. Es ahí cuando en verdad nos podemos concentrar y entrar en comunión con el Señor.

Es también muy importante alejar los pensamientos que sin duda nos llegarán y que intentarán desenfocarnos. Hablar con Dios es tan importante como lo es guardar silencio. Ya que logramos sentir su Presencia, debemos disfrutarla y quedarnos callados. A mí esto es algo que me costaba mucho trabajo. Sin embargo, el día que lo logré fue cuando mi mente escuchó las siguientes palabras: “No estoy yo aquí que tanto te amo”. Yo en ese momento me sentí la mujer más amada y toda inseguridad y temor se fue de mi vida.

Ahora bien, ya que logramos escuchar su voz debemos ser obedientes a esa voz. Es aquí la parte del versículo donde dice “oyen mi voy y me siguen”. Al escuchar la voz de Dios y seguirla, andaremos en los caminos de Dios y de esta manera nuestra salvación estará asegurada, aquí es la parte donde dice “y yo les doy vida eterna”. Debemos cuidar mucho nuestra salvación porque mantenerla es tarea ardua de todos los días pero se puede perder muy fácilmente.

Después reitera una vez más que alcanzaremos la vida eterna porque nos dice: “y no perecerán jamás”. Ya sabemos que aunque partamos de este mundo, tenemos asegurado un lugar en la morada celestial en donde gozaremos de la presencia de Nuestro Padre para siempre y permaneceros con una paz y un gozo indescriptible.

La última parte de este versículo es mi favorita y dice: “nadie las arrebatará de mi mano”. Permanecer en la palma de la mano de Dios es lo mejor que nos puede ocurrir. Es Dios nuestro refugio más alto y más seguro. Estando bajo la sombra de sus alas nada ni nadie nos podrá nunca hacer daño.

Jesús es el buen pastor y fue Dios quien le dio este rebaño. Ellos dos, a través del Espíritu Santo, nos guiarán siempre por el mejor camino y si un día nos descarriamos, con gusto dejarán a las otras 99 ovejas para ir corriendo a rescatarnos.

Hoy termino con una frase que escuché de boca de una hermosa sierva de Dios a quien amo mucho y gracias a quien estoy en los camino de Dios: “Las bendiciones de Dios persiguen a aquellos que obedecen su voz”.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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