Faby Navarrete/Tu Tiempo Digital
Hola a todos, con un corazón lleno de gozo me dirijo a ustedes. Pido al Señor que sea Él en todo momento quien guíe cada una de las palabras que leerán en este mensaje y que disponga a todos esos corazones que hoy recibirán este mensaje.
En estos últimos días me han sucedido muchas cosas que me han hecho reflexionar sobre los mandamientos que Dios nos dio y que casi ninguno de nosotros podemos cumplir. Es tan importante que en este momento volvamos a hacer conciencia sobre esto. Hoy más que nunca, en un mundo donde ya todo parece estar permitido, debemos aprender a respetar estas reglas que Dios nos dejó y que serán las que nos mantendrán por el buen camino,logrando así recibir bendiciones ilimitadas y vivir con inmensa paz.
Hoy recordaremos este momento tan memorable que fue cuando Moisés recibió las tablas de la ley. En aquel momento el pueblo de Israel ya había sido rescatado de Egipto pero seguían sin entender lo que Dios esperaba de ellos. Dios conocía muy bien las debilidades de su pueblo, así como conoce las nuestras. Este momento se encuentra en la Biblia en el Libro de Éxodo Capítulo 20 que les invito a leer con detenimiento.
Sin embargo, yo hoy quiero que estudiemos otra cita en donde Jesús nos habla sobre los dos mandamientos más importantes. La primera es Mateo 22:37 “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
Quien ama a Dios de esta manera, buscará siempre hacer cosas que le agraden. Una persona que ama a Dios con todo su ser, será una persona íntegra, es decir, una persona que hará lo correcto cuando lo ven y cuando no lo ven también. Sabrá que no hay un lugar a donde pueda ir a esconderse y que Dios no lo pueda ver. Tratará de honrar a Dios con cada uno de sus actos, le pedirá dirección en todo momento y guardará pacientemente la respuesta de Dios, lo cual evitará que tome decisiones incorrectas.
Alguien que ama a Dios con todo su ser, le pedirá constantemente que limpie su corazón y que aleje de él los malos pensamientos. Recordemos que todo pecado inicia en la mente y que lo que hablamos proviene de lo que tenemos en nuestro corazón. Así también, será una persona cuya alma será reconfortada contantemente por el Señor.
Ahora vamos al segundo gran mandamiento que Jesús expresó cuando los fariseos le cuestionaron al respecto. Mateo 22:39 “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Jesús sabía que quien amara a Dios con todo su corazón, con toda su alma y con toda su mente no adoraría a dioses ajenos. Así también sabía que aquel que amara a su semejante como a sí mismo, podría amar y honrar a sus padres. El prójimo es el próximo a ti, todo aquel que te rodea. Tu prójimo no sólo incluye a los que te caen bien, sino a los que no puedes tolerar e incluso a los que te han ofendido.
De aquí nos vamos a Éxodo 20:12 “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra”. Este es conocido como el primer mandamiento con promesa y es también muy importante, sin embargo, para Jesús era más importante el de amar a nuestro prójimo. Amar a nuestra familia es más fácil que amar a los que nos rodean y no tienenlazos sanguíneos con nosotros.
Quien ama a Dios con todo su ser y ama a su prójimo como a sí mismo, honrará a sus padres, no adorará a otros dioses, no matará, no robará, no cometerá adulterio, no hurtará, no hablará contra su prójimo falso testimonio, no codiciará la casa ni la mujer de su prójimo.
Así que busquemos siempre amar a Dios de esta manera y amar a nuestros semejantes, porque Dios hace misericordia a millares a los que le aman y guardan sus mandamientos (Éxodo 20:6).
Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.










































