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Fabiola Navarrete/Tu Tiempo Digital

Hola a todos deseo que se derrame sobre ustedes toda la gracias y amor de Dios. Estamos rodeados de tantos desastres naturales: huracanes, tormentas tropicales, incendios y sentimos que ya no hay salida. Justo por eso, Dios puso en mi corazón esta palabra para reconfortarlos.

En Isasías 41:17-18 dice: “Cuando los pobres y los necesitados busquen agua y no la encuentren, y tengan la lengua reseca por la sed, entonces yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, nunca los abandonaré. Abriré ríos para ellos en los altiplanos. Les daré fuentes de agua en los valles y llenaré el desierto con lagunas de agua; por la tierra seca correrán ríos alimentados por manantiales. Plantaré árboles en el desierto árido: cedros, acacias, mirtos, olivos, cipreses, abetos y pinos”.

Nosotros somos esos “pobres” y no sólo lo digo por la situación económica que estamos atravesando, sino porque somos pobres espirituales. Estamos llenos de temor por todo lo que ocurre a nuestro alrededor y estamos “necesitados” de ese amor que Dios nos brinda y que es lo único que nos dará esa paz duradera que tanto necesitamos. Así se encontraba el pueblo de Israel cuando el profeta Isaías les dio estas palabras.

Este calor abrasador que hemos sentido, seguido de la ola de incendios, nos tienen de verdad con la lengua reseca por la sed, tal como lo dice este versículo. Pero aquí se refiere no tanto a la sed física, sino a la espiritual. Dios es quien saciará esa sed. Como ya sabemos y nos dice en Lucas 4:15 “Mas el que bebiere del agua que yo les daré; no tendrá sed jamás”. Esto lo dijo Jesús en el pasaje bíblico donde se encuentra con la mujer samaritana.

Nos repite que Él nunca nos abandonará. Sigamos confiando en él porque sólo con su ayuda afrontaremos esta situación y todas las adversidades que se presenten en nuestra vida.

Nuestro Padre abrirá ríos aún en los lugares más secos, en medio del desierto él abrirá lagunas de agua. Dice que por toda la tierra correrán ríos alimentados por manantiales. Sabemos que la palabra desierto no sólo hace referencia a la tierra árida, sino a las pruebas o tribulaciones que enfrentamos en nuestra vida. Aunque hoy no estemos de manera literal en un desierto, todos estamos en medio de una prueba muy difícil y es ahora cuando debemos tener la certeza que Dios es quien nos dará la salida.

En Isaías 43:19 vuelve a decir: “..otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”. Aquí soledad es sinónimo de sequedad, justo de lo que hablamos hace un momento sobre esa sed espiritual. Él vendrá una y otra vez a darnos de esa agua viva que nos mantendrá saciados.

Además de abrir ríos en medio del desierto, plantará árboles en esa tierra árida, pues para él todo es posible. El tipo de árboles que plantará serán los mejores, los más frondosos y productivos. Aquí el Señor nos recuerda que él es nuestro sustento, nuestro proveedor. Te invito a que creas con todo tu corazón que es Dios quien te mandará la provisión que necesitas.

Les comparto con mucho gozo en mi corazón que yo he visto su provisión en mi vida de una manera asombrosas en los últimos 2 años. Aun cuando se me quedaban viendo con cara rara, yo seguía repitiendo: Yo soy hija de un Rey y coheredera con Cristo Jesús de su reino. Mi Padre me bendecirá con las verdaderas riquezas del cielo que son todavía mejores que las riquezas de este mundo. Dios quiere que seamos prosperados en todo. En 3 Juan 1:2 nos dice: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”.

Seamos unos hijos obedientes y guardemos la palabra de Dios en nuestro corazón, para que el temor y la desconfianza no se apoderen de nosotros.

Deseo con todo mi corazón que fluyan ríos de agua viva en sus hogares y que el Señor siga mostrándoles su Favor.

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