Faby Navarrete/ Tu Tiempo Digital
Hola a todos, respaldada y protegida me siento hoy por mi Padre Celestial y deseo de todo corazón que corran a los brazos del Señor para que sientan su amor y su consuelo.
Dios es un padre amoroso que como cualquier padre terrenal, se agrada mucho cuando lo buscamos y le pedimos que nos abrace. Él está ahí siempre con los brazos abiertos listo para derramar toda esa paz y hacernos sentir seguros y confiados.
Platicar con Dios debe ser un hábito diario. Podemos buscar un lugar apartado para hablar con Dios. Nuestro Padre está dispuesto siempre a escucharnos a pesar de que Él ya sabe lo que hay en nuestro corazón. También es importante quedarnos callados para disfrutar de su presencia y dejar que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros. Justo en ese momento es cuando logramos sentir esa paz que sobre pasa todo entendimiento y que se derrama sobre todo nuestro ser.
Muchos de nosotros hemos experimentado el gran cambio que ocurre cuando terminamos de orar. Antes de hacerlo, nos sentimos desganados, angustiados, temerosos. Sentimos que nuestro problema no tiene solución. Pero al terminar de orar, recobramos el ánimo y la fuerza para seguir adelante, nos sentimos confiados y respaldados por Dios. El panorama que nos rodea o el problema que enfrentamos sigue ahí pero nosotros ya no lo vemos como algo imposible de enfrentar. Ahora ya no lo vemos todo tan mal y sabemos que Dios nos librará de esa y de cualquier otra situación difícil.
El Rey David tuvo una vida llena de grandes pruebas y fue perseguido por mucho tiempo. Es justo Él quien nos enseña cómo debemos declararle a Dios nuestra confianza y hacerlo aún más cuando estamos desesperados y sentimos que no encontramos la salida. En Salmos 31:3-5 dice “Porque tú eres mi roca y mi castillo; Por tu nombre me guiarás y me encaminarás. Sácame de la red que han escondido para mí, Pues tú eres mi refugio. En tu mano encomiendo mi espíritu, tú me has redimido, Señor, Dios de verdad”.
Si nosotros declaramos estas palabras recibiremos la fortaleza necesaria para seguir atravesando cualquier situación. No importa lo que otras personas estén conspirando o fraguando en nuestra contra, porque Dios no permitirá que sus planes prosperen. Dios me ha permitido incluso enterarme de cosas antes de tiempo que revelan las intenciones escondidas de las personas incluso antes de que me pidan algo. Es increíble ver como Dios sale siempre delante de nosotros y es nuestro mejor escudo ante cualquier situación.
La situación del Rey David era en verdad alarmante y como ya lo sabemos, a Él sí lo estaban persiguiendo de verdad para matarlo. Hoy en día nosotros no estamos viviendo algo así, pero sí enfrentamos situaciones dolorosas que son difíciles y que en nuestras propias fuerzas de repente nos parece imposible resolverlas. Recordemos que el problema que cada persona atraviesa es para él o ella algo importante y no podemos minimizar su situación. Mostrarnos abatidos ante Dios no es nada malo, sino todo lo contrario.
Si alguien sabía mostrarse ante Dios totalmente vulnerable ese era el Rey David y nos dice en Salmos 31:9: “Ten misericordia de mí, Señor porque estoy angustiado. Las lágrimas me nublan la vista, mi cuerpo y mi alma se marchitan”.
Reconocer nuestra impotencia ante los problemas que enfrentamos no está mal. Sentirnos afligidos y preocupados está en nuestra condición humana, lo único que no podemos hacer es permanecer así por mucho tiempo. Debemos acudir a Dios cuando nos encontramos así. Esto como ya lo hemos dicho antes, se llama clamar al Señor y es justo ahí cuando el poder de Dios se muestra de una manera asombrosa. Recordemos que el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9).
También este salmo 31 nos habla sobre lo importante que es mostrar Fidelidad a Dios. Salmos 31:23 “!Amen al Señor todos los justos¡ Pues el Señor protege a los que le son leales, pero castiga severamente a los arrogantes”. Una persona humilde de corazón llegará con un corazón contrito y humillado ante el Señor y por eso recibirá una increíble respuesta de parte de Dios. Sin embargo, una persona soberbia difícilmente aceptará su condición y no abrirá totalmente su corazón. Buscará resolver todo con su propia fuerza, inteligencia y capacidad. Es por eso que este tipo de personas no podrá ver el favor de Dios extenderse sobre sus vidas.
Termino con éste que es el último versículo del Salmo 31. Salmos 31:24”Así que, ¡sean fuertes y valientes, ustedes los que ponen su esperanza en el Señor”
Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto











































