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Fabiola Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola a todos que la paz y las bondades de Dios sean derramadas sobre ustedes y que este mensaje logre reconfortar su alma.

En emisiones anteriores hemos mencionado que Dios siempre cumple sus pactos. Hoy ahondaremos un poco más en ese tema. 

Dios es un Dios de pactos. Un pacto es un acuerdo entre dos o más personas y que obliga a ambas partes a cumplir una serie de condiciones. Todos hemos hecho pactos con personas a los largo de nuestra vida y sabemos bien que es difícil encontrar personas comprometidas y leales que cumplan con las condiciones establecidas en esos pactos. 

El pacto más hermoso que podemos celebrar es con Dios, pues sólo el cumple lo que promete. Si nosotros le buscamos con todo nuestro corazón y tratamos de seguir su dirección en cada una de las áreas de nuestra vida, Él nos recompensará abundantemente.

Sólo el Señor puede prometer que nos sustentará con la diestra de su justicia desde ahora y para siempre y cumplirlo con todas sus letras. Sólo Nuestro Padre puede decir que el bien y la misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida si tan sólo confiamos en su Palabra. Esto tan solo por mencionar algunas de tantas promesas que hay en la biblia.

Lo que a mí más me anima en este caminar con Dios es saber que estas promesas se extenderán a todos mis generaciones. Por eso hoy quiero que leamos Deuteronomio 7:9 que dice: “Reconoce, por lo tanto, que el Señor tu Dios es verdaderamente Dios. Él es Dios fiel, quien cumple su pacto por mil generaciones y derrama su amor inagotable sobre quienes lo aman y obedecen sus mandatos”. Versión de la Nueva Traducción Viviente.

Para ejemplificar aún más lo que es un pacto y como se debe cumplir, les narraré una historia bíblica que es una de mis favoritas. David, antes de ser rey hizo un pacto con Jonatán, hijo del Rey Saúl, quien fuera su mejor amigo. Esta historia se encuentra en 1 Samuel capítulo 18. Estos dos hombres desde que se conocieron se amaron como hermanos y dentro de este pacto Jonatán le pidió a David que tuviera misericordia de su descendencia, sin siquiera imaginar lo que varios años después pasaría.

Al paso de los años y viendo todas las proezas que David hacía como guerrero principal del Ejército del Rey Saúl, éste último le empezó a tener muchos celos al joven y valiente guerrero. Le molestaba que todos lo elogiaran y los recibieran con tanta emoción. Este Rey también dejó de escuchar la voz de Dios que recibía a través del profeta Samuel. Se llenó completamente de odio en contra de David, enloqueció y Dios se apartó de Él. Era tanto su coraje contra David que incluso lo persiguió por varios años para matarlo.

Cuando David era ya un rey en todo su esplendor y había ya vencido a tantas naciones, preguntó si quedaba algún descendiente del Rey Saúl. Le llevaron así a Mefi-Boset, hijo de Jonatán y quien era lisiado de ambos pies. Justo en la batalla en la que murieron el Rey Saúl y su hijo Jonatán, la nodriza del pequeño Mefi-Boset, corrió tan rápido para protegerlo mientras lo llevaba en brazos, que lo dejó caer y por ese accidente él quedó en esta condición. 

El Rey David, cuyo corazón estaba alineado al corazón de Dios, tuvo misericordia de este hombre. Le devolvió las tierras de su abuelo el Rey Saúl y además le invitó a comer a su mesa todos los días de su vida. Sí, fue invitado ¡A la mesa del Rey!. Esta parte de la historia se encuentra en 2 Samuel capítulo 9. 

A pesar de que esto ocurrió en tiempos en donde la ley era inflexible y se pedía que se matara a todos los descendientes de los reinos caídos, David logró que su amor por Jonatán fuera más grande que las ofensas que recibió de su padre, el Rey Saúl. Ese amor fue demostrado al tener misericordia del único descendiente de Jonatán. 

Si David, quien era un hombre como cualquiera de nosotros, pudo cumplir con su pacto, cuanto más lo cumplirá el Dios que dio a su único hijo para que muriera por nuestros pecados. Nuestro Padre nos toma en sus brazos sin importar nuestra condición y nos invita a su mesa. Así como Mefi-boset que esta lisiado, también nosotros estamos heridos o dañados en varias áreas de nuestra vida, pero el Señor nos acepta tal cual somos y sana nuestras heridas. Es Dios quien nos invita todos los días a comer a su mesa. ¡Él es un rey y nosotros somos sus hijos!.

Mefi-boset vivió siempre en Jerusalén porque comía diario a la mesa del Rey David. Espero que tú permanezcas cerca del Señor y te sientes siempre a su mesa. Tu lugar está reservado siempre y el Señor te espera para deleitarte con las verdaderas delicias de su reino. 

Antes de despedirme, los dejo con  dos citas donde Dios nos vuelve a reiterar que sus pactos son duraderos, perdurables. 1 Crónicas 16:15 “Él hace memoria de su pacto perpetuamente, y de la palabra que él mandó para mil generaciones”.  Salmo 105:8 “Se acordó para siempre de su pacto; De la palabra que mandó para mil generaciones”.

Cumple con la parte que te corresponde en tu pacto con Dios y Él cumplirá su Palabra!!!!

Los amo, les abrazo y primero Dios, los veo muy pronto.

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