Faby Navarrete/ Tu Tiempo Digital
Hola a todos, con un alma totalmente reconfortada por el Señor, me dirijo hoy a ustedes a través de este mensaje que Dios ha puesto en mi corazón. Pido a Dios que en este momento se abra el corazón y el entendimiento de todos aquellos que leerán este mensaje y que sea de bendición para sus vidas.
En esta ocasión recordaremos ese pasaje de la biblia en donde Jesús conoce a un joven rico quien se acerca para preguntarle qué debe hacer para heredar la vida eterna. Jesús le contesta que debe guardar los mandamientos, y después de mencionarle algunos de ellos, el muchacho contesta que él ha guardado todos ellos desde su juventud. Entonces Jesús le dice que venda todo lo que tiene y que lo de a los pobres, y así tendrá tesoros en el cielo, a lo que añade, y después de hacer todo esto, ven y sígueme (Lucas 18:22).
El joven al escuchar esto se entristece porque tenía muchas riquezas. Lo que nos hace pensar que no estuvo dispuesto a dejar todo eso y seguir al Maestro. Es aquí cuando Jesús nos habla de lo difícil que será para los que tienen muchas riquezas, entrar al reino de Dios. Después lo explica de una manera más explícita en el siguiente versículo Lucas 18:25 “Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
Es en verdad complicado que las personas que fincan su felicidad en el dinero y en las cosas materiales busquen tener una relación con Dios. Ellos piensan que tienen todo resuelto y muy rara vez mostrarán un corazón humilde y generoso. Son personas que se dedican a trabajar para poder conseguir más ganancias y se vuelven ambiciosos. Así también, son egoístas con su tiempo y por eso no dedican nada de su valioso tiempo a las cosas de Dios ni a ayudar a otros. Para esas personas su tiempo vale oro.
Con esto no digo que el dinero en sí sea malo, pues es el medio necesario para conseguir muchas cosas en este mundo. Lo que está mal es amar el dinero como dice en 1 Timoteo 6:10 “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero”. Si nosotros usamos el dinero de la manera correcta y lo usamos incluso para ayudar a otros porque reconocemos que lo que tenemos es gracias a Dios, entonces el dinero se convertirá también en un medio para mostrar a otros el amor de Dios.
Cuando una persona no puede ni dormir por estar pensando en que su cuenta bancaria ha bajado, cuando busca andar pagando lo menos que puede y cuando está siempre pensando que otras personas le quieren robar su dinero, eso sí ya es un problema serio. Ahí podemos decir que esa persona ama el dinero y la verdad que lo mejor que podemos hacer es orar por ellos porque en verdad que si un día pierden sus riquezas se las verán muy mal.
Por otro lado, hay muchas personas generosas que han sabido dar de gracia lo que de gracia obtuvieron. Son seres excepcionales que han tratado de hacer la diferencia. Han usado su dinero, vienen materiales o influencia, para poder hacer algo por los demás. Esas personas sí dan su tiempo a los demás y pueden dormir muy tranquilos. Espero que tú y yo podamos unirnos a este grupo de personas cuando seamos prosperados por Dios.
Otro versículo importante de este mismo capítulo 18 de Lucas es el siguiente. Lucas 18:29-30 “De cierto os digo, que no hay nadie que no haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero de la vida eterna”.
Que mensaje tan importante que Dios, a través de Jesús, nos deja aquí en este versículo. Si nos dedicamos a trabajar para el reino de Dios, será Él quien supla todas nuestras necesidades y nos prosperará aún más de lo que nos imaginamos. Dice muy claro aquí, que recibiremos mucho más en este tiempo. Esa es mi parte favorita, pues muchas personas siempre me cuestionan que de nada sirve ser personas rectas en esta vida si la recompensa será hasta que estemos en el cielo. Es aquí mismo, en esta vida, que veremos cómo todas esas promesas de Dios se cumplirán y claro, también allá en el cielo, una vez que recibamos el premio máximo de la vida eterna.
Así que sigamos firmes caminando de la mano de Dios, corriendo la buena carrera y pidamos su ayuda cada vez que sintamos que desmayamos para volvernos a levantar. Deja que Dios te sorprenda y cuando lo haga, cuando recibas tus bendiciones, no te olvides de darle toda la gloria a Él y comparte siempre de eso que recibes con los demás para que ellos también puedan recibir el amor y la luz admirable del Señor.
Les amo, les abrazo y los veo muy pronto.











































