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Fabiola Navarrete/Tu Tiempo Digital

Hola a todos les saludo con un corazón lleno de gozo y pidiendo al Señor que siga siendo Él quien guíe este mensaje.

Hoy Nuestro Padre me pide seguir hablando sobre el tema de la rectitud del que ya hemos hablado en varias ocasiones y de cómo siempre el andar por caminos rectos tendrá su recompensa. Como nos dice en la Palabra, el justo o el recto, por su Fe vivirá.

Esto lo encontramos en el libro de Habacuc, quien fue un profeta que tuvo la gran tarea de profetizar sobre la ruina de Babilonia. El panorama a su alrededor no era nada alentador. Habacuc le pedía a Dios que le ayudara a poder transmitir este mensaje, pues a nadie le gusta ser el portador de tan malas noticias. Este Profeta recibía muchas visiones que Dios le pidió que escribiera y en ellas hablaba de cómo las personas que no practicaban la rectitud, encontrarían un fin muy desagradable. Todas esas personas que se enorgullecen de tomar sus propios caminos y que le dan la espalda a Dios verían como todo les sería arrebatado y enfrentarían consecuencias graves. La justicia de Dios es la que caería sobre todos ellos. Ahí se cumplirían también lo que Jesús nos dijo en Mateo 23:12 sobre aquel que se humilla será enaltecido, y el que se enaltece será humillado.

En Habacuc 2:4 nos dice de manera directa “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su Fe vivirá”. Ya en muchas ocasiones hemos dicho que ser obediente no es tarea fácil. Con lágrimas se siembra lo que después se cosechará. Con mi corazón abierto les comparto que a mí esto me ha llegado mucho porque me pasa muy seguido ver cómo aparentemente nada de lo que yo hago es tomado en cuenta ni valorado por nadie. Pocas personas valoran lo que uno hace de todo corazón, sin embargo, debemos recordar que lo que hacemos se lo ofrecemos a Dios y no debemos esperar la recompensa de parte de las personas. Dios sí cumple sus promesas y a su tiempo, veremos esa gran bendición que Él nos mandará.

Después, en el versículo 9 nos habla de aquel que codicia y dice: “Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para poner en alto su nido, para escaparse del poder del mal”. Hablamos aquí de las mismas personas que se enorgullecen que se sienten que todo lo pueden y que sienten que por tener riquezas estarán protegidos. Aquellos que piensan que por construir una casa en lo alto el Tsunami no los alcanzará, por dar un ejemplo. No importa lo que en nuestras fuerzas hagamos, es Dios quien nos dará la salida de todos nuestros problemas. La fortaleza que necesitamos viene de Él.

Ya en el Capítulo 3 se encuentra una oración que hace el Profeta Habacuc y que hoy podemos aplicar perfectamente a nuestra vida para demostrarle a Dios que aunque todo parezca perdido, seguiremos confiando en Él. Los versículos 17 y 18 dicen: “Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en el Señor, y me gozaré en el Dios de mi salvación”.

En el versículo 19 continúa diciendo: “El Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar”. O como nos dice en el Salmo 91:11-12 que Dios mandará a sus ángeles para que nos guarden en todos nuestros caminos y con sus manos nos levantarán para que no tropecemos.

Así es, Dios  es quien nos levantará de toda situación adversa. Como dice el Salmo 18:2 “El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador. Dios es mi refugio, Él me protege, es mi escudo, me salva con su poder; él es mi escondite más alto”. Vamos a permanecer siempre ahí, refugiados entre sus brazos.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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