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Hola amigos es una bendición estar aquí una vez más. Hoy Dios puso en mi corazón hablar sobre el Perdón. En Lucas 11 encontramos la hermosa oración que Jesús les enseñó a sus discípulos para comunicarse con su Padre. La parte que me interesa resaltar es cuando decimos “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

No se trata de repetirlo como periquitos, sino de en verdad ponerlo en práctica. En el libro de Mateo Capítulo 5 versículos 23 y 24 dice “Por tanto si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”.

Para Dios es importante que demos ofrenda y diezmo, así como también nos pide ser misericordiosos con nuestros semejantes. Sé que muchos de ustedes en esta situación que estamos viviendo, han compartido con otros de lo poco o lo mucho que tienen y los felicito porque eso le agrada al Señor.

En el mismo Capítulo 5 de Mateo pero en el versículo 46 nos dice “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?”. Es decir, en amar a los que nos aman no hay gran mérito, aunque claro que los debemos amar. Ser bondadosos y amar a aquellos a quienes quizás no conocemos pero que están en necesidad es también algo bueno. Sin embargo, Dios nos pide ser misericordiosos también con quienes nos han ofendido. Esto sí es todo un reto.

Está comprobado científicamente que al ser bondadosos y amables con otros nuestro estado de ánimo se eleva. Imagínense los beneficios que obtendremos al practicar esta misericordia y compasión con aquellos que nos lastimaron.

Cuando nosotros perdonamos sentimos una paz increíble, nos sentimos liberados y se los digo por experiencia propia. El perdón no es un sentimiento, es una decisión. No le estás haciendo un favor al que te ofendió, sino a ti mismo.

En Mateo 6:14-15 nos dice “Porque  si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosostros vuestro Padre Celestial;  mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. Aquí nos reafirma que debemos primero perdonar a nuestros infractores para poder recibir el perdón del Señor.

Cuando nosotros tenemos falta de perdón se crea en nuestro corazón algo que se llama “raíz de amargura”. En Hebreos 12:15 dice “Cuidado de que no brote ninguna raíz venenosa de amargura, la cual trastorne a ustedes y envenene a muchos”. Esta raíz de amargura crea resentimiento, el cual a su vez se convierte en odio; el odio cuando se lleva a su nivel máximo se convierte en ira. Es la ira la que provoca que los hombres comentan actos terribles en donde ya agraden tanto psicológica como físicamente a otra persona. Es justo esto lo que está pasando en nuestro mundo. Ahí las personas ya no buscan desquitarse con el que lo ofendió, sino que aplican la frase coloquial que dice. “Ya no busco al que me la hizo sino al que me la pague”. No permitamos que esto nos suceda a nosotros.

Vivimos en un mundo donde tenemos que amarnos y apoyarnos los unos a los otros. La voluntad de Dios es que vivamos en paz y en armonía. No esperes más, empieza por ti, después por tu familia, luego la sociedad, la ciudad, el estado, el país,  y así hasta que alcancemos el mundo entero. No veas lo que hace tu vecino, tú preocúpate por hacer lo tuyo y vas a ver grandes cambios. Sí lo podemos lograr. Lo único que podemos hacer por los demás es orar.

Yo espero que salga de ti toda falta de perdón, que tu permitas que entre esa plenitud y esa liberación que el perdón va a traer a tu vida. Dios te ama y nos quiere ver felices y plenos.

Hasta Pronto!

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