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En el Día de los Santos Inocentes, aquellos niños inocentes en esa madrugada, volaron al cielo a recibir el premio de las almas sin mancha

La Fiesta de los Santos Inocentes, llamada también, la masacre de los Santos Inocentes, conmemora la fecha de aquella masacre de niños inocentes ordenada por el rey Herodes el grande en su intento de matar el niño Jesús (Mateo 2,16-18). Estos niños fueron considerados por la iglesia primitiva como los primeros mártires.

Conmemoración: 28 de diciembre

A partir del siglo IV, se estableció una fiesta conmemorativa para venerar a estos niños, muertos como «mártires» en sustitución de Jesús. La devoción hizo el resto. En la iconografía se les presenta como niños pequeños y de pecho, con coronas y palmas (alusión a su martirio).

La tradición oriental los recuerda el 29 de diciembre; la latina, el 28 de diciembre. La tradición concibe su muerte como «bautismo de sangre» (Romanes 6,3) y preámbulo al «éxodo cristiano», semejante a la masacre de otros niños hebreos que hubo en Egipto antes de su salida de la esclavitud a la libertad de los hijos de Dios (Éxodo 3,10; Mateo 2,13-14).

Santos Inocentes mártires.

De acuerdo al relato del Evangelio de san Mateo (2,13-13) nos cuenta que unos Magos (Reyes Sabios) llegaron a Jerusalén preguntando dónde había nacido el futuro rey de Israel, pues habían visto aparecer su estrella en el oriente, y recordaban la profecía que decía:

«Cuando aparezca una nueva estrella en Israel, es que ha nacido un nuevo rey que reinará sobre todas las naciones» (Números 24,17).

El Rey Herodes los recibió y les pidió que al regreso le dijeran donde estaba el niño para ir a adorarlo, una mentira de la que les alertó un ángel a los Magos para que no regresaran por el mismo camino.

La tragedia de los Santos Inocentes.

EL Rey Herodes, al paso del tiempo mandó matar a todos los niños de Belén menores de dos años, ya que se vió burlado por los magos de Oriente que nunca regresaron a decirle la ubicación del niño.

Jamás podremos imaginarnos la terribile angustia y el espantoso dolor de todos los padres de esos niños al ver que a sus casas llegaban los herodianos y ante sus ojos asesinaban a su hijo tan amado.

El Evangelista San Mateo cuenta que en ese día se cumplió lo que había avisado el profeta Jeremías:

«Un griterío se oye en Ramá (cerca de Belén), es Raquel (la esposa de Israel) que llora a sus hijos, y no se quiere consolar, porque ya no existen» (Jeremías 31,15)

Aquellos 30 niños inocentes en esa madrugada, volaron al cielo a recibir el premio de las almas que no tienen mancha y a orar por sus afligidos padres y pedir para ellos bendiciones.

Y que rueguen también por nosotros, pobres y manchados que no somos nada inocentes sino muy necesitados del perdón de Dios.

Los nuevos Herodes actuales

En nuestro tiempo continúa la masacre de inocentes. Millones son masacrados por el aborto, millones más mueren abandonados al hambre… ¿Qué hacemos todos ante este abominable hecho?.

No cabe ninguna duda de que un acto, cuyo fin es el de quitar la vida a un niño por nacer, es un acto de matar a una persona inocente e indefensa y que, por ende, no admite otro nombre que el de «homicidio».

Nada autoriza para considerar al aborto como algo distinto a lo que en realidad es: un crimen abominable cuya legalización pone en tela de juicio la supervivencia de la sociedad misma.

Hoy en día, Padres y Madres que consienten el aborto, Doctores que lo practican, los legisladores que lo promueven y las personas que lo apoyan, son los nuevos herodes de estos tiempos.

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