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Tu Tiempo Digital/ Faby Navarrete

Hola a todos, protegida y amada por Dios me siento hoy y espero que ustedes también sientan ese gran amor que nuestro Padre derrama sobre nosotros cada día y que permanezcan siempre bajo la sombra del Omnipotente.

Justo ahora que estamos en este estación del año tan hermosa de primavera y ya casi acercándonos al verano, hablaremos de un tema muy importante y que nos habla sobre ese rocío que las flores reciben a primeras horas de la mañana y que es lo que las ayudará a soportar el calor del día. Justo eso mismo el Señor promete ser para nosotros y si en verdad lo creemos, recibiremos de Él toda esa fortaleza que nos permitirá enfrentar las pruebas difíciles que en esta vida nos toque pasar.

Este mensaje se encuentra en el Libro de Oseas. A este profeta, quien también se conoce como el apóstol del amor, se le encomendó una tarea bastante retadora. El Señor le pidió que tomara como esposa a Gomer, una mujer que no practicaba la monogamia y que se entregaba muy fácilmente a varios hombres. Oseas fue obediente y se casó con ella pero ni aun así su esposa se apartó de ese pecado que la controlaba y lo llegó a abandonar con todo y sus hijos. Incluso el profeta tuvo que ir a rescatarla y pagar para que se la entregaran.

Lo que Dios le quería mostrar a Oseas era ese intenso dolor que nuestro Padre siente cada vez que sus hijos le son infieles. En este momento se refería al pueblo de Israel, quienes como bien sabemos, de constante adoraban a otros Dioses e incumplían los mandamientos. Dios le demostró a Israel una y otra vez su lealtad.

Dios perdonó sus iniquidades. La iniquidad es la acción de hacer algo que se sabe que está mal y seguirlo haciendo, es pecar constantemente y no sentir ya ni remordimiento si quiera. El Señor aquí, les transmite a través de Oseas, otro mensaje en donde le demuestra a su pueblo su inagotable amor. Es un mensaje para todos nosotros, pues todos pecamos una y otra vez y todos le hemos sido infieles a Dios pero sobre todo, todos nos hemos quejado de algo y recordemos que el quejarse es igual a no ser agradecidos con todo lo que Dios nos ha dado.

En Oseas 14:5 dice “Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano”. El rocío son las diminutas gotas de humedad que apareen en las superficies frescas a primera hora del día. A menudo, lo vemos brillando en las plantas y en las hojas del pasto en los días despejados. Se produce generalmente de madrugada o temprano justo antes de que salga el sol. Trae alivio a la vegetación y al ganado, al darles agua para sostenerlos cuando el sol está más caliente.

De esta forma, en nuestra vida, el rocío que se forma en la temporada de oscuridad, es el que alimentará nuestra alma y la sostendrá en el calor de nuestra prueba. Será un roció sobrenatural que nos dará todo lo que necesitamos.

Dato importante: el rocío natural sólo se produce cuando todo está quieto, el proceso ocurre en la tranquilidad de la noche. No se acumula cuando hay viento. No aparece durante las tormentas ni cuando el aire es caliente. Se forma cuando las cosas están frías y quietas.

Nosotros debemos aprender a estar tranquilos y descansar en Dios porque es ahí cuando Él puede formar el rocío y derramarlo sobre nosotros al empezar el día.

Lo anterior me recuerda mucho al versículo que he estado repitiendo desde enero justo después de que me dio Covid y que hubo tantos cambios en vida. “En quietud y en confianza será vuestra fortaleza” (Isaías 30:15). Hoy con gran alegría y agradecimiento veo como ese rocío cae en mi vida pues logré mantenerme tranquila y deposité toda mi confianza en el Señor.

Además de ser ese rocío que nos mantendrá fuertes durante la larga y pesada jornada de cada día, Dios nos dice que seremos un gran árbol que dará el mejor de los frutos. En Oseas 14:6 dice “Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano”.

Que reconfortante es saber que Dios nos compara a un árbol tan frondoso como el Líbano y que llega a medir hasta 40 metros. Además nos dice también que quien descanse bajo nuestra sombra será vivificado. ¡Así sea Señor!

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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