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Fabiola Navarrete/Tu Tiempo Digital

Hola a todos espero que la paz y el amor de nuestro Padre sigan siendo derramados sobre todos ustedes.

Las misericordias de Dios se renuevan cada día y hoy es una nueva oportunidad de ver todas las cosas favorables que están a nuestro alrededor. Una de ellas es que la vacuna ya ha sido aplicada a cierta parte de la población. La otra buena noticia es que varias escuelas ya han re abierto sus puertas a clases presenciales y aunque esto siga siendo algo polémico, sigue siendo un paso hacia adelante. Debemos enfocarnos en todo lo bueno y aún en las cosas desfavorables podemos encontrar siempre un punto positivo. Vamos a vivir así porque así es como Dios quiere que lo hagamos.

Hoy el Señor me ha pedido que hablemos de un tema de suma importancia que es el mantenernos conectados al Espíritu de Dios, pues sólo así podremos percibir todas esas cosas que Él tiene para nosotros y que espera de nosotros. En el Capítulo 2 del Libro de 1 de Corintios nos habla sobre esto. De hecho, a partir del versículo 6 y hasta el 16 se le titula: “La revelación por el Espíritu de Dios”. 

Aquí el apóstol Pablo nos empieza hablando sobre la sabiduría que debe permanecer en nosotros y que debe ser la que viene de Dios y no la que  el mundo nos ofrece. Esta sabiduría se le pide a Dios y es Él quien nos la dará de manera sobre abundante. De hecho, en este capítulo dice que esa sabiduría es la que el Señor predestinó ¡para nuestra gloria!.

Así llegamos a los versículos 9 y 10 que son los que leeremos hoy y dicen; “Antes bien como está escrito: cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”.

Nuestros ojos y oídos físicos no siempre ven y escuchan lo que Dios está haciendo. No logran percibir lo que Dios trata de comunicarnos y esos consejos que nos quiere dar para saber qué caminos tomar. Para poder percibir esto debemos apartarnos un poco del mundo y dejar sólo de estar pensando en satisfacer nuestras necesidades y deseos físicos o carnales. Tenemos que volvernos personas más espirituales. ¿Cómo logramos esto? Se logra únicamente al estar en constante comunicación con nuestro Padre a través de la oración y la lectura de su Palabra.

El Espíritu de Dios está en nosotros desde que nos creó, desde que sopló aliento de vida en nosotros. Pero al venir el pecado de Adán y Eva nos separamos de esta hermosa relación con el Espíritu de Dios. Para poder reconectarnos con ese Espíritu debemos llegar ante la presencia de Dios con un corazón sincero, contrito y humillado y decirle al Señor que lo aceptamos como nuestro Señor y Salvador. Debemos decirle también que queremos que su Espíritu viva en mí. Debe ser confesado con la boca y se debe creer en el corazón, pues con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación. Una vez hecho lo anterior, lograremos ser libres, salvos y además permitiremos que el Espíritu de Dios viva en nosotros. 

Es así como también en este mismo capítulo nos continúa diciendo que el hombre natural no percibe las cosas que son del espíritu. Es por eso que muchas personas cuando hablamos de este tipo de temas piensan que ya hemos perdido la cordura. No debemos juzgarlos, sólo debemos orar por ellos porque sólo el Señor sabrá cuando ellos llegarán a sus pies.

Hoy más que nunca les quiero recordar que tenemos un Dios Todopoderoso, un Dios que todo nos da y que nos va a recompensar siempre. Él sólo está esperando que confiemos plenamente en Él. Este versículo 9 que leímos, a mí me encanta y lo repito mucho cuando oro y digo: “Señor, yo sé que mi mente física no se imagina lo que tú tienes para mí, porque las cosas que nos das son hasta mejores que las que nosotros te pedimos”. Y es justo así como termina este capítulo diciendo que debemos tener la mente de Cristo.

El Espíritu es el que todo lo escudriña, el que examina detenidamente todo y nos transmite eso que Dios quiere y espera de nosotros.

Te amamos Señor y te pedimos que tu Espíritu permanezca siempre en nosotros.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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