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Fabiola Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola a todos, con regocijo, paz y mucha esperanza les saludo hoy deseando que el Señor derrame todo eso en cada uno de ustedes y que los haga sentir amados y confiados.

Seguimos en el mes del amor y hoy hablaremos acerca de la intimidad que debemos tener con Dios.

Cuando escuchamos la palabra “intimidad”, enseguida pensamos en el ser amado y el tiempo tan especial que pasamos a su lado. El amor que se practica al tener una pareja es conocido como “eros”. Aquí hablamos de sentimientos y emociones que se expresan con el contacto físico también y que es una demostración muy hermosa del amor. Sin embargo, en la emisión pasada hablamos de lo importante que es, que el amor vaya acompañado de compromiso. Al hablar de compromiso, hablamos de la decisión que se toma de permanecer con esa persona sin importar las cosas que sucedan durante la relación.

El verdadero amor entre pareja, debe estar siempre acompañado de un compromiso de ambas partes por ser ese compañero de vida que estará en los momentos difíciles también y no sólo cuando todo pinta bien. El mismo Dios habla de lo importante que es que dos personas se apoyen mutuamente, nos dice que dos son mejores que uno y agrega después  en Eclesiastés 4:10  “Si cae uno, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del solo¡ que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante”.

Somos seres sociables por naturaleza y no vinimos a estar solos. En nuestra vida, pasamos muchas etapas de soledad física, pero esto no quiere decir que es bueno mantenerse alejado de la gente. Es cierto que teniendo a Dios nunca se está solo, pero debemos disfrutar y valorar la compañía de los demás, y en especial la de un compañero o compañera. Eso sí, para que este relación perdure, es Dios quien debe estar como centro y pilar de dicha unión.

En Eclesiastés 4:12 dice “Y si alguno prevalece contra el que está solo, dos estarán contra él, pues cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. El hombre y la mujer son dos nudos y el Señor es el tercer nudo, que es en realidad, el más importante. Para que ambas partes puedan reconocer la importancia de Dios en su relación de pareja, cada uno debe tener una relación íntima con Él.

Tener una pareja es algo hermoso e invaluable, pero si se tiene una pareja pero no se tiene a Dios, no habrá hombre o mujer que nos haga felices. Hay personas que pueden estar años con su pareja, pero se sienten siempre solos, tristes, desanimados, pues su vida solo depende de lo que su cónyuge hace y es lógico que habrá muchos momentos en que se decepcionarán de él o ella, porque somos seres humanos imperfectos.

Muy por el contrario, si la persona siente primero ese amor de Dios y logra mantener una relación íntima con él, su vida será plena y podrá compartirla con mucho gozo con su pareja. De hecho, a muchos de nosotros nos ha tocado ser solteros por varios años y estoy segura que no nos hemos sentido tristes porque hemos tenido a Dios de compañero y amigo. La soledad que provoca el no tener el amor de Dios dentro de nosotros se sigue sintiendo aun cuando estamos rodeados de muchas personas.

Ahora bien, ¿cómo se puede tener intimidad con Dios?. La intimidad con Dios se refiere a buscar con toda intención pasar tiempo con Nuestro Padre tanto en oración como al leer su Palabra. Sin embargo, esta intimidad también es disfrutar y anhelar estar en su presencia. Es también honrarlo con cada uno de nuestros actos y preguntarnos antes de hacer algo si será algo que a Él le agradará. Es llorar de emoción al cantar una alabanza o al recordar todo lo que Dios ha hecho por nosotros. Es sentir su abrazo y no querer dejar de estar entre sus brazos. Es hablar con Él en todo tiempo y consultarle nuestros planes. Es pedirle su bendición cada día y agradecerle en todo momento. Es amar a todos los que nos rodean así ellos no nos amen.

En el libro Cantar de los Cantares se expresa de una manera muy poética y romántica la relación que Dios espera tener con nosotros. En el Capítulo 1 verso 2 nos dice: “¡Oh, si él me besara con besos de su boca¡ Porque mejores son tus amores que el vino”.

Ese es el amor que debemos sentir y expresarle a Nuestro Padre, nuestro Creador y Salvador que nos ama con amor inagotable. Él es nuestro amado y el más hermoso entre millares de millares.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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