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Fabiola Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola que tal como siempre les reitero que es una bendición estar aquí con ustedes una vez más y de todo corazón deseo que su morada sea bajo la sombra del Omnipotente. En esta ocasión vamos a tratar un tema que se titula “La amistad con el mundo” y que se encuentra en el Capítulo 4 del Libro de Santiago.

Aquí el apóstol Santiago nos empieza hablando de que las guerras y los pleitos que surgen en este mundo provienen de nuestras pasiones. Que cuando somos personas codiciosas nunca tendremos lo suficiente y más aún cuando envidiamos todo aquello que tiene nuestro prójimo. Así también nos dice que pedimos, pero que ni siquiera sabemos cómo pedir, pues pedimos cosas sólo para saciar nuestros deleites carnales.

Ya en el versículo 4 nos dice que aquel que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. Esto me recuerda una frase de Charles Spurgeon que escuché apenas la semana pasada y dice: “Cristo no va a vivir en la sala de tu corazón si al mismo tiempo hospedas al diablo en el sótano de tus pensamientos”. Como bien sabemos todo comienza con lo que guardamos en la mente y debemos atacar los pensamientos negativos y no permitir que se alojen ahí porque después no llevan a cometer actos incorrectos.

Después en el versículo 6 nos dice que Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Toda soberbia no es bien vista por nuestro Padre. A Él le agradan los corazones humildes que reconocen que nada son sin Dios y que todo lo que han logrado en este mundo, se lo deben al Señor. Ya en los versículos 7 y 8 dice: “Someteos, pues a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. Nuestro Padre nos espera siempre con los brazos abiertos. Al hacer esto, nosotros demostramos que hemos vencido las tentaciones del diablo. Es ahí cuando el mismo enemigo se alejará, pues ha visto como a pesar de haber atravesado situaciones difíciles en varias áreas de nuestra vida, nosotros hemos permanecido firmes y hemos confiando en Dios.

El siguiente consejo que nos da Santiago en este capítulo es acerca de la murmuración. Ya hemos dicho que no podemos hablar mal de alguien cuando esa persona no está presente. Si hay algo de esa persona que nos desagrada, debemos primero ir y decírselo directamente. Nosotros no somos nadie para juzgar. Si una persona te dañó de alguna manera, hay que resolverlo con ella de manera directa buscando siempre ser conciliadores de paz. Si la persona no quiere resolver las cosas de una buena manera sólo nos resta perdonar y orar por ella.

Otro tema muy importante que se trata en este mismo Capítulo es el de hacer planes sin consultar a Dios y que de hecho se subtitula como “No os gloriéis del día de mañana”. Si algo nos encanta a los seres humanos es estar haciendo planes. En las pláticas de las personas es raro escuchar que digan “Si Dios me permite haré esto o lo otro..” La mayor parte del tiempo sólo escuchamos que dicen: “El día tal haré esto, el próximo año tendré mi propio negocio, en 3 meses viajaré, etc…” Ahí sólo estamos mostrando que somos personas jactanciosas y soberbias que pensamos que todo lo logramos por nuestra fuerza, destreza o inteligencia. Siempre debemos decir: “Si Dios quiere, si Dios me lo permite haré esto, o lo otro…”. Ahí es cuando demostramos que la voluntad de Dios es importante en nuestra vida y reconocemos que sólo sus planes son perfectos y que nos ayudarán a alcanzar esas verdaderas bendiciones que nos darán la plenitud de gozo, y no sólo otro tipo de cosas que igual parecen muy buenas pero que son cosas efímeras o que nos traerán después consecuencias negativas.

¿Qué es la vida del hombre? La Palabra de Dios nos dice que no es más que neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. Todo lo que obtenemos en este mundo se va muy rápido y lo que debemos cuidar es nuestra salvación y nuestra relación con Dios. Pensemos en lo eterno y no en lo temporal (2 Corintios 4:18).

En los versículos 16 y 17 nos dice: “Toda jactancia semejante es mala; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”. Dejemos de ser soberbios y tomemos en cuenta a Dios para todo. Y mucho ojo, sepamos decir no cuando sabemos que lo que nos propone el mundo es algo incorrecto. Todo sabemos muy bien lo que le agrada a nuestro Padre, así que dejemos de buscar excusas y comportémonos como unos verdaderos hijos de Dios.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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