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Fabiola Navarrete/Tu Tiempo Digital

Hola a todos espero que sientan abrazados y consolados por Dios y que su amor abunde en sus corazones.

En esta ocasión el Señor me pide que hablemos sobre la Tierra Prometida, y no aquella a la que llegó al pueblo de Israel después de vivir 40 años por el desierto, sino ese tierra o lugar de bendición que tiene Dios para cada uno de nosotros.

La Tierra Prometida descrita en el libro de Josué es una imagen de lo que Nuestro Padre tiene disponible para todos nosotros. Esa tierra es la Voluntad de Dios para nuestra vida, y es ese el único lugar en el que encontraremos total realización.

Ahora bien, qué necesitamos para entrar a dicha tierra. La respuesta a esta pregunta se encuentra en Josué 1:7: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas”.

Cuando Dios nos pide esforzarnos no es en nuestra propia fuerza, sino en el poder del Espíritu de Dios, justo como lo describió el profeta Zacarías en el capítulo 4 versículo 6: “No es con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu”. Es así como lograremos tener la fortaleza y el valor para librar cualquier batalla.

La ley de Dios se encuentra en la Biblia. No existe otro libro que pueda recompensar el tiempo invertido en sus páginas como la Palabra de Dios. Al leer y comprender todo lo que viene ahí, sabremos cuál es la Voluntad de Dios para nuestra vida. Hay que orar de acuerdo a su Palabra y así estaremos seguros que esas peticiones nos serán concedidas.

Como ya sabemos y nos lo dice también su palabra, Dios nos concede los anhelos de nuestro corazón, siempre y cuando estén alineados con su corazón. Aquí debemos ser muy cuidadosos porque de repente, nuestras emociones nos confunden. Debemos pedirle a Dios que nos ayude a discernir entre lo correcto y lo que en realidad está siendo dirigido sólo por una emoción. Es muy importante que cuando pidamos ese deseo de nuestro corazón le digamos que nos lo conceda siempre y cuando vaya de acuerdo a su Voluntad.

El corazón de repente nos engaña. Como también lo dice en la Palabra de Dios, el corazón es perverso y engañoso. Es por eso que cada día debemos pedirle al Señor que nos purifique ese corazón, sacando todo aquello que no es correcto. Dios es el único que conoce perfectamente todo lo que hay en él. Si hacemos esto constantemente podremos estar más seguros de pedir las cosas adecuadas y no tomar decisiones incorrectas en nuestra vida.

Entre más tiempo dediquemos a la lectura de la Palabra de Dios, más conoceremos sobre Nuestro Padre y sobre las cosas que a él le agrada que hagamos. Tantos los mandamientos que nos ha dado como las hermosas promesas que ahí se encuentran, vivirán en nuestro corazón hasta que logremos que se reflejen en nuestro diario vivir. Es ahí cuando ocurre una verdadera transformación y cuando, sin tener que alardear al respecto, las personas que nos rodean verán ese cambio.

Hagamos cada día nuestro mayor esfuerzo por no apartarnos de esta palabra. Debemos lograr que esa palabra abunde en nuestra boca y que la repitamos de día y de noche, para que no desviemos nuestro camino. Ese camino que nos llevará a esa tierra donde fluye leche y miel.

Hoy, en medio de todo este panorama mundial tan desalentador, tú puedes ver la mano de Dios extenderse a tu Favor. Tenemos un Dios Fiel que recompensa la obediencia y que derrama abundantes bendiciones sobre aquellos que buscan agradarle. Esas bendiciones llegarán a ti en cascada. Y justo así termina este versículo que hoy estudiamos “para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas”.

Por si no fuera poco ya con decirnos que nos bendecirá en todas las áreas de nuestra vida. Todavía en versículo 9 del mismo capítulo 1 nos repite: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes”. Y termina con una promesa aún más hermosa. Nos dice que Él estará con nosotros en donde quiera que vayamos.  Es esto lo que más tranquilidad nos debe dar el día de hoy, saber que Nuestro Salvador nos protege en todo momento.

No retrases más tu llegada a esa Tierra Prometida. ¡Un Paraíso de Bendiciones te está esperando!

Les amo, les mando un fuerte abrazo y deseo que la paz de Dios sobre abunde en sus corazones. Primero Dios nos vemos pronto.

TierraPrometida

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