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Fabiola Navarrete / Tu Tiempo Digital

Hola a todos, agradecida y llena de gozo me encuentro al estar de nuevo aquí contando con su atención. Espero que sea el Señor quien siga guardando su alma y proteja siempre su entrada y su salida.

Hoy hablaremos sobre las tres cosas que Dios nos pide que hagamos y que requieren de un verdadero compromiso. Esto se encuentra en el libro de Miqueas en el Capítulo 6. Aquí el Señor le había suplicado a su pueblo que se arrepintiera de todas las cosas malas que habían hecho. Les recordó todo lo que ya Dios había hecho por ellos desde que los sacó de la esclavitud en Egipto, así como todo el tiempo que los estuvo protegiendo en su paso por el desierto.

Es justo en este momento cuando el pueblo de Israel no comprende por qué Dios ya no se agradaba tanto de su comportamiento, siendo que ellos pensaban que  estaban siguiendo al pie de la letra las reglas y rituales de la religión. Entonces es cuando le hacen una pregunta muy importante: ¿Con qué me presentaré ante el Señor y adoraré al Dios Altísimo?.

Es aquí cuando Dios contesta en el versículo 8: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide el Señor de ti; solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. Con esto, Dios le estaba diciendo a su pueblo que los holocaustos que le ofrecieran y todo tipo de rituales que hacían no eran tan importantes como tener una relación con él y practicar tres cosas.

Justicia, como ya sabemos, significa dar a cada quién lo que le corresponde. Es sinónimo de imparcialidad, igualdad y equidad. La mayoría de nosotros creemos que somos justos, sin embargo, hacer justicia no es sólo estar de parte de la persona que tiene la razón. Hacer justicia es también dejar que sea Dios quien juzgue y quien asigne el veredicto. Si ponemos un ejemplo práctico podemos decir que hacer justicia significa no reaccionar con ira cuando alguien nos hace daño, tenemos que orar por ellos y dejar que sea Dios quien tome el control, pues a su debido tiempo la razón se le otorgará al que la merezca y no al que la crea tener.

A mí me ha tocado experimentar mucho este tipo de situaciones en los últimos meses dentro de mi ambiente laboral. No es nada fácil quedarse callado cuando uno ve que tratan mal a otros o incluso a uno mismo. Las personas que me aman pero que no conocen de Dios, me han dicho que yo no debo permitir que me traten así. Sin embargo, yo he visto de una manera increíble, cómo el Señor me ha respaldado en cada una de estas situaciones cuando yo me mantengo con un carácter apacible y no reacciono con ira. Pero así también, Él me ha ayudado a saber pedir, de una manera amorosa que me traten con respeto y que aunque el stress se apodere de ellos, no se desquiten conmigo. Pidamos al Señor todos los días que nos dote de mansedumbre y que nos ayude a no decir palabras que puedan dañar a otra persona.

Misericordia significa sentir el dolor ajeno como si fuera propio, ser empático o ponerse en los zapatos del otro. Es sinónimo de compasión. Sentir misericordia por aquellos que nos ofenden nos ayudará a reaccionar mejor, a guardar la compostura y a no permitir que se genere una contienda. Para lograr esto debemos recordar que cada persona sólo da lo que tiene y que de la abundancia del corazón habla la boca (Mateo 12:34). Si una persona sólo tiene palabras ofensivas para nosotros, es eso lo que tiene en su corazón. Debemos orar mucho por esas personas en lugar de enojarnos o querer contestar con otra ofensa. Sentir compasión por los indigentes, los niños de la calle o los ancianos, es fácil, pero la verdadera misericordia se demuestra cuando podemos ver de igual manera a la persona que nos ha hecho daño.

Humildad es no tener en alta estima lo que somos o lo que hacemos. Humillarse ante Dios es ir ante su Presencia y reconocer que sin Él no somos nada. Es darle el control de nuestra vida. Mostrar humildad ante nuestro prójimo es no hacer nada por vanagloria o por contienda y considerar a otros como superiores a nosotros mismos (Filipenses 2:3),

Señor, danos la gracia y la habilidad para hacer lo que nos has llamado a hacer con justicia, misericordia y humildad.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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