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Telemundo Noticias

El calvario para cientos de migrantes no termina cuando cruzan la frontera: todos no pueden ser acogidos en albergues y muchos se cobijan como pueden de «temperaturas por debajo del punto de congelación».

En medio de una tormenta ártica que ha traído temperaturas congelantes a buena parte de Estados Unidos en vísperas de Nochebuena, cientos de migrantes en ambos lados de la frontera sur enfrentan el frío extremo a la intemperie, mientras continúa la espera por una decisión de la Corte Suprema sobre el futuro de la norma sanitaria conocida como Título 42.

El clima gélido se mantendrá al menos durante el fin de semana, según múltiples reportes meteorológicos, y las autoridades migratorias han aconsejado a los migrantes no intentar el cruce de la línea divisoria para evitar tragedias.

“Se esperan temperaturas extremadamente frías, por debajo del punto de congelación, a lo largo de la frontera de México y Estados Unidos durante la próxima semana. No arriesgue su vida o la de sus seres queridos tratando de cruzar el Río Grande o el desierto. Permanezca en casa o en un refugio seguro y evite una tragedia”, advirtió el jueves la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza en Twitter.

El Paso, Texas, declaró el estado de emergencia la semana pasada por la llegada de miles de migrantes que se han asentado en campamentos improvisados de tiendas de campaña en las calles, en un momento en las temperaturas han caído allí por debajo de los 20 grados Farenheit (-6 grados Celsius).

Aunque la ciudad texana ha abierto refugios para atender la crisis humanitaria, estos han topado su capacidad y no han aceptado a aquellos sin documentación, debido a políticas estatales y federales, reportaron la agencia de noticias EFE y la cadena CNN.

Los migrantes indocumentados que llegan a los refugios de El Paso son referidos a Protección Fronteriza y Aduanas para su procesamiento o a otros albergues administrados por organizaciones no gubernamentales, según los medios citados.

“Para dormir acá, tienen que tener documentación. Si entraron al país de manera ilegal, no pueden entrar”, dijo a EFE una trabajadora de la ciudad en la entrada del Centro de Convenciones de El Paso, que ha sido acondicionado como un albergue temporal para guarecer a unas 1,500 personas.

Habitantes de El Paso han regalado mantas a los migrantes que duermen en las calles para que puedan protegerse del frío inclemente y las autoridades han tratado de convencer a algunos de los que duermen en las calles de que acudan a albergues religiosos, donde usualmente son recibidos sin importar su estatus migratorio.

Sin embargo, muchos han sido escépticos del ofrecimiento y han preferido pernoctar a la intemperie. “No quiero que me deporten, he luchado mucho para llegar hasta aquí”, explicó a EFE un migrante que se quedó a dormir en la calle.

El alcalde de El Paso, Oscar Leeser, declaró el sábado pasado el estado de emergencia en la ciudad para obtener más fondos con los que atender la llegada de miles de solicitantes de asilo y darles un «trato humano» en medio del clima severo.

La ciudad recibió esta semana más de seis millones de dólares en ayuda de la Agencia Federal del Manejo de Emergencias (FEMA) para atender lo que las autoridades locales han calificado como una «crisis humanitaria».

Aunque las autoridades aseguran que se les brinda refugio a todos de manera «indiscriminada», EFE constató que los funcionarios locales les preguntan a quienes están en las calles antes de recibirlos si tienen documentos migratorios.

“Para mí eso es discriminación”, afirmó a la agencia un joven venezolano que lleva tres días pasando las noches en un callejón frente a una estación de autobuses. “¿Nosotros no somos seres humanos?”.

Miles esperan en el lado mexicano

Mientras tanto, miles de migrantes aún se encuentran esperando el posible fin del Título 42, una medida sanitaria de 2020 que restringe el derecho a solicitar asilo bajo el pretexto del COVID-19.

Un juez federal había ordenado su fin para el 21 de diciembre, pero la Corte Suprema suspendió ese dictamen pedido de varios estados republicanos. Luego el Gobierno apeló, pidiendo acabar la norma luego de Navidad, pero hasta este viernes en la mañana el máximo tribunal no se había pronunciado sobre el caso.

En Matamoros, Tamaulipas, al otro lado de Brownsville, Texas, la crisis migratoria se ha agudizado por la falta de albergue y alimentos. Cientos se han resignado a acampar en tiendas a la orilla del río Bravo, a pesar de las bajas temperaturas.

Desesperados, muchos migrantes han decidido cruzar las gélidas aguas del río Bravo a pie donde es posible, o en balsas, lanchas e inflables, con la esperanza de que se les permita ingresar a Estados Unidos.

“A veces no tenemos qué comer, aunque vienen y nos ayudan. Ya tenemos como 30 días aquí y nada que nos abren el puente”, dijo a EFE una migrante venezolana identificada como Dubraska Tovar, madre de cinco hijos, con quienes cruzó el río Bravo el miércoles.

El flujo migratorio no se ha detenido en los últimos días, a pesar de la advertencia de las autoridades estadounidenses a los migrantes por la llegada de una tormenta invernal “única en una generación”, como la ha descrito el Servicio Meteorológico Nacional.

El propio presidente, Joe Biden, advirtió el jueves a los estadounidenses que se tomen la tormenta “de forma extremadamente seria” y que sigan las recomendaciones de las autoridades.

“Esta es realmente una alerta meteorológica muy grave. Y va desde Oklahoma hasta Wyoming, y de Wyoming a Maine. Y hay consecuencias reales, por lo que animo a todo el mundo a seguir por favor los avisos locales”, dijo en declaraciones a periodistas desde el Despacho Oval de la Casa Blanca.

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