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Las personas que trabajan en los campos en Estados Unidos son clave para que los alimentos básicos de los que muchos dependen a diario se consigan en tiendas y supermercados. Pero «a los que están piscando la comida para llevártela a tu casa son a los que están botando» en redadas y deportaciones, dice Estela, mujer que ha trabajado en viveros por décadas y pidió ser identificada sólo por su segundo nombre por temor a represalias.
A pesar de ser ciudadana estadounidense, asegura que el miedo a las medidas migratorias del Gobierno de Donald Trump se siente, incluso cuando no ha habido tantos reportes sobre operativos en fincas agrícolas como en fábricas u otros lugares de trabajo.
«Es triste porque muchas de las personas que vivimos acá tenemos parientes, amigos, conocidos, que están con el temor de ir a trabajar, de salir«, agrega Estela durante una conversación en un campo en Homestead, Florida, a principios de abril. Se corre el rumor de «que va a haber [un agente de] migración y aunque no lo esté, tú ya te sientes con ese nervio», lamenta.
El consumidor americano tiene la costumbre de comer lo que quiera cuando quiera, sin pensar en que las fuentes de los alimentos son personas»
Ernesto ruiz, investigador de la farmworkers association of florida
Trump regresó a la Casa Blanca en enero con la promesa de realizar deportaciones masivas, lo que afecta a millones de personas inmigrantes que viven y, en muchos casos, trabajan en Estados Unidos. El presidente republicano hizo recientemente comentarios de que tiene pensadas posibles medidas para «desacelerar» ante trabajadores agrícolas y de hoteles para poner a los «granjeros primero», pero no ha dado más detalles.
Casi la mitad, o un 42%, de los trabajadores agrícolas en Estados Unidos nacieron fuera del país y no tienen estatus legal, mientras que 19% son inmigrantes con permisos temporales o residencia, según las más recientes estimaciones disponibles del Servicio de Investigación Económica del Departamento de Agricultura (USDA, en inglés).
Es decir, un número importante de las personas que hacen estas labores de cultivar y cosechar productos agrícolas que se consumen a diario, como frutas, verduras, hierbas y otras plantas pudieran ser objetivo de las acciones del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, en inglés) y otras agencias.
En los últimos meses, en redes sociales se han visto algunas imágenes de campos vacíos con alimentos sin recoger.
‘No alcanzamos a dar abasto’
Además, en varias granjas «ya no plantan lo mismo, hay varias personas así igual que mí sin trabajar, que tienen ya tiempo de que no trabajan», dice Griselda, que desde que llegó de El Salvador hace tres años ha estado cosechando y empacando frutas y verduras en granjas de Homestead, un trabajo que dice que le “encanta”. «O es lo que estoy acostumbrada», agrega.
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A pesar de solicitar consistentemente los trabajos que dice que antes conseguía con facilidad, comenta que desde hace más de un mes no logra que la contraten.
«Está muy difícil», lamenta la mujer, que tiene tres hijos y pidió no usar su apellido por temor a perder oportunidades de trabajo. Griselda asegura que ella es residente permanente, pero que para «las personas que no tienen permiso ni nada debe ser más difícil».
Especialistas vaticinan que esto pudiera tener un impacto en la disponibilidad de alimentos, sobre todo de cara a las consecuencias de las políticas comerciales de aranceles de Trump, que se prevé aumenten los precios de la comida importada.
«El consumidor americano tiene la costumbre de comer lo que quiera cuando quiera, sin importar la temporada y sin pensar en que las fuentes de los alimentos son personas», señala Ernesto Ruiz, investigador sénior de la Farmworker Association of Florida (o la asociación de trabajadores agrícolas de Florida).
«Y podemos disfrutar de esto también en parte porque importamos una cantidad tremenda de comida. Esto se va a complicar ahora para el consumidor», señala. En consecuencia, dice, «necesitamos ahora más que nunca producción local».
Ruiz apunta que para ello se necesita a los trabajadores con experiencia, que en su mayoría son migrantes: «Son prácticamente las únicas personas en este país que están haciendo este trabajo, que es brutal».
Josefina es una mujer guatemalteca dueña de un vivero, y relata que ha pasado de tener tres empleados regulares a solo uno en las últimas semanas. Cuenta que dos de sus trabajadoras se fueron de Florida a otros estados porque «creen que ya aquí es muy difícil». La persona que las conducía de sus casas al vivero, cuenta, no podía seguir haciéndolo por temor a la ley estatal que criminaliza el transporte de personas indocumentadas.
«No alcanzamos a dar abasto del trabajo», señala Josefina, que pidió que solo se use su primer nombre por temor debido a su estatus migratorio.
Dice que las personas que cultivan las verduras, frutas o plantas que se consumen en Estados Unidos buscan “esforzarse y aportar” y que lo hacen sin importar un posible golpe de calor ante el sol, o poniéndose “las botas cuando viene la lluvia”.
«Uno agarra este país, este lugar, como si fuera de uno», lamenta Josefina, «pero nuestro error es pensar que aquí nos quieren». Josefina dice sentirse «impotente» por la incertidumbre sobre el futuro: ha tenido que trabajar «150%, hasta el doble», explica, y aun así «se han muerto las matas».
Sin embargo, no todos parecen estar teniendo estos problemas.
Darryl Williams, dueño de Pepper Berry Farms en Plant City, Florida, comenta a Noticias Telemundo que no ha tenido dificultades en encontrar mano de obra, lo cual achaca a su trato hacia quienes trabajan con él, que dice han vuelto cosecha tras cosecha, en casos desde hace décadas.
Isaret Jeffers, fundadora del Colectivo Árbol, que apoya a trabajadores agrícolas en el área de Tampa, Florida, indica que por varios meses en efecto mucha gente inmigrante no salía de casa «ni siquiera a comprar los alimentos de sus hijos por el miedo que tenían que las fueran a detener y las fueran a deportar». Pero Jeffers dice que, más recientemente, varios rancheros a los que preguntó si han «perdido mano de obra» le dijeron que no.
«Qué bueno, porque si no la economía de la Florida baja», opina Jeffers.
Promesas indefinidas de alivio migratorio en el campo
Trump sugirió a inicios de este mes, durante una reunión de su Gabinete en la Casa Blanca frente a periodistas, que podría proporcionar un alivio migratorio pensado para personas indocumentadas que trabajan en el campo y en hoteles.
«Un granjero viene con una carta sobre cierta gente diciendo que son excelentes, que están trabajando duro. Vamos a frenarnos un poco para ellos, y luego vamos en última instancia a traerlos de vuelta. Saldrán y van a regresar como trabajadores legales«, explicó, sin ofrecer más detalles al respecto.
Noticias Telemundo contactó a la Administración para solicitar comentarios y más detalles. El Departamento de Agricultura no precisó la información requerida, y solamente señaló mediante un comunicado de un portavoz que «los planes del presidente Trump de poner a los Granjeros Primero [sic] incluyen fortalecer a la mano de obra de granjas y mejorar los programas de visados H2A y H2B».
«Nuestro sistema migratorio ha estado roto durante décadas y finalmente tenemos un presidente que está aplicando la ley y actuando para arreglar programas en los que rancheros y granjeros dependen para producir el suministro de alimentos más seguro y productivo del mundo», agregó el portavoz de USDA.
Varios grupos en la industria agrícola — que supone un 5.5% del producto interno bruto estadounidense — han pedido desde el año pasado al presidente que exima a sus trabajadores de su plan de deportaciones.
Los granjeros tienen la opción de contratar a trabajadores extranjeros usando el programa de visados H2A, que no tiene un cupo anual y permite traer un número ilimitado de empleados de temporada para cubrir la falta de estadounidenses calificados o dispuestos a hacer ese trabajo. En 2023 se cubrieron así 378,000 puestos, según el Departamento de Trabajo, pero esa cifra supone sólo un 19% del total de trabajadores del campo en el país.
Muchos granjeros y finqueros critican que el programa de visados es inflexible —por ejemplo, algunos necesitan a trabajadores durante todo el año, no sólo en temporada— y tiene un alto costo económico. «Dicen que todo sale muy caro», señala Jeffers, la activista del Colectivo Árbol. «Para las visas hay que desembolsar mucho porque hay que darles vivienda a quienes vienen y a veces cuesta hasta como mil dólares por cada quien», agrega.
En respuesta a las inquietudes sobre la mano de obra en granjas, ranchos y viveros desde hace años en el Congreso se ha estado impulsando una propuesta legislativa, la ley de Modernización de la Fuerza Laboral Agrícola. Esta cuenta con el respaldo, entre otros, de la American Business Immigration Coalition y la National Family Farm Coalition.








































