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Fabiola Navarrete/Tu Tiempo Digital

Hola que tal espero que Dios siga cuidando su entrada y su salida y que los siga colmando de bendiciones infinitas. 

En esta ocasión el Señor ha puesto en mi corazón hablar sobre 3 versículos que se encuentran en 1 Juan capítulo 2 versículos del 15 al 17. En este capítulo a partir del versículo 7 se subtitula “El nuevo mandamiento”.  A partir del versículo 9 nos está hablando sobre el no aborrecer a nuestros hermanos. No podemos decir que Dios vive en nosotros si no amamos a nuestros semejantes. Aquel que ama a su prójimo demuestra que el amor del Padre vive en él, que su vida está llena de luz y  las tinieblas ya se han ido. Será una persona en quien no se hallará tropiezo alguno.  

Después nos habla de que debemos alejarnos de las cosas de este mundo que en sí es de lo que se tratan los versículos que escogí para esta emisión. En el versículos 15 y 16 dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”.

En Santiago 4:4 nos dice algo relacionado con esto “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. No podemos estar en las dos partes y esto no quiere decir que no vamos a convivir con los demás, al contrario, debemos seguir conviviendo con ellos pero demostrando que nosotros somos diferentes.

El mundo nos incita a pecar a través de las siguientes maneras: 

Los deseos de la carne. Deseos desmedidos de nuestra naturaleza caída que nos impulsan a practicar toda clase de pecados, sin considerar el temor de Dios. Es decir, darle rienda suelta a nuestra carne, excusándonos muchas veces en que son necesidades básicas de nuestro cuerpo.

Los deseos de los ojos. Tendencia de dejarse cautivar desmedidamente por todo aquello que el alma pueda desear y que una vez que lo obtiene se deleita enormemente en ello. Aquí cabe destacar lo que el Rey Salomón dijo en Eclesiastés 2:10-11 en donde declaró que no negó a sus ojos nada que ellos no desearan, pero que al final todo fue vanidad y aflicción sin ningún provecho. Es a través de los ojos que entra el deseo de pecar.

La vanagloria de la vida. Deseo desmedido de poseer riquezas, títulos o logros para presumirlos considerándose superior a los demás. Estas personas son orgullosas y en la Biblia se les conoce como altivos. Jesús lo que nos pide es ser humildes de corazón y no arrogantes ni soberbios. 

Desde que Adán y Eva pecaron, se vieron claramente identificados estas 3 maneras de las que acabamos de hablar. En Génesis 3:6 se observa lo siguiente: 

-La mujer vio que el árbol era bueno para comer (deseo de la carne). Ella sólo buscaba satisfacer su hambre.

-Era también agradable a los ojos (deseo de los ojos). Sus ojos se deleitaron con ese fruto.

-Era codiciable para alcanzar la sabiduría (vanagloria de la vida). Ellos querían llegar a tener la misma sabiduría de Dios.

Jesús enfrentó estas 3 tentaciones en el desierto y venció por nosotros.

Ya en el versículo 17 nos dice algo hermoso que es con lo que quiero cerrar esta emisión. “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.

Eso es justo lo que deseo para ustedes y para mí. Vamos a pedirle siempre a nuestro Padre que nos aparte de los caminos incorrectos y que sólo sigamos haciendo la voluntad de Dios que ya sabemos que es buena, agradable y perfecta. 

Les amo, les abrazo, y primero Dios los veo muy pronto.

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