Faby Navarrete/ Tu Tiempo Digital
Hola a todos, con un corazón dispuesto a seguir recibiendo amor e instrucción de Nuestro Padre Celestial me encuentro hoy. Pido al Señor sea Él abriendo todos esos corazones que hoy necesitan escuchar palabras de aliento.
En días anteriores, me tocó ver a dos amigas muy queridas pasar por la difícil experiencia de perder a un ser querido. Dar palabras de aliento en momentos como éstos nos es nada fácil y menos aun cuando no estamos físicamente cerca de nuestros amigos. Sin embargo, el Señor se llevó esos sentimientos de tristeza y frustración que se querían apoderar de mí y me recordó que lo mejor que podía hacer por ellas era orar.
Recordé que el verdadero amor se demuestra orando por las personas que amamos y que Dios será el que les lleve ese consuelo y les de ese abrazo que nosotros no podemos darles. Me dio mucha tranquilidad ver que mis oraciones fueron escuchadas y que mis amigas, quienes también son mujeres de oración, se tomaron de la mano de Dios y recibieron la fortaleza que necesitaban para enfrentar esta pérdida.
El Señor puso en mi corazón el recordar una vez más, la importancia de la oración. La oración, junto con la lectura de la Palabra, es la inversión más fructífera en nuestra vida. Es sin duda, nuestra mayor protección ante los ataques del enemigo que están a la orden del día.
Jesús mismo nos dijo en Mateo 26:41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Nuestro Mesías dijo esto en un momento crucial de su vida. Se encontraba en Getsemaní orando y pidiendo a su Padre que si lo podía librar de todo aquello que estaba por suceder, lo hiciera, pero que ante todo, se hiciera su Voluntad. En realidad estas palabras se las dijo a los discípulos a quienes les pidió que oraran, pero los encontró dormidos.
Que importante mensaje encontramos en este versículo. Al iniciar nuestro día orando saldremos con la bendición de Dios y estaremos mucho más preparados para enfrentar cualquier cosa que se nos presente. Las tentaciones de este mundo están presentes en todo momento y debemos recibir la fortaleza que Dios nos da y que se recibe a través de la oración.
Dios nos dio “soplo de vida” desde que estábamos en el vientre de nuestra madre y desde ese momento depositó el Espíritu en nuestro cuerpo. Ese Espíritu que vive en nosotros estará siempre dispuesto a entrar en comunión con el Señor, querrá siempre conectarse a su fuente. Pero es la carne la que nos jalará hacia esas otras cosas que se muestran más “divertidas” o “placenteras”. La carne nos dirá que hagamos cualquier otra cosa menos orar.
Nuestro crecimiento personal depende de la oración. Un cuerpo sano necesita alimento, y un espíritu sano necesita oración. Las batallas se ganan de rodillas y en la presencia de Dios. La oración crea un espíritu agradecido, y un espíritu agradecido produce gozo.
Lo anterior me lleva a un versículo en donde Dios, a través del apóstol Pablo, nos habla justo de la relación entre la oración, el gozo y el agradecimiento. 1 Tesalonicenses 5:16-18 “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.
A lo largo del día, la oración deber ser nuestra primera respuesta ante cada situación inquietante, ante cada pensamiento de ansiedad, ante cada tarea que Dios nos da y que de repente se nos hace muy difícil de lograr. No tenemos que ir todo el tiempo a un lugar apartado y postrarnos de rodillas. Podemos orar en silencio mientras manejamos, mientras cocinamos, mientras hacemos cualquier otra actividad y no tiene que ser en voz alta.
La oración continua refleja una constante dependencia del Padre. Si nuestra vida depende sólo de Dios eso nos garantiza que estaremos bien. Depender de cualquier otra cosa, llámese nuestra prudencia, dinero, amor, éxito o bienes materiales, nos alejará de las verdaderas bendiciones que Dios tiene para nosotros y nuestra descendencia.
Recordemos siempre todos estos beneficios que nos brinda la oración y entremos en constante comunión con Nuestro Padre porque Él está siempre dispuesto a escucharnos y a darnos lo que le pidamos, siempre y cuando sea lo mejor para nosotros.
Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.











































