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Fabiola Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola a todos es una bendición estar aquí de nuevo compartiendo un mensaje de nuestro Padre. Espero que se sigan sintiendo abrazados y protegidos por Él y que su amor y su gracias siga siendo derramada sobre ustedes.

En esta ocasión el Señor me ha pedido que hablemos sobre una parábola hermosa y que nos da una gran lección. Muchos de ustedes seguramente ya la conocen y es la parábola del hijo pródigo que se encuentra en el Libro de Lucas Capítulo 15.

Esta parábola nos cuenta una historia de un padre con sus dos hijos. Ellos gozaban de una buena situación económica y los dos hijos trabajaban con su padre. Sin embargo, uno de los hijos decide tomar su propio rumbo y le pide a su padre que le herede en vida, es decir, que le de todos los bienes que le corresponden y le permita independizarse. Una situación bastante difícil para cualquier padre y más aún cuando el hijo no es todavía una persona responsable. Ser independiente no está mal cuando se hace de la manera correcta y buscando mejorar. De hecho los padres, debemos preparar a nuestros hijos para que un día tomen su propio camino.

El padre le da a su hijo todo el dinero que le correspondía y lo deja partir. En su corazón había tristeza y preocupación, sin embargo, no lo detuvo. Estuvo pensando en él día y noche pidiendo que el Señor lo guardara y que corrigiera su camino.

Por su parte el hijo que dejó el hogar, se fue a despilfarrar todo el dinero y obviamente se lo terminó. Estuvo en situaciones muy deplorables e incluso terminó cuidando de los cerdos del dueño de una tierra. Pero de repente, un buen día, al sentirse harto de estar comiendo “algarrobas” que era el alimento que se le daba a los cerdos, por fin se da cuenta de la terrible condición en la que estaba. Recuerda justo en ese momento que hasta los empleados de su padre comían mejor que él en ese momento. Es ahí cuando vuelve en sí, tal como lo dice la Palabra en el versículos 17: “Y volviendo en sí, dijo ¡cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre”.

La frase “volver en sí” quiere decir tener un arrepentimiento genuino. Es cuando el temor de Dios regresa a nosotros, cuando se nos quita la venda de los ojos y decimos: ¿qué es lo que estoy haciendo?. Es ahí cuando ya podemos reconocer en verdad nuestros errores, es ahí cuando ya podemos regresar a los caminos de Dios y podemos pedir un perdón de todo corazón. Cuando se decide hacer esto, se hace sin esperar nada a cambio, debe haber cero expectativas de que a uno lo vayan a perdonar o a tratar muy bien. Sabemos que le confianza se debe ganar de nuevo. Es ése el verdadero arrepentimiento que se hace evidente no sólo con hechos, sino con palabras.

Continuando con la historia, en el versículo 18 dice algo sumamente importante: “Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti”. Que importante la jerarquía que aquí nos marca. Este muchacho sabía que le había fallado primero a Dios y luego a su padre terrenal.

Así de importante fue también el comportamiento del padre cuando el hijo regresa a pedirle perdón. Ese es el comportamiento que nosotros también debemos imitar cuando nos toca estar del otro lado y tenemos que perdonar a esa persona que nos falló, que se equivocó, pero que volvió en sí. El Padre lo recibió con una gran fiesta y pidió que lo vistieran con las mejores ropas, pues esperó tanto este momento que su corazón estaba lleno de gozo y lo último que quería era ponerse a reprocharle nada.

Por su parte, el otro hijo se puso celoso. Le dijo que si él todo lo había hecho de manera correcta, si estaba siempre a su lado trabajando por qué nunca había recibido una fiesta en su honor por su buen comportamiento. Le contestó el padre que él estaba ahí protegido y cobijado por todo lo que su padre tenía, sin embargo, su otro hijo había vivido cosas muy difíciles. Es así como al final de este capítulo le dice “tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado”. Era necesario festejar este gran suceso. Es lo mismo que pasa cuando Dios va y recupera un alma perdida, hay fiesta en el cielo.

Me despido hoy con el versículo de Juan 15:9 “Como el padre me ha amado, así también yo os he amado, permaneced en mi amor”. Mientras Jesús viva en nosotros vamos a estar bien, y aunque nos equivoquemos vamos a saber pedir perdón, tener un arrepentimiento genuino y así también vamos a saber perdonar.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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