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Milenio

Han pasado casi siete meses desde que inició la pandemia por covid-19, pero el exterior de la Unidad de Infectología del Hospital La Raza luce como el primer día: decenas de familiares de pacientes siguen aglomerándose en la banqueta sobre la lateral de Circuito Interior e Insurgentes Norte, en espera de algún informe, sin oportunidad, aunque quisieran, de respetar la sana distancia. “Nos amontonamos para escuchar porque no tienen alta voz a la hora de que se dan los informes.

Tenemos que acercarnos. No hay de otra”, dicen. Laura Natividad lleva 18 días con sus noches afuera de este hospital; es testigo de los que entran y salen -vivos o muertos- y asegura que desde hace al menos una semana, el número de personas hospitalizadas va en aumento. “Había unos días en que aquí la gente era poca así que algo está pasando porque la gente se volvió a juntar otra vez”, relató. 238 días han pasado desde que inició la pandemia del covid-19 en México y miles de pacientes han pisado este hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que trabaja 24 horas al día, los siete días de la semana.

En el exterior, como desde hace casi siete meses, son otras personas, pero todas con los mismos rostros: enjutos, cubiertos por cubrebocas que no logran esconder la angustia. Familias que durante meses vieron pasar la pandemia en historias que, dicen, sólo veían en televisión, que se les hacían ajenas, hasta que la realidad los alcanzó. “Es muy agotante, desesperante ver a tantas personas que salen llorando o sus familiares que ya están muertos”, dice Patricia Sandoval, mientras espera el alta de su papá, quien estuvo hospitalizado 15 días. Para intentar ver un instante a sus familiares, la gente sube hasta la mitad de las escaleras del puente peatonal, que está justo frente al hospital. Ahí se paran y gritan. Agitan la mano en señal de saludo. Si tienen suerte, desde adentro otra mano les contesta.

En los barandales de la estructura y como testigos mudos de la pandemia, en este hospital cuelgan cartulinas con mensajes de aliento. Algunos ya viejos, casi desprendidos, llevan la historia de los pacientes que aquí estuvieron. Carteles y gritos desde el puente peatonal son las únicas alternativas que tienen para sentir cerca a sus enfermos, en esta epidemia que no permite visitas a los hospitales. Lirio gritó con todas sus fuerzas, desde el puente pero no tuvo respuesta.

Su hijo de 27 años tiene covid-19 y el informe médico de este jueves lo reportó como grave. Mientras, Juan Barrera dice que su tío, quien lleva 20 días hospitalizado, será dado de alta este viernes. “Los doctores dicen que se va pero no es porque ya esté bien, no crea usted. Se va a ir porque ya está más o menos. Lo que quieren es desocupar las camas para los que vienen porque ya hay más gente mala. En casa hay que seguir con el oxígeno y los cuidados”, lamenta. La Ciudad de México lleva 10 días con alza en el número de hospitalizados. Mantiene alrededor del 50 por ciento de capacidad hospitalaria, pero la Unidad de Infectología de La Raza del IMSS ya está al 80 por ciento de su capacidad.

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