Publicidad

Fabiola Navarrete/Tu Tiempo Digital

Hola que tal, bendecida me siento por estar una vez más aquí y espero de todo corazón que el Señor siga siendo quien reconforte su alma y el que los siga guiando por senda de justicia.

En esta ocasión continuaremos con el libro de Santiago. La vez pasada hablamos sobre el Capítulo 4 pero ahora continuaremos con el Capítulo 5 que es de hecho, el último capítulo de este libro y que está lleno de mensajes valiosos que nos ayudarán a ser mejores y a comprender aún más lo que nuestro Padre espera de nosotros.

El título de este Capítulo 5 es “Contra los ricos opresores”. Nos inicia hablando de cómo la personas que fincan su felicidad y su seguridad en las riquezas, llámese su cuenta bancaria o las propiedades que poseen, en realidad son personas que se alejan por completo de lo que Dios nos pide. Ya de manera específica nos dice en el versículo 2 y parte del 3: “Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla”. Vuestro oro y plata están enmohecidos…”

Todo lo que tenemos en realidad no vale nada, todas esas cosas materiales pueden desaparecer en cualquier momento. Ni el oro ni la plata incluso son eternos, también se llenan de moho. No se debe acumular las cosas sólo para sentirse “seguros” hay que saber desprendernos de todo y de todos. Lo que Dios nos pide es compartir con otros lo que tenemos y practicar la misericordia, la compasión y la generosidad. Estas son virtudes que ya las personas que viven sólo en el mundo material no logran tener porque su amistad es con el mundo y no se preocupan ya por las cosas espirituales, las cosas eternas que deben ser nuestra prioridad.

Toda esta forma de vivir hace que sus corazones estén engordados, que sólo piensen en ellos mismos y  condenan al justo, quien ya ni siquiera opone resistencia. Y es así como se llega a la siguiente parte del Capítulo 5 que se subtitula Sed pacientes y orad. Aquí se hace referencia a las personas que son llamadas “justos”. Aquellos que no acumulan riquezas, que trabajan con amor pero lo hacen para Dios y no para los hombres pues saben que de Él recibirán la recompensa (Colosenses 3:23-24).

En el versículo 7 dice: “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad como el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguarda con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía”.  No han nada mejor que saber esperar lo que Dios tiene para nosotros y será Él quien nos dote de la paciencia necesaria durante este proceso. Durante el tiempo de la siembra desarrollamos nuestra paciencia la cual será recompensada al momento de recoger la cosecha.

La lluvia temprana es esa obra diaria que hace Espíritu Santo en nosotros y es la que nos convence, nos instruye y nos da poder y autoridad como hijos de Dios. La lluvia tardía es la dotación especial del Espíritu Santo que se derrama sobre toda su iglesia. Es algo maravilloso poder recibir estos dos tipos de lluvia y vivir así guiados siempre hacia el mejor camino para cumplir nuestro verdadero propósito en esta tierra.

En los siguientes versículos nos habla sobre algo muy importante que ya vimos en el Capítulo 4 donde hablamos sobre la murmuración. Aquí nos dice que no nos quejemos unos contra otros. Como ya lo hemos dicho anteriormente, la queja es todo lo contrario al agradecimiento. Una persona que se queja es una persona malagradecida que no puede ver las bendiciones que le rodean. Es una persona que no sabe vivir en contentamiento. Y nos vuelve a reiterar que nosotros no debemos juzgar a nadie y nos recuerda que el único juez es Dios.

Al final de este capítulo nos aconseja que tomemos de ejemplo a los profetas y a Job. Pero para mí en primer lugar está Jesús, quién nos vino a dar el mejor ejemplo de obediencia y amor. Los profetas vivieron y soportaron cosas muy difíciles pero se mantuvieron firmes y fieles al Señor. Así también Job, personaje a quien fue dedicado todo un libro de la Biblia. Un hombre que amaba a Dios pero aun así su Fe fue probada y enfrentó cosas muy difíciles en todas las áreas de su vida, sim embargo, y aún sin contar con el apoyo de su propia esposa, se mantuvo fiel a Dios y logró recuperar todo lo que perdió al 101 por ciento.

Sigamos firmes y confiando en ese Padre amoroso que tenemos quien es sin duda, el mejor galardonador de aquellos que le buscan.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

Publicidad

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.