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Univision Noticias

El juicio arrancó el pasado 23 de enero con el testimonio de Sergio Villarreal Barragán, alias ‘El Grande’, un expolicía que se volvió lugarteniente del clan de los hermanos Beltrán Leyva. Él dijo que cuando recién reclutaron al exfuncionario le daban 1.5 millones de dólares cada mes, pero llegó el momento en que acudió a una bodega para recibir más de $14 millones, que era su parte por un negocio de drogas.

Después narró que, cuando los Beltrán Leyva iniciaron una guerra contra ‘El Chapo’ Guzmán, su jefe Arturo Beltrán Leyva ordenó que secuestraran a García Luna para preguntarle a qué bando apoyaba.

Los fiscales cerraron su caso con otro personaje clave: Jesús ‘El Rey’ Zambada, hermano del actual líder del Cartel de Sinaloa, Ismael ‘El Mayo’ Zambada. Este traficante, que ahora está libre y vive con su familia en EE UU, hizo eco a lo que dijo en el juicio contra ‘El Chapo’ Guzmán.

Según ‘El Rey’, un lujoso restaurante de la Ciudad de México fue el lugar en el que el cartel le entregó a García Luna 5 millones de dólares en efectivo dentro de un portafolios y en maletas deportivas.

Otro criminal convicto, Óscar Nava Valencia, alias ‘El Lobo’ y quien era líder del Cartel del Milenio, relató que contribuyó para entregar un soborno considerable al exfuncionario y que más tarde, por su cuenta, le dio 3 millones de dólares en la oficina de un negocio de lavado de autos en Guadalajara.

El destino de esa fortuna ilícita fue una de las grandes interrogantes en este juicio. Durante su declaración final, el abogado defensor César De Castro sumó las «cantidades ridículas» de dinero que los testigos afirmaron le entregaron a su cliente de 2001 a 2012. Fueron al menos 274.3 millones de dólares y, a su parecer, no corresponden al estilo de vida de este.

“Si realmente le hubieran pagado 300 millones de dólares… habría tenido que gastarlo en alguna parte”, dijo De Castro.

En ese tema la Fiscalía se topó con un obstáculo: el juez Cogan impidió que se mostraran gastos del acusado después de que dejó su cargo policial en 2012. Desde ese entonces, el exsecretario de Seguridad Pública se mudó a Florida y adquirió una lujosa residencia en Miami con alberca, embarcadero propio y valorada en más de 3 millones de dólares. También tenía una consultora.

García Luna optó por no declarar en el tribunal, lo cual lo habría expuesto a una batería de preguntas de los fiscales. Pero sí lo hizo su esposa, Linda Cristina Pereyra, siendo la única testigo de la defensa. Ella afirmó que su marido ganó dinero limpiamente y que se hicieron de propiedades y bienes en México gracias a su sueldo cada vez más alto, bonos, préstamos y ganancias por ventas de inmuebles.

Un expediente judicial que estuvo sellado hasta hace unos días y que no fue mostrado al jurado, señala que el exfuncionario ocultó su fortuna usando “compañías corporativas ficticias y terceros para comprar propiedades, pagar empleados y pagar gastos personales para él y su familia”.

Críticas a EEUU por trabajar con García Luna

En este proceso también estuvo en cuestionamiento si Washington supo de los vínculos de García Luna con el narco, cuando las autoridades estadounidenses le consideraban un policía modelo.

Al comienzo del juicio la defensa le mostró al jurado fotografías de reuniones de su cliente con el entonces presidente Barack Obama y la exsecretaria de Estado, Hillary Clinton. También sostuvo encuentros con los titulares de la DEA, el FBI, la CIA, Interpol y otras agencias del orden.

«No hay posibilidad de que el señor Obama se hubiera reunido con el señor García Luna si la DEA, la CIA, el Departamento de Estado o cualquier otra agencia tuvieran información de que el señor García Luna era corrupto», insistió De Castro en los argumentos finales.

Esta duda creció cuando Miguel Madrigal, un agente de la DEA que trabajó en México, reconoció en su testimonio que desde 2010 la dependencia sabía que el acusado trabajaba para el cartel.

Pero siguieron colaborando con la Policía federal en operativos para capturar a ‘El Chapo’ Guzmán y otros criminales. Uno de estos intentos ocurrió en febrero de 2012 en una residencia de Cabo San Lucas, donde se escondía ‘El Chapo’. Todo salió mal porque varios policías llegaron tarde, ingresaron a la casa equivocada y cuando finalmente llegaron al escondite de Guzmán este ya se había escapado, según la narración en el tribunal que hizo José Moreno, un agente del FBI que estuvo en México.

Earl Anthony Wayne, quien fue embajador de EE UU en México, reconoció por su parte que la Policía federal «no era el socio preferido» en acciones contra el Cartel de Sinaloa y los Beltrán Leyva. Pero aseguró que jamás recibió información “creíble” de que García Luna era corrupto.

“También Estados Unidos está muy cuestionado en este sentido. ¿Por qué cooperaron con él durante los seis años de gobierno de Felipe Calderón? Cuando sabían que el señor fuerte de la seguridad estaba vinculado con el crimen organizado”, dijo en una entrevista con Univision Noticias, Guadalupe Correa-Cabrera, profesora de la George Mason University y autora del libro Las cinco vidas de Genaro García Luna.

Correa-Cabrera, quien ha seguido de cerca este caso, considera que la estrategia de los fiscales se quedó corta, pues afirmaban tener más de un millón de hojas de documentos y basto material inculpatorio.

“Todo esto me parece una serie de Netflix, un gran espectáculo. Este juicio se basó simplemente en testimonios de testigos cooperantes o protegidos. Muchos de estos testigos se han caracterizado por su espectacularidad, su exageración, los montos y, además, por la presentación de algunos datos que, si se coteja, entendiendo el contexto en esos años, no corresponden a la realidad”, dijo la profesora.

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