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Fabiola Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola que tal, espero que el amor, la gracia y la paz de Dios sean derramadas sobre todos ustedes y sobre toda su familia.

En esta ocasión el Señor ha puesto en mi corazón dos versículos muy importantes que se encuentran en el Salmo 51. Este salmo fue escrito por el Rey David en un momento crucial de su vida. Él acababa de ser confrontado por el profeta Natán, quien le había dicho que los pecados que había cometido recientemente tendrían una consecuencia.

La vida de David está llena de impresionantes lecciones. Conoció a Dios a muy temprana edad. Siendo apenas un adolescente venció al gigante Goliat porque era Dios a quien él le pedía siempre que lo respaldara y Dios estaba siempre con él. Después se convirtió en el líder del ejército del Rey Saúl y ganó muchas batallas pues era el Señor quien en verdad iba al frente de ese batallón y quien les daba la victoria.

También tuvo que enfrentar muchas pruebas, una de ellas fue el ser perseguido por el mismo Rey Saúl, pero siempre se mantuvo cerca de Dios y confiando en que la Palabra de Dios se cumpliría en su vida. Hasta los 30 años se convirtió en rey.

Ya siendo rey David cometió errores pues seguía siendo tan imperfecto como cualquier otro ser humano, sin embargo,  algo muy destacable de David era que él llegaba siempre ante Dios con un corazón arrepentido y humilde. Además de eso, David, también mostraba siempre ese arrepentimiento genuino y no sólo un remordimiento. Él mostraba con sus actos y no sólo con palabras, que estaba dispuesto a volverse de su mal camino y a seguir por la senda de Dios. 

Ahora bien, cabe destacar también que Dios tenía a David en una muy alta estima. En 1 Samuel 13:14 se expresó de David como un varón conforme a su corazón, o como también se dice, un hombre cuyo corazón estaba alineado al corazón de Dios. Qué hermoso que Dios se pudiera expresar así de nosotros. Este gran concepto que Dios tenía de David implicaba también una gran responsabilidad y le agregaba peso a los hombros de este varón de Dios, sobre todo, cuando él volvió en sí y se dio cuenta del gran pecado en el que había estado viviendo.

Lo que el Rey David había hecho en aquellos momentos fue haber tomado como mujer a Betsabé, quien era la esposa de uno de uno de sus mejores soldados llamado Urías. Además, David había mandado matar a Urías. Betsabé y David ya habían engendrado a su primer hijo cuando el profeta Natán lo confrontó.

Podemos ver en todo  el Salmo 51 como David en verdad estaba sufriendo por la manera en la que había ofendido al Señor. Se sentía sucio y por eso ya en los versículos 9 y 10 dice: “Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí”.

David sabía bien que su corazón lo seguía engañando y le llevaba a tomar decisiones equivocadas, pues como bien sabemos, nuestro corazón es perverso y engañoso. Es por eso que debemos de pedirle a Dios constantemente que limpie nuestro corazón y que mantengan dentro de él ese espíritu de rectitud que evitará que desviemos nuestro camino.

Otra cosa muy importante que David demostró siempre fue el aceptar las consecuencias de sus actos. Esto es algo que nos cuesta mucho trabajo a todos nosotros y que quisiéramos evadir. Sin embargo, es esta aceptación la que nos permite mostrar este arrepentimiento genuino. David aceptó que la vida de su primogénito fuera tomada. Sin embargo, Dios le concedió otro hijo que fue el Rey Salomón y de ahí toda su demás descendencia que fue más que bendita hasta llegar a Jesús.

Hoy les quiero compartir cuatro cosas que podemos hacer para mantener nuestro corazón alineado al de Dios:

1.- Aceptar a Dios como nuestro Señor y Salvador. Esto es pasar de ser sólo criaturas de Dios ya ser sus hijos.

2.- Pasar tiempo a solas con Dios. Esto se logra a través de la oración y deleitándonos en su presencia.

3.- Llenarnos de su Espíritu, lo cual se logra por medio de la oración y la lectura de su Palabra.

4.- Ser obedientes. Cuando nosotros logramos deleitarnos en cumplir los estatutos de Dios, ya no nos cuesta tanto trabajo ser obedientes. Recuerden que la obediencia es la principal muestra de adoración que le podemos dar a nuestro Padre.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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