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Faby Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola a todos, con un corazón lleno de agradecimiento me dirijo a ustedes hoy esperando que el Señor sea quien guíe este mensaje y así también que sea Nuestro Padre quien siga reconfortando su alma.

Vamos a continuar con el Capítulo 14 de Proverbios. Hoy veremos los versículos 9 y 10 en donde nos siguen hablando acerca de la diferencia en el actuar  de los necios y de los rectos, así como de las consecuencias que cada uno de ellos acarreará a su vida justo por su manera de comportarse.

En el versículo 9 dice: “Los necios se mofan del pecado; Mas entre los rectos hay buena voluntad”. Ya sabemos que los necios son las personas testarudas, imprudentes e impacientes que además de todo, pecan ya de una manera deliberada.

Pecar significa “erar en el blanco”. Sabemos que esto es algo difícil de lograr y todos nos equivocamos. Es imposible que siempre le demos al blanco, pues somos imperfectos. Sin embargo, hay que saber reconocer cuando nos equivocamos. Aquellos que pecan de una manera intencional son quienes ya tienen un corazón endurecido, su vista está totalmente bloqueada por la venda que tienen en los ojos. Son personas que ya no se arrepienten de las cosas malas que hacen.

Muy por el contrario, entre los rectos se encuentra el Espíritu Santo de una manera muy activa y es justo ese espíritu el que nos redarguye cada vez que se nos presenta un camino tentador pero que no es agradable para Dios. Antes de que tomemos el camino equivocado, el Espíritu Santo nos va a jalar hacia el camino correcto, el que nos llevará a recibir la bendición que Dios ya tiene preparada para nosotros.

Al hablar de todas estas decisiones o caminos que tomamos y de las consecuencias que traerán a nuestra vida, es importante destacar que la mayoría de esas cosas desagradables que nos suceden, no son más que las consecuencias de malos actos, malas decisiones, caminos que se apartan de la Voluntad de Dios. En otras ocasiones hay cosas que Dios permite que nos pasen porque de esa manera logramos encontrarnos con él y aprendemos a depender sólo de Él. Sea que tú te lo buscaste, o que Dios lo permitió el resultado debe ser el mismo si es que logras sacar lo mejor de tu paso por el desierto. Recordemos que el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9).  De cualquier situación adversa, si nos tomamos de la mano de Dios no sólo la atravesaremos con éxito, sino que saldremos totalmente fortalecido. Recordemos que para los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).

Otra parte muy importante de la que debemos hablar es de la amargura que puede albergarse en nuestro corazón y que lastima nuestra alma y todo nuestro ser. Como ya sabemos el alma está compuesta de las emociones que se localizan en el corazón, y de la voluntad que se encuentra en la mente. En el versículos 10 dice: “El corazón conoce la amargura de su alma;  Y extraño no se entremeterá en su alegría”.

La raíz de amargura se forma de una manera muy rápida. Inicia con una ofensa que luego se convierte en rencor y cuando menos lo esperamos, ya estamos con una amargura muy grande en nuestro corazón. En Hebreos 12:15 nos dice: “Mirando bien de que ninguno se aparte de la gracia de Dios, no sea que brotando alguna raíz de amargura, os perturbe y por ella muchos sean contaminados.

Tenemos que tener mucho cuidado con la amargura, pues no sólo destruye a la persona que la posee y la llena de infinidad de enfermedades físicas, sino que además, se va a extender a los miembros de la familia contaminando a todos. La amargura ha destruido ya a muchas familias y lo sigue haciendo. Está en nosotros dejar de permitir que esto pase. Recordemos que el único que conoce y escudriña nuestro corazón es Nuestro Padre Celestial.

Pidamos al Señor que sea Él quien limpie de continuo nuestra alma para que arranque de nuestro corazón la raíz de amargura que pudiera existir. Una vez hecho esto nosotros somos los responsables de impedir que la amargura vuelva a albergarse en nuestro corazón y esto sólo lo lograremos manteniendo una estrecha relación con nuestro Creador y siendo personas rectas.

Cuando Dios ve que hacemos un gran esfuerzo cada día por hacer lo correcto y por llenar nuestro corazón de cosas puras, buenas, dignas, y agradables para Él, no permitirá que nadie nos robe la alegría, pues Él quiere que en nuestra vida sobre abunde la paz y la plenitud de gozo.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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