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Fabiola Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola que tal bendecida de estar aquí por compartir un mensaje más de parte de Nuestro Padre y que estoy segura será de bendición para todos ustedes. Es ya hora de hacer algo, hay que activarnos ya ante toda esta situación que está cada día más crítica. Sigue en aumento el índice de decesos y desafortunadamente, ya no es sólo por causa del COVID, sino por muchas otras enfermedades.

Todas estas enfermedades son causadas por ese temor que se está apoderando de todos nosotros cada día más y que nos paraliza. Ese miedo que nos nubla la razón y sólo nos hace sentir desolados y nos llena de ansiedad. No permitamos que este temor cobre más vidas por favor. Tenemos que salir adelante y esto sólo lo lograremos confiando plenamente en Dios. Es ahora más que nunca que debemos recordar todo eso que se encuentra en su Palabra en donde nos recuerda una y otra vez que debemos ser valientes y esforzarnos cada día, sabiendo que Él nos respalda y nos protege.

El mismo Jesús nos dijo en Juan 16:33 “En este mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Desde  ese momento Jesús nos estaba advirtiendo que el paso por este mundo no sería todo el tiempo tan placentero y que habría situaciones difíciles que nos tocaría atravesar. Pero a su vez nos dice que ahí estará Él y su Padre para levantarnos y sacarnos de cualquier situación adversa. Jesús nos demostró el poder de Dios al resucitar al tercer día y sigue vivo hoy. No vino a sanar sólo en aquellos tiempos, él sigue haciendo milagros hoy en día.

¿Cómo podemos evitar que este temor se apodere de nosotros?. Como ya hemos explicado muchas veces el ser está compuesto de cuerpo, alma y espíritu. El espíritu es lo que más debemos alimentar. Esto se logra a través de la oración que es la constante comunicación con Nuestro Padre y a través de la lectura de su Palabra. Es través de este Espíritu que Dios depositó en nosotros cuando nos dio ese soplo de vida, que entramos en comunión con nuestro Creador. El alma está compuesta del corazón, en donde se albergan las emociones y sentimientos; y de la mente o entendimiento, en donde se albergan los pensamientos y la voluntad. Es muy importante saber qué cosas guardamos en nuestro corazón y en nuestra mente. Es por ello que hay que ser muy selectivos con las cosas que vemos, escuchamos y leemos.

Igual de importante es también el que saquemos toda falta de perdón de nuestro corazón para evitar que se forme una raíz de amargura. En nuestro corazón debe abundar el amor, el perdón y todo tipo de cosas buenas, rectas, dignas, puras, de buen nombre. Entre más bondad exista en nuestra alma mejor actuaremos y mejores decisiones tomaremos. En este tipo de alma no podrá entrar la ansiedad y por ende, nuestro cuerpo estará funcionando al cien por ciento. Recordemos que cuando nos sentimos ansiosos o estresados, todo se refleja en nuestro cuerpo y se puede generar un padecimiento que quizás ni teníamos antes, o bien, se agrava alguna condición que ya se nos había presentado antes. Es tan importante cuidar el cuerpo físico, como el espíritu y el alma. Sólo así lograremos que nuestro sistema inmunológico se encuentre en el nivel más alto y ningún virus u otro tipo de enfermedad nos pueda atacar, o si bien nos llegara a atacar, quizás no nos afecte de una manera tan grave.

En Josué 1:9 encontramos una cita que nos alentará a esforzarnos más cada día y no sucumbir ante todo este panorama que nos desalienta constantemente y nos llena de temor. Aquí Josué se encontraba literalmente muerto de miedo porque tenía que convertirse en el sucesor de Moisés y seguir guiando al pueblo de Israel. Aquí Dios le dice: “Esfuérzate y sé valiente. No temas ni desmayes, que yo soy el Señor tu Dios, y estaré contigo por dondequiera que vayas”. Dios le da este mandato tan importante y directo a Josué y no lo sigue dando a todos nosotros. Nuestro Padre es un padre que nos exige ser valientes, pero es Él mismo quien nos ayudará y nos dará la fortaleza, la valentía y el coraje para lograr todo. Recordemos que Él es nuestra sombra protectora a nuestra mano derecha, es nuestro amparo y fortaleza y bajo la sombra de sus alas estaremos seguros.

Tenemos otra promesa hermosa en Isaías 41:10 que dice “No temas porque yo estoy contigo, no desmayes porque yo soy tu Dios que te esfuerzo, siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. Mientras nos mantengamos en la palma de la mano de Nuestro Padre nos mantendremos a salvo.

En Mateo 28:20 Jesús le dijo a sus discípulos: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Ellos aquí  sentían que no lograría llevar el evangelio a todas las naciones, pues ya Jesús no estaba entre ellos, sin embargo, al escuchar estar palabras, recibieron la fortaleza necesaria para cumplir con esta gran comisión.

Así  también nosotros debemos creer en esta promesa y sentirnos seguros en todo momento porque Dios es Fiel y nunca nos abandonará. El Señor  siempre, siempre, siempre estará a nuestro lado.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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