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Telemundo Noticias

Más de una docena de infantes de la Marina de Estados Unidos en California fueron acusados de participar en una red de tráfico de personas. El ‘coyote’ que los contrató aseguró que eran los contrabandistas “ideales” pues nadie sospecharía de ellos.

A sus 20 años, Francisco Rojas Hernández había trabajado como coyote contrabandeando inmigrantes indocumentados a Estados Unidos los últimos dos años de su vida. Ahora tenía un plan para «hacer dinero de verdad».

Se le «prendió el foco», dijo, un día que le presentaron a un infante de la marina de Estados Unidos que buscaba ganar un poco de dinero extra. Hasta hacía poco su trabajo había sido manejar y recoger a los migrantes donde le indicaban en un punto cerca de la frontera y dejarlos cientos de millas tierra adentro. Ganaba algunos cientos de dólares por cada viaje. Pero ahora se iba a encargar de reclutar a otros como él.

«Allí es donde se gana el verdadero dinero», dijo desde la cárcel en una entrevista con el portal de internet Vice News.

Ese día descubrió que los infantes de Marina o marines eran los contrabandistas «ideales», pues estaban «bien presentados», «eran obedientes» y nadie sospechaba de ellos. El hombre que contrató para llevar a los migrantes del punto A al punto B pronto le refirió a más infantes, todos jóvenes de alrededor de 20 años de la base naval de Camp Pendleton.

Camp Pendleton es la mayor base naval de California. Los reclutas que se enlistan allí para servir en la Marina son jóvenes y ganan poco dinero, unos 26,000 dólares anuales (menos que el salario mínimo en California).

En contraste, pueden ganar alrededor de 500 dólares por cada viaje de contrabando de migrantes, lo que resulta atractivo para muchos.

Cuando Byron Law se enteró de que uno de sus compañeros de Pendleton había ganado 1,000 dólares en una sola noche transportando a migrantes indocumentados, no lo pensó dos veces.

Los migrantes pagan entre 11,000 y 14,000 dólares para que los coyotes los ayuden a pasar de sus comunidades de origen en Guatemala, Honduras, El Salvador, y más recientemente también Nicaragua, Ecuador, Venezuela y Brasil, hasta Estados Unidos. El viaje es peligroso y deben cruzar varios países en su camino, incluido México. Para pasar, a menudo tienen que pagar una cuota a grupos criminales que controlan partes del territorio mexicano.

Rojas, hijo de inmigrantes mexicanos nacido en San Diego, California, le contó al medio citado que podía ganar unos 5,000 dólares por cada migrante que contrabandeara con éxito al interior de Estados Unidos, menos los 500 dólares para el chófer que los llevaba.

Desesperados por encontrar una vida mejor en Estados Unidos, los migrantes cada vez están dispuestos a pagar más dinero para escapar de la pobreza extrema y la violencia en sus comunidades de origen. Se calcula que en el año 2000 contratar un coyote costaba unos 2,000 dólares. Hace cinco años la suma era de unos 6,000 ó 7,000 dólares.

Las medidas antiinmigrantes de las últimas Administraciones no solo han dificultado el acceso a través de la frontera, donde se han construido más vallas y obstáculos para impedir el paso y se han ampliado los patrullajes y la tecnología de la Patrulla Fronteriza, sino que también se ha restringido las vías legales para emigrar al país, creando un cuello de botella con listas de espera de décadas para tener una oportunidad de ingresar al país legalmente.

El resultado ha sido un aumento considerable en los cruces ilegales en los últimos años. En el año fiscal 2021 (de septiembre de 2020 a octubre de 2021), las autoridades registraron más de 1.7 millones de encuentros de migrantes no autorizados en la frontera con México, una cifra récord.

Rojas dijo que llegó un momento en el que estaba coordinando múltiples operaciones de contrabando en un día, empleando a más de una docena de infantes de la Marina de la base de Pendleton. En una semana podía llegar a ganar hasta 20,000 dólares, le aseguró a Vice News.

Sin embargo, todo se vino abajo una mañana de julio de 2019, cuando un agente de la Patrulla Fronteriza que estaba al acecho de migrantes que intentaran cruzar ilegalmente avistó el auto BMW negro en el que viajaba Law y otro compañero de la base naval, David Salazar-Quintero.

El agente vio algo sospechoso: el BMW se había salido del camino en medio de la nada y había regresado a los pocos minutos solo para dar una vuelta en u y regresar por donde había venido.

Cuando los detuvo, ninguno negó lo que estaban haciendo, incluidos los dos migrantes que confesaron haber ingresado al país de manera irregular. El arresto de los marines reveló una red de tráfico de personas al interior del organismo militar que había sido enviada a la frontera justamente para ayudar en las tareas de patrullaje, lo que provocó un escándalo.

«Justo bajo las narices no solo de sus comandantes, sino de las agencias de aplicación de la ley federales y militares, planeó, coordinó y ejecutó el transporte de extranjeros ilegales y la distribución de drogas para su provecho financiero», dijo el fiscal militar que llevó el caso de Law y Salazar-Quintero.

«Es tan impactante como perturbador pensar que, literalmente, había miles de dólares de dinero del cártel fluyendo a través de Camp Pendleton”, agregó.

Aunque las autoridades militares arrestaron en julio de 2019 a 16 marines que eran sospechosos de haber participado en el contrabando de migrantes que organizó Rojas, solo dos pudieron ser acusados formalmente, los que ya habían admitido su culpabilidad, porque un juez consideró que se violó el derecho al debido proceso de los demás cuando los exhibieron frente al resto de su compañía a manera de reprimenda.

El caso es ilustrativo de lo extendidas que están las redes de tráfico de migrantes en Estados Unidos, pues cada vez incluyen a más ciudadanos (más del 71% de los detenidos por este tipo de delitos, según datos de la Comisión de Sentencias), muchos de los cuales también pertenecen a las fuerzas armadas o las agencias de aplicación de la ley, aunque esas cifras no están desglosadas.

Law fue sentenciado a 18 meses en prisión y Salazar-Quintero a 12 meses. Ambos se disculparon públicamente por su papel en el esquema de contrabando de personas.

Rojas recibió una condena en un tribunal federal de 10 meses a cambio de cooperar con las autoridades para decirles todo lo que sabía.

«Amaba la cantidad de dinero que me trajo. Pero así como vino, el dinero se fue», le dijo Rojas al diario citado. «En mi familia, en mis hijos, en la mami de ellos, en marihuana, en eventos lujosos, hoteles, restaurantes caros, casinos. Tenía apenas 20 años y sabía que quería hacer algo legal con ese dinero, pero me cegó por completo», añadió.

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