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Univision Noticias

Fernando no se ha contagiado con coronavirus, pero está trabajando menos días que antes como asistente de plomero. Su esposa Herlinda perdió su trabajo limpiando casas y cuidando niños y cuenta que a veces se deprime porque ya han pasado varios meses y no encuentra trabajo.
La pareja de inmigrantes indocumentados que vive en Los Ángeles, California, y recibe ayuda de bancos de alimentos mató uno de lo pollos que crían para el Día de Acción de Gracias y la pasaron solos, sin sus hijos ni nietos, que viven en Milwaukee y Texas.
“En el Día de Acción de Gracias solo matamos un pollito. Vivimos como en el pueblo, sabe, entonces sabemos sobrevivir con poca comida, con lo básico: frijoles, salsita, tortillas. No podemos darnos el lujo de comprar pescado o carne”, dijo Fernando a Univision Noticias, inmigrante oaxaqueño de 49 años que habló bajo condición de anonimato por temor a ser blanco de represalias por parte de las autoridades de inmigración.
A días de Navidad y el Año Nuevo, el aumento de los riesgos de contagio con coronavirus recrudece la situación de inmigrantes como ellos, a la vez que las necesidades aumentan, la ayuda federal para los bancos de alimentos se reduce y con ellos uno de los pocos soportes con los que inmigrantes indocumentados han podido contar en medio de la crisis económica generada por la pandemia .
Más necesidades, menos ayudas
Como Fernando y Herlinda, miles de inmigrantes indocumentados han perdido sus trabajos o están trabajando menos por el coronavirus, según activistas y organizaciones que ayudan a estas personas. Por su estatus legal, estos inmigrantes no reciben beneficios por desempleo ni fueron contemplados dentro de las ayudas aprobadas en el paquete de estímulo económico de marzo pasado, como los cheques enviados a los hogares de Estados Unidos.
La situación de los grupos vulnerables podría recrudecer aun más en las próximas semanas, cuando los bancos de alimentos del país prevén perder alrededor del 50% de la ayuda que reciben del Departamento de Agricultura, pese a que la necesidad de recurrir a ellos ha aumentado, en promedio, un 60%, reportó The Washington Post.
Uno de estos programas que se está quedando sin fondos es el Farmers to Families Food Box, establecido por el gobierno federal en mayo para ayudar a familias rurales y personas que perdieron sus trabajos por la pandemia. El programa iba a brindar ayuda hasta fines del año, pero va a acabar antes en varias regiones debido a la creciente demanda, agregó el diario.
El programa empezó con $1,200 millones en la primavera, siguió con fuerza con $1,760 millones y luego $1,000 millones, pero la última asignación fue de solo $500 millones.
«Justo antes de Navidad»
“Las necesidades van más allá de lo que podemos comprender”, dijo Lawdia Kennedy, quien supervisa un programa de entrega de alimentos en un área suburbana de Atlanta. “Teníamos tres camiones programados para el sábado y volaron. A seis estados les han dicho que no habrá alimentos, justo antes de Navidad. Es difícil explicar con palabras lo que esto significa para las familias que trabajo”, abundó.
Kennedy, encargada de la organización sin fines de lucro Queen Material Community Center, dijo que trató infructuosamente de buscar alternativas para la escasez de alimentos.
“Le he estado diciendo a la gente que (la entrega de alimentos) se ha aplazado y podría realizarse el próximo fin de semana”, dijo, “pero esa esperanza mía se está convirtiendo en una mentira”.
La crisis económica también está golpeando a las trabajadoras domésticas, jornaleros que buscan trabajo en las esquinas, personas que viven en las calles, campesinos y otras personas vulnerables.
Más de 20,000 trabajadoras domésticas latinas, por ejemplo, perdieron horas laborales o sus trabajos debido de la pandemia durante la primavera y el verano, de acuerdo con un estudio de la Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas publicado en octubre.
El miedo al virus y a ICE
Fernando afirma que él ni si esposa han ido a recoger alimentos gratuitos por temor a las autoridades de inmigración y el riesgo de contagiarse con el virus, un fenómeno que observan grupos que asisten a comunidades inmigrantes, donde muchos que están en situación irregular se abstienen de solicitar ayudas porque desconfían de las autoridades.
“Tenemos miedo. Recibimos comida de amistades que recogen comida en la Pico (el bulevar) y Arlington (la avenida) y de otros lugares que donan comida (…) nos han ayudado porque comparten lo que recogen. Me da miedo porque siempre hay que usar guantes y mascarillas y no me acerco mucho porque hay mucha gente. A veces también es el temor de que uno es indocumentado”, puntualizó Fernando.
Comunidades Indígenas en Liderazgo (CIELO), una organización sin fines de lucro del área de Los Ángeles que brinda ayuda financiera a indígenas, les asistió un par de veces con cientos de dólares en tarjetas para comprar alimentos.
CIELO, con sede en Los Ángeles, ha entregado casi $900,000 en tarjetas para comprar alimentos a 2,146 personas hasta septiembre, según su sitio web.
El gobierno de California y otras entidades también han dado ayuda financiera a personas de bajos recursos que se han visto afectadas por el coronavirus.
Los costos del coronavirus
Fernando es considerado como una persona de alto riesgo ante el virus porque es diabético y “tiene problemas en los pulmones”, pero dice que no ha ido a ver a un doctor porque no tiene seguro médico ni dinero para pagar por la consulta.
“Me cobraban como $150 por el chequeo de pulmones, así que no he ido con el doctor. Estoy esperando tener dinero y por ahora cuidándome nomás”, dijo a Univision Noticias.
La crisis también ha hecho que se le haga «difícil pagar la renta” de su apartamento, $1,414 al mes, y que solo pueda enviar unos $50 a sus padres en México de vez en cuando, en comparación a los $200 o $300 que les enviaba antes.
“Es una frustración no poder ayudarlos bien”, dijo. “Teníamos un ahorrito, pero ya se nos fue. Ya no tenemos casi nada. Sin ayuda de mis hijos no la haríamos, nos hubiéramos tenido que mudar”, reconoció.
La pareja se prepara para una Navidad dura, probablemente sin poder ver de nuevo a sus hijos ni nietos.
“Mis hijos piensan viajar, pero no quieren agarrar el virus. Nos invitan, pero el transporte es riesgoso. No estamos seguros de salir para reunirnos con hijos”, dijo. “No hay cómo salir de esto pronto. Lo bueno es que no nos hemos contagiado”.

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