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Fabiola Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola a todos, con mucho gozo e infinito agradecimiento por estar aquí una vez más, los saludo hoy. Que sea el Señor guiando este mensaje de bendición para todo aquel que haya dispuesto su corazón en este momento.

Justo el lunes celebramos el “Día del Amor y la Amistad”, así que no hay mejor momento que hoy para hablar sobre este tema tan importante. El amor es una fuerza maravillosa que nos impulsa a hacer cosas que ni nosotros mismos pensamos que seríamos capaces de hacer. Es ese gran motor que está dentro de todos nosotros.

Es también definido como un sentimiento o una emoción que incluso provoca reacciones en nuestro cuerpo tales como sentir “mariposas en el estómago” o sentirse “volando entre las nubes”. Además es también lo que nos impulsa a ser mejores personas.

Sin embargo, en la Palabra de Dios, el amor no es únicamente un sentimiento o emoción, sino una decisión. Dios nos enseña a comprometernos con las personas que amamos para que nuestras relaciones permanezcan a pesar de las dificultades que atravesemos. El sentimiento es algo muy bonito y es válido sentirlo, pero debe ir acompañado de la decisión de amar para que se amor florezca y se duradero.

Somos muy afortunados al tener en nuestra vida personas que nos aman y a quien amamos. Recordemos que es el amor el vínculo más fuerte que debe unir a las personas. En Colosenses 3:14 dice: “Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto”. Si nuestras relaciones están siempre unidas por el amor, esos lazos no se podrán romper, sino que se harán cada vez más fuertes.

En 1 Pedro 4:8 nos dice: “Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados”. Cuando escuchamos estas palabras nos imaginamos que todo fluirá siempre de una manera natural mientras nos amemos, pero no es así, los seres humanos cometemos muchos errores y podemos lastimar a quienes amamos.

Dios nos pide que amemos no sólo a los que nos aman, sino que perdonemos y amemos a los que nos decepcionan o nos ofenden. Esto sí que es todo un reto para muchos de nosotros. Pero Jesús nos vino a demostrar que sí es posible. Estando en la cruz Jesús dijo a su Padre: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Además, también perdonó a Pedro por negarlo 3 veces y a Judas por entregarlo. A ellos los volvió a amar como antes y los llamó no sólo sus discípulos, sino sus amigos.

En esta área de perdonar al que nos ofende, y además hacer todo lo posible por restaurar la relación con esa persona, tengo un poco de experiencia. Sé muy bien que el sentirnos ofendidos por una persona que según nosotros “nunca nos fallaría” es muy doloroso, pero recordemos que antes que nada, debemos mostrar ese amor que Dios nos ha enseñado a sentir por los demás. No pasa nada si nosotros hacemos todo lo posible por aclarar las cosas y hablar para llegar a un acuerdo, al contrario, eso nos dará mucha paz. Ahora bien, sabemos que el resultado no depende de nosotros, pues una relación es de dos personas. Ni el mismo Dios puede obligar a nadie a tomar una decisión. Si la relación no se logra restaurar porque la otra persona no lo quiere, lo único que nos queda hacer es seguir orando por él o ella y caminar tranquilos sabiendo que al menos, lo intentamos.

En la Palabra encontramos la más hermosa definición del amor. En 1 Corintios 13: 4-5 dice “El amor es paciente y bondadoso; no es envidioso ni jactancioso, no se envanece; no hace nada impropio; no es egoísta ni se irrita; no es rencoroso”. El amor, todo lo perdona, todo lo sufre, todo lo espera.

Muchas personas me han dicho que esto tipo de amor es imposible de practicarlo, pero Jesús, en su condición humana, logró amarnos de esa manera. Es muy importante que al menos, lo intentemos, porque les aseguro que al hacerlo, nos sentiremos mejor y obtendremos también muchos mejores resultados en nuestra vida.

Jesús es ese amigo Fiel que todos tenemos porque nos brindó el más puro y grande amor. En Juan 15:13 dice “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”. Tener buenos amigos en esta vida es una bendición. Esas personas especiales con las que no compartimos lazos familiares pero que han estado ahí para apoyarnos, animarnos y también para hacernos ver nuestros errores.

Sin embargo, el amor más importante que debe prevalecer en todos nosotros es el amor a Dios, el más valioso de todos. 1 Juan 4:16: “Y nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él”.

Sentirnos amados por Dios es lo mejor que podemos experimentar y es lo que nos otorga la “identidad” como hijos de Dios. Una vez sabiendo lo que somos para Él, nada ni nadie podrá hacernos dudar de nuestro valor.

Tener en nuestra vida seres amados es un tesoro invaluable, pero no debemos depositar nuestra felicidad en eso. El amor de Dios es el que nos permitirá vivir en plenitud aun cuando estemos solos físicamente. Es este mismo amor el que nos ayudará a mantener relaciones personales duraderas.

En 1 Corintios 13:13 Dios nos pide que cultivemos 3 virtudes muy importantes que son La Fe, La Esperanza y el Amor. Sin embargo, nos recalca que el amor es la más excelente de las tres.

Que siga siendo derramado ese amor de Dios en todos nosotros para que a su vez, nosotros seamos también portadores de ese mismo amor. ¡Vamos a esparcir este amor al mundo entero!.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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