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Faby Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola a todos, con un espíritu fortalecido por el Señor, me dirijo hoy a ustedes con un mensaje que Dios ha puesto en mi corazón y que estoy segura, nos confrontará. Pido en todo momento que Dios abra su entendimiento y su corazón para que no sólo lo reciban, sino que lo lleven a la práctica.

Cada vez que Dios me muestra el mensaje del que hablaremos en estas reflexiones, me toca afrontar en mi propia vida, situaciones en donde justamente me toca aplicar lo que la Palabra de Dios nos aconseja que hagamos ante tal o cual situación.

Justo la semana pasada me tocó escuchar algo de una persona que vive una vida totalmente contraria a lo que Dios nos pide y que estaba dando consejos de cómo ser una buena persona. La verdad no me pude contener y si dije algo que no era correcto porque se me hacía una total incongruencia. Pedí disculpas a la persona enseguida y también a Dios.

Sin embargo, al estar escribiendo este texto y leer el versículo que hoy estudiaremos, sentí una tremenda necesidad de contactar a esta persona y pedirle perdón una vez más y de una mejor manera. Sabía que esta persona no lo tomaría de la mejor manera pero aun así lo hice. Me sentí tan aliviada después de hacerlo y sólo así pude continuar con este mensaje.

Es difícil mostrar amor, amabilidad, gentileza y bondad a las personas que nos señalan o que incluso desafían nuestras creencias. Aún más si esas personas nos han ofendido a nosotros en el pasado. Pero recordemos que Jesús nos vino a mostrar que debemos perdonar al que nos ofrende e incluso darle de comer y beber. Es así como hoy recordaremos este importante mensaje donde nos habla del cuidado que debemos tener al hablar y dirigirnos a otros.

Colosenses 4:6 “Sea vuestra palabra siempre con gracia sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”. Este mensaje se encuentra dentro de una carta que el Apóstol Pablo escribió a sus fieles compañeros y seguidores para alentarlos a seguir comportándose lo mejor posible con sus hermanos en la Fe, pero sobre todo con aquellos que él llamaba “los de afuera”.

En realidad este mensaje Dios nos lo manda a todos nosotros. Hay que vivir en armonía con los hermanos y hermanas de la Fe, pues todos juntos somos el cuerpo de Cristo. Pero hay que ser aún más cuidadosos al dirigirnos a todos aquellos que no conocen ni aceptan a Dios. Hay que comportarnos con sabiduría con los de afuera, dice la Palabra.

La sabiduría sólo viene de Dios y hay que pedírsela cada día. En nuestras fuerzas humanas y usando nuestra prudencia no lograremos decir y hacer lo correcto. Debemos tomarnos varios segundos antes de contestar. De hecho, desde que sabemos que estaremos con personas de afuera, hay que orar para que sea Dios guiando en todo momento nuestro comportamiento y nuestras palabras.

Yo sé y como se los compartí al inicio de este texto, que hay cosas que en verdad son tan incongruentes o disparatadas que nos cuesta mucho trabajo decir algo bueno o no decir nada. Recordemos que la prudencia debe abundar en nosotros. El que gana la discusión no es el que habla a lo último, sino el que se queda callado. Esa persona que se calló fue el prudente y quien logró conciliar la paz.

Nuestras palabras deber ser siempre con gracia y  sazonadas con sal. Es decir, que sean palabras que bendigan y no maldigan, que edifiquen y no destruyan. Y si no tenemos nada bueno que decir, es mejor callar. Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio (Proverbios 17:28).

Ahora bien, para lograr que nuestras palabras están siempre llenas de bendición, debemos llenar nuestro corazón y mente de cosas buenas, dignas, justas, de buen nombre, etc. Es así como llegamos a este otro versículo que se relaciona mucho con el anterior y que se encuentra en un capítulo anterior.

Colosenses 3: 16 “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales”.

Aquí está la receta perfecta para lograr que salgan de nuestra boca cosas buenas. Entre más leamos la Palabra de Dios, más abundarán en nosotros palabras que serán de bendición para todo aquel al que nos dirijamos. Así también, manteniendo una estrecha relación con Dios a través de la oración. Alabándolo también en todo tiempo porque la letra de las alabanzas está basada en las Escrituras y son declaraciones muy poderosas que reafirman nuestra Fe a Dios. Alabemos siempre a Dios con todo nuestro corazón.

Los exhorto hoy y siempre a ser cada vez más prudentes y a pedirle siempre sabiduría a Dios para saber lo que tenemos que decir a cada persona. Si nos equivocamos hay que pedir perdón a Dios y a la persona a la que no le dijimos algo bueno. Cada día será una nueva oportunidad para hacerlo mejor.

Recordemos que tenemos que ser luz para todos aquellos que viven en oscuridad. No nos cansemos nunca de hacer el bien y hagámoslo sin esperar el reconocimiento de los humanos, sino el de Dios.

Que Dios los ilumine y los guíe siempre para que sus palabras llenen de amor y esperanza a todo aquel que se cruce en su camino.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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