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Fabiola Navarrete/Tu Tiempo Digital

Hola a todos,  deseo que todo el amor de Nuestro Padre sea derramado sobre ustedes y tengan una vida en donde abunde la justicia, la paz y el gozo.

Si Dios nos lo permite, el día de mañana estaremos celebrando Noche Buena y al día siguiente Navidad. Muchos de nosotros seremos afortunados, tendremos comida diferente en nuestra mesa, tendremos también a más de una persona a nuestro lado. Sin embargo, hay muchas personas que nos serán tan afortunadas.

Por eso hoy les pido que oremos por todas esas personas que van a estar hoy solos, que están quizás en un hospital, que han perdido a un ser querido, personas que están siendo maltratadas, que están en la cárcel, personas que están en la calle y que no van a tener con qué cubrirse del frío. En fin todos aquellos que estén pasando por una situación adversa. Hoy pedimos que el Señor use a uno de sus hijos o alguna de sus hijas para que su bendición también llegue a todos ellos.

Regresando a todos aquellos que vamos a ser afortunados en esta celebración, justo ahora el Señor ha puesto en mi corazón hablar sobre el versículo 35 del Capítulo 6 de Juan. Aquí encontramos un mensaje muy importante que el mismo Jesús nos dejó. Dice así “Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”.

Jesús dio este mensaje después de haber multiplicado los panes y los peces para cinco mil personas. Trataba de enseñarles que el pan que en verdad importa no es el físico, ya que las personas que habían sido testigos de este milagro, se estaban enfocando sólo en eso. De hecho en el versículo 27 ya les había dicho “Trabajad no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece”. Seguía reiterando que lo más importante era el alimento espiritual. Asimismo, les explicó que el maná que recibieron sus antepasados a través de Moisés fue enviado por Dios, pero seguía siendo un alimento físico. A todo esto ellos le preguntaron que cómo se recibía ese pan, a lo que Jesús contestó que se recibía a través de Él, del hijo de Dios. 

Hoy en día esto debe seguir siendo una prioridad en nuestra vida. Por lo general, le damos mayor importancia al alimento físico que le damos a nuestro cuerpo. Recordemos que nuestro ser está compuesto de Espíritu, Alma y Cuerpo. Lo que más debemos alimentar es nuestro Espíritu, para que entonces nuestra Alma está bien y por consiguiente nuestro Cuerpo. Es así como nuestro cuerpo podrá tener una salud inquebrantable y todo nuestro ser estará equilibrado. 

En cuanto al agua que Dios nos ofrece ya Jesús en Juan 4:14 en el pasaje de la mujer samaritana había dicho que él era esa fuente o manantial de agua de vida eterna. Sólo esa agua nos quitará la sed.

Si tú todos los días buscas tener una mayor intimidad con tu Creador, si te esmeras en leer su Palabra, y si además de eso tratas de llevar por obra lo que lees en la biblia, entonces podrás estar siempre saciado. Tendrás siempre de ese pan y esa agua de vida eterna y obtendrás beneficios para ti y para todos los que te rodean.

Si tú ya sabes cómo obtener ese alimento espiritual, síguelo haciendo y compártelo con aquellos que aún no lo han recibido. Hoy más que nunca les pido que antes de cenar y bendecir los alimentos, recuerden agradecer por todo lo que tienen. Cada detalle de esta creación en un lienzo del amor de Dios. 

No olvidemos que estamos festejando el Nacimiento de Jesús, quien vino a modelarnos el comportamiento y las cualidades que Dios espera de nosotros. Así también vino a consumar ese gran acto de amor que Dios tuvo al entregarnos a su único hijo. Jesús nos amó tanto que dio su vida por nosotros. Gracias Jesús. Te amamos!!!

Les deseo una muy Feliz Navidad y primero Dios los veo muy pronto.

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