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Fabiola Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola a todos, mi corazón se llena de gozo al estar aquí una vez más compartiendo otro valioso mensaje de nuestro Padre. En esta ocasión vamos a recordar unas palabras maravillosas que nos dejó Jesús y que se encuentran en el libro de Juan capítulo 15. 

Aquí Jesús nos dice que Él es la vid y su Padre el labrador. Todo pámpano que en Él no lleva fruto lo quitará y que aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Antes que nada veamos que es una vid y qué son los pámpanos.

La vid es una planta leñosa cuyo fruto es la uva y que es con la que se elabora el vino. Se suele afirmar que la vid es una mezcla de planta vivaz y un árbol frutal que cumple un ciclo anual de producción de frutos y que tiene un propio ciclo de vida.

El pámpano es la hoja de la vid. El fruto de la vid es la uva. Si la hoja de la vid, o sea el pámpano, no permanece en la vid, no puede llevar fruto. Lo mismo nos pasa a nosotros cuando no permanecemos cerca de Dios y es así como llegamos al versículo 5 en donde nos dice: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.

Debemos permanecer conectados a nuestra vid, a nuestro Creador, o como ya también lo hemos dicho en otras ocasiones, a nuestra Fuente. Sólo así podremos seguir recibiendo amor, paz, gozo, seguridad y prosperidad en todas las áreas de nuestra vida. De esa vid vamos a seguir recibiendo también el alimento espiritual para seguirnos nutriendo y para seguir recibiendo todas las bendiciones que Dios tiene para sus hijos.

¿Cómo seguimos conectados a nuestra vid?

-Manteniendo una estrecha relación con nuestro Padre a través de la oración. 

-Aprendiendo cada día más de su Palabra.

Tal como nos dice ya en el versículo 7 “Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”. ¡Que hermosa promesa!. Así como cada una de las promesas que encontramos en las Escrituras, también esta promesa está ligada a una condición. Lo que aquí se nos pide es seguir aprendiendo más cada día sobre la Palabra de Dios para saber lo que Él espera de nosotros.

Una persona que se desconecta de los afanes de la vida para aprender más de la Palabra de Dios será, sin duda, una persona que verá cómo todos esos anhelos de su corazón se realizan, siempre y cuando vayan de acuerdo a la Voluntad de Dios. Esas personas seguirán viendo como ese brazo de Dios se seguirá extendiendo a su favor. 

Así también Jesús nos sigue exhortando a permanecer en el amor del Padre y a guardar sus mandamientos. El mismo Jesús nos demostró cómo hacerlo. Fue nuestro Mesías quien logró que el amor del Padre y sus palabras permanecieran en él a pesar de haber sido tentado en todo y de haber soportado tanto dolor al morir por nosotros. Jesús se mantuvo firme hasta el final y logró que la Palabra de Dios se cumpliera.

Jesús también anhela que el gozo de Dios permanezca también siempre en nosotros. Nos reitera también lo que vimos en la emisión pasada sobre amarnos los unos a los otros. Además de todo esto, nos deja un regalo aún más hermoso al decirnos que nosotros no sólo somos siervos del Señor, pues el siervo no sabe lo que hace el amo, mas Él vino a decirnos todo lo que el Padre espera de nosotros, lo cual nos convierte en sus amigos. 

Jesús subió al cielo al tercer día y está sentado a la diestra del Padre intercediendo día y noche por nosotros. Quién mejor que él para demostrarnos lo que una verdadera amistad es.

Gracias Jesús, por elegirnos y por brindarnos tu amistad incondicional. Hoy sabemos que si permanecemos en el amor de Dios y guardamos sus mandamientos, no habrá cosa que le pidamos en tu nombre y que Él no nos conceda.

Les amo, les abrazo y los veo muy pronto.

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