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Faby Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hoy me encuentro sumamente agradecida por todo lo que Dios sigue haciendo en nuestra vida lo cual, nos permite comprobar cada día más que es Él quien nos sacará de cualquier situación y que su Fidelidad es infinita.

Han sido días llenos de un gran aprendizaje de manera personal. La verdad que Dios no se cansa de mostrarnos que hay todavía muchas áreas en las que debemos seguir trabajando y con amor y paciencia nos ayuda a seguir aprendiendo más de todo esto en lo que debemos mejorar. Dios nos ama con amor inagotable y con mucho amor nos sigue moldeando.

Si alguien supo lo que es sentirme acorralado y agobiado ese fue el Rey David, quien tuvo que atravesar por situaciones en verdad difíciles durante varias etapas de su vida. Antes de ser rey tuvo que enfrentar la persecución de su antecesor el Rey Saúl, quien lo estuvo persiguiendo por mucho tiempo.

En el Salmo 142 se encuentran unas palabras  que David le dijo a Dios estando totalmente desesperado y afligido.  Se encontraba escondido en la cueva de Adulam. Este nombre significa refugio, pero en realidad no era este lugar el que le daría protección, su refugio lo tenía que encontrar en el Señor y fue justo eso lo que hizo.

Así es como inicia el Salmo 142: “Clamo al Señor, ruego la misericordia del Señor. Expongo mis quejas delante de él y le cuento todo mis problemas. Cuando me siento agobiado, solo tú sabes qué camino debo tomar”. Esto es de la Nueva Traducción Viviente.

Aquí encontramos el verbo clamar que significa orar sacando los sentimientos más profundos de nuestro alma, es una oración con llanto o sollozo que se hace con un corazón contrito y humillado. Es decirle a Nuestro Padre, “ya no puedo más”, es reconocer nuestra fragilidad humana y pedirle ayuda. Es encender el botón rojo de “emergencia” para que el Señor corra a nuestro auxilio.

En lo particular, a mí me tomó un poco de tiempo orar de esta manera, porque yo como hija de Dios, me sentía siempre con la responsabilidad de mostrarme fuerte ante mi Padre y no permitía que todos estos sentimientos salieran. Pero comprendí que para Dios yo soy la niña de sus ojos y un vaso frágil. Él sabe que yo no puedo sola con todas las situaciones a las que me enfrento. Como cualquier padre terrenal, Dios espera que le pidamos ayuda cuando estamos desesperados y estará siempre dispuesto a darnos su ayuda. Recordemos que el Poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad como nos dice 2 Corintios 12:9.

Cuando nosotros clamamos a Dios muchas veces recibimos una respuesta más rápida y sorprendente. Así también, este clamor es una excelente oportunidad para mostrar a los demás que tenemos un Dios Fiel que nos rescatará de cualquier problema que enfrentemos. Si mientras estamos en esa prueba decimos a los que nos rodean: “yo seguiré clamando y sé que Dios me responderá”, cuando llegue la respuesta de Dios, ellos también serán sorprendidos. Es aquí cuando Dios logra glorificarse en nuestra vida y alcanzar a muchas más almas. Habrá personas que no lo reconocerán públicamente, o quizás encuentren otras explicaciones, pero sabemos que en el fondo les quedará sembrada esa semilla que, a su debido tiempo, dará fruto.

Al estar en esta cueva David reconocía que nadie más lo podía rescatar ni ayudar y que si él sólo confiara en los humanos, estaría completamente perdido y es entonces cuando dice en el versículo 5: “Tu eres mi lugar de refugio. En verdad, eres todo lo que quiero en la vida”.

Es justo eso lo que debemos decirle a Dios cuando sentimos que ya no podemos más. “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en la tribulación”, Salmos 46:1. Clamemos al Señor cuando nos sintamos agobiados y veremos cómo su Poder se activará de una manera impresionante.

Termino con esta otra cita en donde la Palabra nos recuerda todo lo que Dios es para nosotros. Salmos 18:2; “Tú eres mi protector, mi lugar de refugio, mi libertador, mi Dios, la roca que me protege, mi escudo, el poder que me salva, mi más alto escondite”.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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