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Fabiola Navarrete/Tu Tiempo Digital

Hola a todos, protegida y segura me siento al estar bajo la sombra del Omnipotente. Pido a Nuestro Padre que guarde todos sus caminos y derrame bendiciones infinitas sobre cada uno de ustedes.

Me siento muy feliz al compartir este mensaje que Dios ha puesto en mi corazón y que les motivará a seguir aprendiendo más de ese infinito amor que Dios nos tiene y de cómo podemos lograr que su bendición nos acompañe en todo momento.

Constantemente le digo a mi hijo lo afortunado que es al haber conocido de Dios a temprana edad. Dios llega a todos nosotros en el momento indicado pero hoy estudiaremos un mensaje en donde el Señor nos dice que es bueno buscarlo cuando somos jóvenes.

En Eclesiastés 12:1 dice: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: “No tengo en ellos contentamiento”.

Al decir “Acuérdate de tu creador” no significa que pensemos en Dios de vez en cuando y sólo cuando estamos en problemas. A lo que se refiere, es a mantener una relación con Él, caminar con Él, descubrirle y aprender cada vez más de Él.

Cuando somos jóvenes tenemos mucha mayor capacidad para adaptarnos a los cambios y por esta razón será más fácil que hagamos modificaciones de nuestros hábitos o conductas y hagamos sólo aquellas que vayan de acuerdo a lo que a Dios le agrada. A esta edad no nos representará tanto sacrificio y estaremos más abiertos al cambio.

Sin embargo, los jóvenes también son más atrabancados, se sienten invencibles y hacen muchas cosas sin pensar en las consecuencias. Es por eso que desde pequeños debemos inculcarles ese temor a Dios que no debe ser el miedo al castigo, sino el respeto y honra que se le tiene a Dios, lo cual nos apartará de los malos caminos. Recordemos que el temor a Dios es el principio de la sabiduría (Proverbios 1:7).

Por otra parte, los adultos podemos ser un poco más mesurados al tomar decisiones y no nos llama ya tanto la atención hacer cosas nuevas que parezcan peligrosas, aunque hay sus excepciones. Pero aun así cuando un adulto no tiene una verdadera relación con Dios, no comprende el temor de Dios y puede tomar decisiones equivocadas por orgullo, soberbia, por creer que él todo lo sabe. Al hacer esto, se perjudica no sólo él mismo sino que lastima a las personas que lo rodean.

Los días malos viene siendo esa etapa que vivimos cuando somos adultos en donde ya no todo lo que hacemos lo disfrutamos. Cuando la mayor parte de nuestro tiempo la dedicamos a trabajar y asumir muchas responsabilidades. Esa etapa en donde ya no tenemos tanto tiempo para nosotros mismos y para disfrutar de nuestra familia o de las cosas que nos gusta hacer. Pues es ahí cuando se dificulta aún más buscar a Dios. Los afanes de la vida nos absorben y le dedicamos ya casi nada de tiempo al Señor.

Las tentaciones de este mundo están a la orden del día tanto para jóvenes como adultos. Los primeros son tentados de una manera y los segundo de otra. En la juventud hay sed por descubrir cosas nuevas y en la adultez hay mucha soberbia, necedad y poca apertura al cambio. Tristemente hay personas adultas sobre todo en la tercera edad, que suelen decir que ellos ya así se quedarán porque ya no tiene caso que cambien.

Así que, tanto para unos como para otros, lo único que en verdad logrará que resistamos estas tentaciones y caigamos en pecado, es el temor de Dios. Para hacer que este temor de Dios se active en nuestra vida debemos mantener una estrecha relación con Dios, leer su Palabra y sobre todo, llevarla por obra.

Terminamos con esta cita en donde esclarece lo anterior. Eclesiastés 12:13-14 “Teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”.

Sea cual sea tu edad, hoy es momento de que te tomes de la mano de Dios que es la única que nunca te soltará. Teme a Dios para que permanezcas apartado de los malos caminos y para que las bendiciones de Dios sigan siendo derramadas sobre ti y los tuyos de manera abundante.

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