Faby Navarrete, Tu Tiempo Digital
Hola a todos, con un corazón agradecido y lleno de paz les saludo en esta ocasión. Pido al Señor que siga extendiendo su brazo de favor hacia todos ustedes para que se sientan amados y protegidos en todo momento.
En un mundo en donde todos vivimos tan acelerados y llenos de stress, resulta muy importante recordar una y otra vez lo que Dios nos pide y que se encuentra en su Palabra. Esta vez estudiaremos un mensaje que se encuentra en el Libro de Filipenses Capítulo 4.
Como ya muchos de nosotros lo sabemos, Dios es el único que se puede llevar nuestra ansiedad y convertirla en paz y gozo. Hoy leeremos dos versículos de Filipenses 4 en donde muy claramente el Señor nos recuerda que no debemos vivir con preocupación ante nada de lo que se presente en nuestras vidas.
Filipenses 4:6 “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios con toda oración y ruego, con acción de gracias”. Así de claro es Nuestro Padre con sus mensajes. No hay nada en este mundo que nos deba preocupar porque Dios es experto en resolver cualquier problema, revertir cualquier situación y quitar cualquier dolor, sea físico o espiritual. Aún el dolor que se siente al perder a un ser querido, Dios lo sana.
Alguien afanoso es quien trabaja mucho y de manera constante y aplicada. Es sinónimo de diligente, apresurado. Ser trabajador y diligente no está nada mal, pero cuando se lleva a un exceso es ahí cuando ya se convierte en algo que nos controla y nos hace vivir con stress. Si lo único en lo que pensamos en eso, y ya no disfrutamos las demás cosas que hacemos, es ahí cuando estamos ya en problemas serios.
En ocasiones no se trata necesariamente de alguna actividad o trabajo que estamos haciendo, sino de algún problema que traemos en la mente y que no nos deja ni dormir. Seguimos dándole vueltas a lo mismo y nos llenamos de ansiedad. Al estar así lo único que pasa es que se nos nubla la mente y no podemos ver con claridad que el panorama puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Dejamos de confiar en las promesas de Dios y perdemos nuestra paz.
Continuando con lo que dice este versículo, nos dice que le expongamos a Dios nuestras peticiones a través de la oración que es la manera en la que nos podemos comunicar con Nuestro Padre. Luego dice algo sumamente importante: ser agradecidos en todo momento. Al tener una actitud de agradecimiento dejamos de ver sólo lo malo y recuperamos el gozo. Veremos las cosas de mejor manera y tomaremos mejores decisiones.
En el siguiente versículo viene ya lo que obtendremos después de hacer todo lo anterior. Filipenses 4:7 “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.
Es Dios quien derramará de su paz sobre todos nosotros porque Él anhela que vivamos en plenitud de gozo y sin ningún tipo de ansiedad. Es difícil explicar con palabras “este tipo de paz” pero los que ya la hemos sentido, sabemos que es algo que el entendimiento humano no es capaz de comprender.
Tal como un padre terrenal anhela abrazar a su hijo cuando se entera de que la está pasando mal, igual Papá Dios quiere venir corriendo a darnos un abrazo y a consolarnos cuando sabe que estamos tristes o agobiados.
Quizás aún no eres padre o madre, pero estoy segura que como hijo o hija has experimentado ese comportamiento en tus padres. Si te encuentras lejos físicamente de ellos, estoy seguro que has visto como han hecho todo lo posible por hacerte ver que están ahí contigo y que te ayudarán en todo lo que puedan. Si los padres terrenales hacen eso por sus hijos, cuanto más ese Padre que nos ama con un amor inagotable e incondicional.
El Señor está a tan solo una oración de distancia de nosotros. Así que cada vez que algo te agobie, no dudes en ir ante Él y exponerle tu situación para que sea Él quien derrame de su paz sobre ti y te ayude a salir de cualquier situación. No vayas a pedir ayuda a los demás, pues nadie, en su condición de humano podrá darte lo que Dios te dará. Acude a Dios en todo momento y verás que la situación cambiará de manera impresionante y que tú te sentirás tranquilo, tus fuerzas se renovarán y verás todo de manera muy diferente después de entrar en comunión con Él.
Si la paz de Dios guarda nuestros corazones y pensamientos, quiere decir que nuestros sentimientos y nuestros pensamientos estarán alienados, lo cual significa que se pondrán de acuerdo y tomarán las mejores decisiones. Al tener el corazón y la mente alineados, estaremos también en un mismo sentir con la Voluntad de Dios y esto es algo hermoso. Pediremos cosas que serán las mismas que Dios quiere para nosotros y comprobaremos día a día que la voluntad de Dios es, en verdad, lo mejor para nuestra vida.
Pido a Dios que ustedes y Él estén siempre conectados y que juntos caminen siempre de la mano. No se olviden de amar la ley de Dios para que tengan mucha paz y para que no haya tropiezo en sus vidas (Salmos 119:165).
Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.










































