Faby Navarrete/ Tu Tiempo Digital
Hola a todos más que cobijada me siento en los brazos de mi Padre Celestial y pido que cada uno de ustedes encuentren en Él también esa protección, paz, fortaleza y tranquilidad.
Hoy el Señor ha puesto en mi corazón un mensaje que a todos nos va a dar aliento y renovará nuestras fuerzas para seguir corriendo la verdadera carrera y la única que en verdad vale la pena correr. Esta es la del supremos llamamiento que todos tenemos en Cristo Jesús y que es cumplir con ese Propósito de vida que Dios nos dio desde que nacimos.
Es muy humano sentirnos desanimados y más todavía al ver este panorama mundial que no pinta nada bien. Así también en nuestra vida personal es lógico que tendamos a desanimarnos al ver que aparentemente nada cambia y no llegan esas cosas que le hemos pedido al Señor.
El mensaje de hoy nos recuerda lo especial que somos por haber sido escogidos por Dios y también lo seguro que debemos sentirnos al saber que el Señor sí cumple sus promesas y que, si estamos haciendo las cosas como Él nos pide, nada impedirá que recibamos todo eso que hemos esperado.
En Deuteronomio Capítulo 7 nos recuerda primero que el pueblo de Israel fue escogido no por ser una nación grande y poderosa, sino por ser justo lo contrario. Dios también los escogió para cumplir con esa promesa que le había hecho a los antepasados de este ese pueblo. Eso mismo hace con nosotros. Sin importar la condición en la que nos encontremos, una vez que Dios entra en nuestra vida, nos perdona, nos limpia y hace cosas maravillosas con nosotros. Dios toma lo más vil y menospreciado y lo convierte en una obra maravillosa.
En Deuteronomio 7:9 dice “Reconoce, por lo tanto, que el Señor tu Dios es verdaderamente Dios Fiel, quien cumple su pacto por mil generaciones y derrama su amor inagotable sobre quienes lo aman y obedecen sus mandatos”.
Dios es el único que no nos fallará porque es el mismo ayer, hoy y siempre. En Dios si podemos poner nuestras más altas expectativas. Por si fuera poco, Dios no sólo nos ama y cumple sus promesas sino que además su pacto alcanza hasta mil de nuestras generaciones. Su amor es inagotable así que nunca se cansará de seguirnos mostrando de distintas maneras cuánto nos ama y cuánto se preocupa por nosotros. Si nos caemos estará ahí esperando que le pidamos ayuda para levantarnos y nos dará su mano para que juntos retomemos de nuevo el buen camino.
Ahora bien, aquí en este versículo se encuentra una palabra clave de la que ya hemos hablado en varias ocasiones. La “obediencia” que significa la acción de acatar la voluntad de la persona que manda o da una orden. Aquí nos dice claramente que el amor de Dios será derramado sobre aquellos que lo aman y obedecen sus mandamientos. Sabemos que el verdadero amor a Dios se demuestra al honrarlo no sólo de labios, sino sobre todo con nuestros actos, lo que va de la mano con el obedecer sus mandamientos. Quien respeta los estatutos de Dios hará siempre cosas que le agraden a Él.
Cuando ya hemos visto que Dios tiene lo mejor para nosotros y reconocemos que la Voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta, no tenemos ya por qué estar en rebeldía y querer hacer lo que “según” nosotros en mejor. Ahí es cuando nos dejamos caer a sus brazos como un niño que se avienta sabiendo que su papá lo sostendrá. Es ahí cuando cosas maravillosas ocurren y cuando vemos ese derramar de bendiciones en nuestra vida.
¿Cuáles son estas bendiciones que Dios tiene para sus hijos?
Deuteronomio 7:13: “Y te amará y te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril ni en tus ganados”.
Dios quiere que prosperemos en todas las áreas de nuestra vida y que tengamos una vida plena y además también nos promete que estaremos sanos y que será Él quien se encarga de todos aquellos que quieran levantarse en nuestra contra. Deuteronomio 7:15 “El Señor te protegerá de cualquier enfermedad. No dejará que sufras las enfermedades terribles que conociste en Egipto; en cambio ¡se las enviará a todos tus enemigos!.
Sólo Dios nos puede sanar de cualquier enfermedad y si no estamos enfermos, nos mantiene saludables. Recordemos que es Dios el único que puede y debe hacer la justicia. Es Él quien pelea nuestras batallas y será quien nos defienda. Porque suya es la misericordia y Él paga al hombre conforme a sus obras (Salmos 62:12).
Gracias Señor por todas estas bendiciones que tienes para nosotros. Danos sabiduría y abre nuestro entendimiento para poder seguir aprendiendo de tu Palabra y para cumplir con tus decretos y que logremos así, con cada uno de nuestros actos, demostrarte lo mucho que te amamos.










































