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Fabiola Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola a todos, con mi corazón y mi alma llenos de paz me encuentro hoy y pido al Señor que derrame esa misma paz sobre todos ustedes para que sientan esa serenidad y tranquilidad que sólo Dios nos puede dar.

Es muy importante que hoy recordemos poner más atención en las cosas del cielo y no en las cosas de la tierra. Vivimos en este mundo y es comprensible que de repente nos dejemos llevar por todo lo que aquí vemos. Tratemos de no dejarnos llevar por la corriente y recordemos lo que Dios nos pide que hagamos y que está en su Palabra. Hoy recordaremos un mensaje que Dios nos dejó en Colosenses Capítulo 3.

Aunque los valores y principios parecen estar olvidados, no debemos permitir que en nosotros permanezcan sentimientos tan dañinos como la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia, ni que salgan de nuestra boca palabras deshonestas. (Colosenses 3:8). Así también, no debemos mentir más para que no volvamos a ser las personas de antes. (Colosenses 3:9).

Es verdad que al convivir con personas que hacen todo lo anterior podemos caer en estas mismas cosas, pero si mantenemos nuestro espíritu fortalecido, tendremos la oportunidad de ser luz para todas estas personas. Es muy gratificante ver o escuchar como esas mismas personas se sorprenden de nuestro actuar y hasta nos piden de repente que les mostremos como ser así también.

Continuando con la enseñanza de hoy, el versículo clave es Colosenses 3:12-13 “Vestíos, pues como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros si alguno tuviera algo contra otro”. De la misma manera os perdonó, así también hacedlo vosotros”.

Este versículo nos recuerda el tipo de comportamiento que debemos tener en nuestra vida una vez que decidimos caminar de la mano del Señor. Empieza recordándonos algo sumamente importante que es, que somos escogidos por Dios. Así es, Dios nos amó primero y Él nos escogió. Somos pueblo santo, real sacerdocio, somos sus amados y eso es un verdadero privilegio.

Después nos dice que debemos practicar la misericordia, la compasión, la humildad, la bondad, la mansedumbre y la paciencia. Todas estas cualidades viven en nosotros pero debemos desarrollarlas y llevarlas a la práctica. Jesús es quien nos vino a mostrar cómo llevar a cabo todas estas cualidades también llamadas frutos del Espíritu (Gálatas 5:22-23).

Tratemos de intentar cumplir con estas cualidades y no digamos que Jesús lo podo hacer porque era hijo de Dios, pues él cuando hizo todo esto se encontraba en su condición de hombre. Dejemos de poner pretextos para actuar como Nuestro Padre nos pide y busquemos que sean estas cualidades las que nos hagan sobresalir en cada grupo al que pertenecemos.

Ahora bien, es importante destacar que se debe ser misericordioso y bondadoso no sólo con los que nos aman y nos tratan bien, sino aún más con los que nos lastimaron alguna vez. Ahí en el versículo que estamos estudiando hoy recalca que debemos perdonar a los que nos ofenden tal como Jesús nos perdonó a nosotros.

Todo el Capítulo 3 de Colosenses está lleno de muy prácticos consejos. Ya de manera más específica a partir del versículo 18 y hasta el 23 nos habla de cómo debemos comportarnos las esposa, los esposos, los hijos y los empleados.

Esposas, deben sujetarse a su esposo, es decir, obedecerlo y respetarlo. Pero a su vez, les dice a los esposos, que deben también respetar a sus esposas y tratarla como un vaso frágil. A los hijos les pide que sean obedientes con sus padres y a los padres que nos exasperen a sus hijos. Que cumplan su labor de disciplinarlos pero siempre en amor.

Después habla de los siervos que deben obedecer y respetar a los amos y esto aplica a nosotros cuando somos empleados, pues debemos respetar a las autoridades terrenales. Si tú no tienes jefes inmediatos o eres dueño de tu negocio debes también tratar bien a tus empleados para merecerte ese respeto de ellos.

Debemos de hacer cada cosa con la mejor actitud, y con amor porque así es como obtendremos el mejor resultado. No se deben hacer bien las cosas sólo para agradar al ojo humano. Esto aplica a cuando el jefe está presente y todos se comportan bien pero en cuando se va todos hacen lo que quieren. Debemos hacer las cosas pensando que es Dios quien nos ve y que es a Él a quien buscamos agradar.

Es así como llegamos a los versículos 23 y 24 que ya hemos repetido en otras ocasiones donde nos dice que hagamos las cosas con amor como para Dios y no para los hombres, porque de Él recibiremos la recompensa de la herencia, porque es a Cristo el Señor a quien servimos.

Yo pido a Dios en este día, que nos esforcemos cada día por hacer todo con amor y por ser unos dignos hijos de Dios, misericordiosos, buenos, humildes, mansos y pacientes para que podamos convivir en paz y armonía con nuestro prójimo.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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