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Faby Navarrete/Tu Tiempo Digital

Hola a todos, más que agradecida me encuentro hoy de poder dirigirme a todos ustedes una vez más. Pido al Señor que derrame de su paz sobre todos ustedes y que los colme de bendiciones infinitas.

En varias ocasiones hemos hablado ya sobre la humildad, que es una de las cualidades que de manera reiterativa, Dios nos pide que practiquemos. Fue Jesús quien de manera excelente nos vino a enseñar cómo ser humildes.

Ser humilde tiene muchas ventajas, y uno de las más importantes es que al lograr humillarnos ante Nuestro Padre Celestial, logramos entrar en una verdadera comunión con él. Es entonces cuando Él puede derramar su paz sobre nosotros y puede dotarnos de la fortaleza necesaria para atravesar cualquier situación. Así también, será su voz la que nos guíe en todo momento para poder tomar las mejores decisiones. Quien logra hacer esto ya tiene la mitad del camino recorrido, porque ser humildes es imposible sin la ayuda de Dios.

Hoy en día parece que nadie quiere ser humilde. Humildad es sinónimo de modestia. Es ya cada vez más raro encontrar personas modestas. La mayoría lo que hace es sólo alardear de sus capacidades, talentos, logros o de las cosas que posee. En las redes sociales muchas personas compiten al publicar fotos de los lugares que visitan o las cosas divertidas que hacen, e incluso lo que comen. Todo parece ser una competencia, en lugar de ser un trabajo en equipo en donde estemos al pendiente de los otros y ayudemos a que cada uno logre sus sueños.

La Palabra de Dios nos dice que debemos considerar a los demás como superiores a nosotros y que debemos procurar hacer todo con humildad. (Filipenses 2:3). Con esto no queremos decir que vamos a dejar que nos pisoteen los demás, pero sí hay que ser siempre los prudentes, los que no ofenden con sus palabras, los que piden perdón primero y los que conciliarán siempre la paz.

Una vez haciendo todas estas cosas y si la otra persona sigue enojada o con mala actitud ahí es donde hay que mostrar nuestra autoridad como hijos de Dios y dejar ya de buscar a esas persona. Dios verá que nosotros hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos para restaurar esa relación y alejará a esa persona de nosotros, o bien, será Él quien seguirá ablandando su corazón para traerla quizás a nuestra vida de nuevo pero cuando ya esa persona esté transformada. Lo único que nunca debemos dejar de hacer es orar por todas esas personas.

Hoy vamos a recordar un mensaje muy alentador que a mí se me viene a la mente cada vez que me cuesta trabajo reaccionar con humildad. Proverbios 22:4 “Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor a Dios”.

Que bendición saber que la humildad que demostremos en esta vida, será recompensada aquí mismo y también cuando disfrutemos de vida eterna. Así que, no nos cansemos de intentar cada día ser mansos y tener un corazón humilde como Jesús. Alguien manso es una persona apacible que goza de un carácter enseñable. Es una persona que siempre buscará y agradecerá aprender de los demás.

Las personas que creen que todo lo saben y que quieren ser siempre el centro de atención, no son para nada mansos, son soberbios y arrogantes. Estas personas difícilmente podrán aceptar sus errores y querrán siempre ganar la discusión. Tampoco podrán acercarse a Dios porque sólo los humildes de corazón podrán ser perdonados por Dios y entablarán una relación con Él.

Es justo por eso que a veces nos tienen que suceder cosas difíciles para que reconozcamos que nada somos y que todo se lo debemos a Dios. Es en esos momentos cuando por fin dejamos de pensar que todo lo que teníamos era porque no lo merecíamos por ser tan talentosos, inteligentes o buenos. Cuando perdemos muchas cosas es cuando volteamos a ver a Dios con humildad y es justo ahí cuando Él nos levanta de una manera increíble.

En cuanto al temor a Dios, como ya lo hemos dicho en anteriores ocasiones, no es vivir con el miedo a ser castigados por Él, sino el buscar honrarle y respetarle con cada cosa que decimos o que hacemos. Es buscar comportarnos siempre de la manera correcta tanto cuando nos ven como cuando no nos ven porque al que buscamos agradar es a Dios y no a los hombres.

Quien se comporta con humildad será una persona que sólo hablará cosas que serán de bendición para otros. Su pensar, su hablar y su actuar tendrán congruencia y al hacerlo, logrará que otros quieran ser así. Estará mostrando el carácter de Jesús y será luz a donde quiera que vaya.

Por si todo lo anterior no fueran ya suficientes ventajas que tiene el ser humildes, todavía hay otro regalo especial a la humildad. Proverbios 22: 11 “El que ama la limpieza de corazón, por la gracia de sus labios tendrá la amistad del rey”. Seremos personas portadoras de la gracia de Dios y llevaremos amor a todos aquellos que aún no le conocen. Podremos ser no sólo hijos, sino amigos de Dios.

Te pedimos Señor que nos ayudes a ser humildes en cualquier situación que afrontemos y que te honremos con cada una de las cosas que hagamos. Tus amigos por siempre queremos ser!!!!.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto.

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