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Hola a todos, convencida de que nadie podrá arrebatarme de la mano de mi Padre Celestial les saludo hoy y oro para que ustedes puedan tener también esa certeza y nada de lo que enfrenten en este mundo, los haga sentir desprotegidos.

En esta ocasión, el Señor ha puesto en mi corazón un mensaje muy aleccionador que no dejó Dios a través del apóstol Pablo y que encontramos en Hebreos Capítulo 12. Aquí Dios nos recuerda que debemos permanecer apartados del pecado y seguir hacia adelante corriendo con paciencia esta carrera cuya meta debe ser Jesús.

Si nosotros mantenemos fija la vista en Jesús durante todo el recorrido, será más fácil que no nos desviemos ni a derecha ni a izquierda. Él estará ahí siempre listo para animarnos y para interceder siempre por nosotros.

Hebreos 12:2 “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la Fe, el cual por el gozo puesto delante de él, sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

Este versículo nos recuerda cosas muy importantes que de repente se nos olvidan. Jesús con su propio ejemplo nos enseñó lo que la Fe inquebrantable y la obediencia pueden lograr. El Mesías hizo todo esto desde su condición humana y es por eso que también tuvo momentos en que pensó que no podría seguir corriendo esa carrera que su Padre le había pedido.

En Mateo 26:39 Jesús le dice a su Padre: “Si es posible, pasa de mi esta copa”. Esto lo pidió justo antes de que lo fueran a arrestar. Sin embargo, terminó su oración diciendo que se hiciera la Voluntad de Dios.

Jesús aceptó que la voluntad de su Padre era que siguiera todo lo que debía pasar para que se cumpliera su Palabra. Así fue como Nuestro Redentor recibió esa fortaleza que sólo Dios nos puede dar para soportar todo tipo de maltrato físico y vituperación y terminar con su muerte en la cruz. 

Jesús menospreció el oprobio que significa “ofensa”. Yo sé que todos pasamos por situación muy difíciles y no debemos minimizar los problemas de nadie. Pero dudo mucho que alguno de nosotros haya pasado por todo este tipo de vituperación de la cual Jesús fue objeto. Aun así, claro que duele mucho que nos lastimen y más todavía cuando nos ofenden las personas que más amamos.

Cada vez que nos cueste trabajo perdonar las ofensas que nos hacen, imaginemos a Jesús en la cruz pidiendo a su Padre que perdone a los que le agreden porque no saben lo que hacen. Jesús mantuvo siempre la vista fija en su Padre y cumplió con su Propósito para después recibir su gran recompensa de resucitar y sentarse a la diestra del Padre.

Así también nosotros hoy en día podemos seguir viendo como Dios nos da infinitas bendiciones cuando somos obedientes. El camino de la obediencia no es fácil pero ahí tendremos a Dios, a Jesús y al Espíritu Santo para animarnos en todo momento. Vamos a recordar siempre que nuestra mejor manera de demostrar a Dios nuestro amor, es haciendo lo que a Él le agrada. Aceptemos, así como Jesús lo hizo, la Voluntad de Dios en cada situación de nuestra vida. 

Después, dentro de este mismo Capítulo, se encuentra otro versículo en donde Dios nos recuerda que nos debe disciplinar, así como un padre terrenal corrige a su hijo querido (Proverbios 3:12). Hebreos 12:5 “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama disciplina”. El amor verdadero de un padre hacia un hijo es aquel que formará buenas personas y no aquel que se dedica sólo a consentir y solapar todo lo que los hijos hacen.

De la misma forma que Dios derrama su inagotable amor sobre nosotros, así también nos reprende cuando es necesario. Nadie más que Él quiere seamos hombre y mujeres de bien que andemos por los buenos caminos para que recojamos una muy buena cosecha, a su debido tiempo.

Ser un hijo de Dios tiene privilegios pero también obligaciones. No podemos sólo querer recibir los beneficios y no aceptar la parte de la reprensión que es la que nos convertirá en mejores personas. Aceptemos la corrección de Nuestro Padre y veremos cómo Él sigue derramando bendiciones ilimitadas sobre todos nosotros.

Les amo, les abrazo y primero Dios los veo muy pronto. 

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