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Faby Navarrete/ Tu Tiempo Digital

Hola a todos, con mi alma totalmente reconfortada por el Señor me dirijo en esta ocasión a todos ustedes pidiendo en todo momento que sea Dios cubriendo todas sus necesidades y también cumpliendo todos los anhelos de su corazón.

Estas últimas semanas me he sentido muy “apapachada” por Dios y eso me llena de infinito gozo y agradecimiento. Al iniciar el verano, entré en un período de prueba en el área profesional que se reflejaría en mi economía. Sin embargo, el brazo de favor de Dios se extendió sobre mí. De manera impresionante el dinero me rindió más y el Señor me fue también abriendo otras puertas.

Dios en Fiel con nosotros, pero nosotros, de manera muy fácil, lo cambiamos por las cosas que hay en este mundo y que de repente, nos parecen más atractivas. Cuando todo marcha bien, decimos que es Dios quien nos bendijo por ser tan buenas personas, pero la verdadera fidelidad a Dios se debe demostrar cuando estamos atravesando situaciones adversas.

En cuanto el panorama se torna un poco gris, de repente se nos nubla la vista, nos desenfocamos de las cosas importantes y soltamos muchas veces territorios que Dios ya nos había dado. Empezamos a escuchar consejos de personas que no pueden darnos un buen consejo porque reaccionan visceralmente y porque normalmente sólo se ponen de nuestra parte y se enojan con la persona o personas que nos ofendieron.

El único y verdadero consejo viene de Dios. Sólo Él conoce las dos versiones de la historia y también sólo Él sabe que muchas situaciones suceden para beneficiarnos, pero en su momento nosotros no logramos verlo. Al atravesar yo por esta situación, me sentí decepcionada porque en verdad yo valoraba mucho mi trabajo y ahí es donde Dios me colocó, no lo escogí yo, el Señor me puso ahí. Fue justo por eso que sentí muy feo cuando de un de repente todo cambió y parecía que me querían despedir, todo lo que yo hacía era tomado a mal.

Tuve muchas ganas de actuar mal y defenderme , pero recordé que es Dios quien pelea mis batallas. Seguí asistiendo y dando cada día lo mejor de mí y si me atacaban me quedaba callada. Me alegré de los momentos libres que tendría ahora que estaría menos horas en mí trabajo, y tomé todo de la mejor manera. Declaré que el dinero me rendiría y así fue. No fueron muchas horas de descanso porque también se me abrieron puertas en otros lados y supe siempre que era Dios. Oré en todo momento por las personas que cambiaron su actitud hacia mí y tomaron decisiones sobre mi posición y horas de trabajo. En todo momento repetía: Señor, si este trabajo en verdad tú me lo diste y quieres que siga ahí, entonces ninguna calumnia prosperará en mi contra y yo regresaré al lugar que me corresponde. Pero si por algo me quieres mover de ahí, también lo acepto y sé que cosas mejores vendrán. Justo hace unos días todo cambió de nuevo para bien, la verdad salió a la luz y mi comportamiento en ese lugar fue reconocido. Dios me exaltó!!!.

Es por eso que en el mensaje de hoy recordaremos lo que Dios, a través del apóstol Pablo nos recuerda en Filipenses 2:14 “Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos hijos de Dios, sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandeceréis como luminares en el mundo”.

La murmuración es un pecado grave que nos aparta de Dios. No debemos participar de ninguna conversación en donde se hable de alguien que no está presente. De repente, somos partícipes de este tipo de plática porque queremos ser aceptados en ese grupo. A veces, murmuramos cuando estamos contando algo que pasó y nos excusamos diciendo que son hechos que estamos narrando, sin embargo, al hacerlo, añadimos adjetivos calificativos a las personas que nos ofendieron, y de manera automática, manchamos su reputación. Mucho cuidado con lo que andamos contando, porque como ya dije anteriormente, el que conoce bien las dos versiones de un hecho es Dios. Nadie más podrá tener una posición imparcial de la situación que estamos viviendo.

Ahora bien, contender es algo muy malo también. Debemos ante todo, ser tolerantes y respetuosos. Cada persona tiene derecho a tener sus propias opiniones. Ni por la Palabra de Dios hay que contender. Hemos sido llamados a conciliar la paz. Practiquemos la prudencia y guardemos silencio cuando sea debido. El que habla a lo último no es quien en verdad gana la discusión. Dejemos que ellos piensen que lo hicieron y esperemos que sea Dios quien nos de la victoria, a su debido tiempo. Recordemos que ante todo, no somos lo que decimos, sino lo que hacemos, así que cada persona por sus frutos será conocida.

Sé que parece una tarea imposible de lograr porque todos queremos reaccionar visceralmente cuando alguien nos confronta. Sin embargo, Dios está siempre ahí para ayudarnos. Pidamos siempre sabiduría para saber que decir y hacer al estar en una plática que se quiera tornar en discusión. Tenemos también otra muy buena herramienta para lograr mantenernos como personas prudentes y para tener un comportamiento intachable. Esa herramienta es la Palabra de Dios.

Entre más more la Palabra de Dios en nuestra mente, en nuestro corazón y además entre más la llevemos por obra, mejor preparados estaremos para vencer los dardos del Enemigo. Estamos viviendo unos tiempos difíciles en donde se le dice bueno a lo malo y donde ya todo es “permitido”. Vamos a esforzarnos por ser de esos pocos que actúan diferente y que quieren marcar la diferencia.

Justo en este mismo Capítulo 2 de Filipenses nos recuerdan la importancia de usar la Palabra de Dios como la mejor espada para defendernos. Filipenses 2:16 “Asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo, yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado”.

Así que, recordemos siempre que sí podemos ser diferentes y que Dios espera eso de su sus valientes guerreros. Deseo que el Señor produzca en ustedes el querer como el hacer lo que Él nos manda y que viene muy bien detallado en su Palabra.

Les amo, les  abrazo y primero Dios, los ve muy pronto.

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